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Se ensancha la palabra entre libros y música

Cacho González Vedoya, el poeta de Itatí presentó su más reciente libro “La palabra clara”, en el marco de la 5ª Feria del Libro de la localidad. Además, hubo ronda de lecturas, Gabriela Cabezón Cámara presentó su libro Las Aventuras de la China Iron, y se realizó un homenaje a la poesía de Marily Morales Segovia y Pocho Roch. 
 

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Paulo FerreyraPaulo Ferreyra

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Por Paulo Ferreyra
Especial para El Litoral

“Jugar era nuestro mayor goce. Eso viene de adentro y cuando somos niños jugamos siendo felices. La felicidad no está afuera sino dentro de nosotros”, desliza Cacho González Vedoya. El poeta de Itatí presentó su más reciente libro “La palabra clara” en el marco de la 5ª Feria del Libro de Caá Catí. Además, en la jornada hubo ronda de lecturas, Gabriela Cabezón Cámara presentó su libro Las Aventuras de la China Iron, hubo un homenaje a la poesía de Marily Morales Segovia y Pocho Roch. El cierre musical fue de la mano de la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Corrientes y del grupo Sumaj Pacha. 
Cacho Gonzáles Vedoya estaba acompañado de Carlos Lezcano y un amigo de la infancia. En la presentación del libro La Palabra Clara editado por Ananga Ranga, bajo la colección Grandes en Pequeños, el autor del libro resaltó su infancia feliz en Itatí. “Los veranos eran lindos porque jugábamos mucho, jugábamos en el fondo de la casa y bajo un gran árbol. Doña Juana, la mamá de Cacho Vedoya preparaba una rica merienda”, cuenta Luicho.  
“Mi madre cuando ponía la mesa / ponía la vida / y cuando partía el pan / de entre los dedos le salía el sol”, leyó en voz alta Carlos Lezcano. “Este es un fragmento de un poema de Cacha que está en el libro, lleva el título de “A mi madre, Juan Ramona”, explica. El público sigue todo con atención. Afuera el cielo se va encapotando y de a ratos sopla un viento, han cerrado las ventanas y puertas del lugar, la poesía se ciñe en un ambiente ávido por la palabra. 
“Jugar era nuestro goce y la felicidad venía de adentro. Cuando un niño juega es feliz. Ahora cuando escribo un poema soy feliz. Estoy agradecido además a los jóvenes que siempre se interesan por las cosas que pueda hacer este viejo”, desliza Cacho y hace silencio. Su palabra reverbera y el tiende una mira, hace tiempo que su vista va disminuyendo, pero él usa el cuerpo para ver. Luego de la presentación firmó algunos ejemplares.  
Tras un momento, después llegó la presentación del libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara. En esta oportunidad estuvo acompañada por Gabriela Bissaro. “La china Iron es la esposa de Martín Fierro. Aquí la escritora le pone nombre y nos cuenta su historia, de eso va el libro”, despeja Bissaro. 

“La china Iron es la esposa de Martín Fierro. Aquí la escritora le pone nombre y nos cuenta su historia, de eso va el libro”, indicó Bissaro.


“El punto de arranque fue mi interés por la literatura gauchesca. Sumergida en ese universo uno puede descubrir que no hay voces femeninas, ni siquiera las nombran con su nombre”, agrega Cabezón Cámara.  
El libro tiene fragmentos en inglés, música en palabras que se encadenan con un ritmo y una velocidad atrapante. La escritora lleva constantemente sus manos al pelo, bebe agua, escucha las preguntas sobre el libro mientras alza la vida para mirar al público. Habló poco, no se explaya mucho en las preguntas que le llegan en torno a la novela. 
“Un texto bien trabajado tiene que tener música. Las palabras a veces se llevan bien y conforman esa melodía que le da ritmo al texto”. En el medio de la historia aparece un gaucho híbrido entre bueno y malo. “Lo necesitaba para que diera un sapucay. El guaraní está presente en el libro porque es un idioma hermoso. Me gusta además el sonido de la lengua, creo que es una lengua que debería estar en todas las escuelas. De hecho, quiero aprender más del guaraní”, subraya.  
El ritual se repite tras cada presentación, se venden libros, los escritores firman y hacen sus dedicatorias. Gabriela Cabezón Cámara se quedó rápidamente sin ejemplares, firma los libros que le acercan y sonríe ante cada lector. “Que disfrutes de este viaje”, escribe mientas va preguntando el nombre de cada lector. Sobre el final, desde el público le piden que lea un fragmento del libro, ella toma un ejemplar, abre la primera página y lee algunos párrafos del primer capítulo. 

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Se ensancha la palabra entre libros y música

Cacho González Vedoya, el poeta de Itatí presentó su más reciente libro “La palabra clara”, en el marco de la 5ª Feria del Libro de la localidad. Además, hubo ronda de lecturas, Gabriela Cabezón Cámara presentó su libro Las Aventuras de la China Iron, y se realizó un homenaje a la poesía de Marily Morales Segovia y Pocho Roch. 
 

Por Paulo Ferreyra
Especial para El Litoral

“Jugar era nuestro mayor goce. Eso viene de adentro y cuando somos niños jugamos siendo felices. La felicidad no está afuera sino dentro de nosotros”, desliza Cacho González Vedoya. El poeta de Itatí presentó su más reciente libro “La palabra clara” en el marco de la 5ª Feria del Libro de Caá Catí. Además, en la jornada hubo ronda de lecturas, Gabriela Cabezón Cámara presentó su libro Las Aventuras de la China Iron, hubo un homenaje a la poesía de Marily Morales Segovia y Pocho Roch. El cierre musical fue de la mano de la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Corrientes y del grupo Sumaj Pacha. 
Cacho Gonzáles Vedoya estaba acompañado de Carlos Lezcano y un amigo de la infancia. En la presentación del libro La Palabra Clara editado por Ananga Ranga, bajo la colección Grandes en Pequeños, el autor del libro resaltó su infancia feliz en Itatí. “Los veranos eran lindos porque jugábamos mucho, jugábamos en el fondo de la casa y bajo un gran árbol. Doña Juana, la mamá de Cacho Vedoya preparaba una rica merienda”, cuenta Luicho.  
“Mi madre cuando ponía la mesa / ponía la vida / y cuando partía el pan / de entre los dedos le salía el sol”, leyó en voz alta Carlos Lezcano. “Este es un fragmento de un poema de Cacha que está en el libro, lleva el título de “A mi madre, Juan Ramona”, explica. El público sigue todo con atención. Afuera el cielo se va encapotando y de a ratos sopla un viento, han cerrado las ventanas y puertas del lugar, la poesía se ciñe en un ambiente ávido por la palabra. 
“Jugar era nuestro goce y la felicidad venía de adentro. Cuando un niño juega es feliz. Ahora cuando escribo un poema soy feliz. Estoy agradecido además a los jóvenes que siempre se interesan por las cosas que pueda hacer este viejo”, desliza Cacho y hace silencio. Su palabra reverbera y el tiende una mira, hace tiempo que su vista va disminuyendo, pero él usa el cuerpo para ver. Luego de la presentación firmó algunos ejemplares.  
Tras un momento, después llegó la presentación del libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara. En esta oportunidad estuvo acompañada por Gabriela Bissaro. “La china Iron es la esposa de Martín Fierro. Aquí la escritora le pone nombre y nos cuenta su historia, de eso va el libro”, despeja Bissaro. 

“La china Iron es la esposa de Martín Fierro. Aquí la escritora le pone nombre y nos cuenta su historia, de eso va el libro”, indicó Bissaro.


“El punto de arranque fue mi interés por la literatura gauchesca. Sumergida en ese universo uno puede descubrir que no hay voces femeninas, ni siquiera las nombran con su nombre”, agrega Cabezón Cámara.  
El libro tiene fragmentos en inglés, música en palabras que se encadenan con un ritmo y una velocidad atrapante. La escritora lleva constantemente sus manos al pelo, bebe agua, escucha las preguntas sobre el libro mientras alza la vida para mirar al público. Habló poco, no se explaya mucho en las preguntas que le llegan en torno a la novela. 
“Un texto bien trabajado tiene que tener música. Las palabras a veces se llevan bien y conforman esa melodía que le da ritmo al texto”. En el medio de la historia aparece un gaucho híbrido entre bueno y malo. “Lo necesitaba para que diera un sapucay. El guaraní está presente en el libro porque es un idioma hermoso. Me gusta además el sonido de la lengua, creo que es una lengua que debería estar en todas las escuelas. De hecho, quiero aprender más del guaraní”, subraya.  
El ritual se repite tras cada presentación, se venden libros, los escritores firman y hacen sus dedicatorias. Gabriela Cabezón Cámara se quedó rápidamente sin ejemplares, firma los libros que le acercan y sonríe ante cada lector. “Que disfrutes de este viaje”, escribe mientas va preguntando el nombre de cada lector. Sobre el final, desde el público le piden que lea un fragmento del libro, ella toma un ejemplar, abre la primera página y lee algunos párrafos del primer capítulo.