Claves para entender la economía
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Claves para entender la economía

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Por José Dapena
Director del Departamento de Finanzas de la Ucema. Nota publicada en infobae.com

Del latín normalis, el término “normal” se refiere a aquello que se encuentra en un estado al que se lo considera como natural. El término también hace alusión a lo que actúa como regla, canon, modelo o referencia, y a lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación.
Creo que existe un acuerdo de que el año 2018 desde lo económico no ha sido un año normal, o al menos no respecto de lo que se esperaba. Analistas pronosticaban un año con bajo crecimiento, inflación en el orden del 20%, tipo de cambio a diciembre en 22 pesos por dólar. La realidad nos encuentra con una caída del producto mayor al 2%, una inflación casi del 50% y un tipo de cambio de casi 40 pesos por dólar. ¿Motivos? Varios, tanto externos como internos. En lo externo, todos los activos financieros han sufrido caídas (por ejemplo, el índice SP500 pierde en el año más del 5% y su medición de riesgo ha crecido desde comienzos de año; por otro lado, el dólar se ha apreciado frente a todas las monedas, y los capitales han buscado refugio en los bonos del Tesoro estadounidense. Si bien la tasa de referencia de los bonos del Tesoro estadounidense de diez años ha disminuido desde su máximo de 3,2%, es más bien por refugio. En el plano local, una cuenta corriente bastante deficitaria, una emisión contenida de moneda y un déficit fiscal bastante significativo amplificaron fuertemente los efectos (sobre todo en comparación con otras economías emergentes). Ante esta situación, ¿de dónde sacaría Argentina los recursos para hacer frente a sus obligaciones, sobre todo en moneda dura?
La reacción fue el auxilio del FMI con un plan monetario y fiscal consensuado, con eje en el equilibrio fiscal y la emisión controlada de dinero. Se aseguró financiamiento hasta las elecciones si cumple el programa acordado con el FMI (luego se verá…) y el efecto del tipo de cambio y la recesión se hace sentir en la mejora de la cuenta corriente.
¿Los problemas están resueltos? La respuesta es “no”. El dólar, en general, sorprende los eneros con saltos (esperemos que sea la excepción). Luego, en el primer semestre ingresan dólares de la cosecha. El desafío viene en el segundo semestre, sobre todo cuando comienzan a acercarse las elecciones y muchos prefieren pasarlos en dólares. Adicionalmente, los pasivos remunerados del Bcra, si bien se dice que están controlados, generan un foco de inestabilidad en el tipo de cambio.
En bonos, el driver es la confianza que pueda ganar el Gobierno con el plan fiscal. Como es un plan de mediano plazo (aun con déficit primario cero, habría un déficit financiero de 3% del PBI que debería cubrirse con emisión adicional de deuda), cualquier cambio será despacio.
En lo que respecta a acciones, desde lo conceptual el precio de las acciones sube por baja de tasa de descuento (condicionada por la baja en el riesgo país y en las expectativas de inflación), y sube por expectativas de crecimiento. ¿Cómo hará un país que en los últimos siete años ha crecido muy poco, y que requiere de reformas estructurales de gasto, fiscales y previsionales para recrear condiciones de crecimiento sustentable, sobre todo en un año electoral? Dado esto, el efecto sobre los activos financieros no debería ser significativo en el corto plazo, más allá de potenciales mejoras por contagio internacional.
Entiendo que el argentino medio desea una economía normal y normalidad no es la palabra que mejor refleje el desempeño de la economía argentina de los últimos 11 años. A veces, frente a una situación, la pregunta es: ¿Cómo se hace en otros países?

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Por José Dapena
Director del Departamento de Finanzas de la Ucema. Nota publicada en infobae.com

Del latín normalis, el término “normal” se refiere a aquello que se encuentra en un estado al que se lo considera como natural. El término también hace alusión a lo que actúa como regla, canon, modelo o referencia, y a lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación.
Creo que existe un acuerdo de que el año 2018 desde lo económico no ha sido un año normal, o al menos no respecto de lo que se esperaba. Analistas pronosticaban un año con bajo crecimiento, inflación en el orden del 20%, tipo de cambio a diciembre en 22 pesos por dólar. La realidad nos encuentra con una caída del producto mayor al 2%, una inflación casi del 50% y un tipo de cambio de casi 40 pesos por dólar. ¿Motivos? Varios, tanto externos como internos. En lo externo, todos los activos financieros han sufrido caídas (por ejemplo, el índice SP500 pierde en el año más del 5% y su medición de riesgo ha crecido desde comienzos de año; por otro lado, el dólar se ha apreciado frente a todas las monedas, y los capitales han buscado refugio en los bonos del Tesoro estadounidense. Si bien la tasa de referencia de los bonos del Tesoro estadounidense de diez años ha disminuido desde su máximo de 3,2%, es más bien por refugio. En el plano local, una cuenta corriente bastante deficitaria, una emisión contenida de moneda y un déficit fiscal bastante significativo amplificaron fuertemente los efectos (sobre todo en comparación con otras economías emergentes). Ante esta situación, ¿de dónde sacaría Argentina los recursos para hacer frente a sus obligaciones, sobre todo en moneda dura?
La reacción fue el auxilio del FMI con un plan monetario y fiscal consensuado, con eje en el equilibrio fiscal y la emisión controlada de dinero. Se aseguró financiamiento hasta las elecciones si cumple el programa acordado con el FMI (luego se verá…) y el efecto del tipo de cambio y la recesión se hace sentir en la mejora de la cuenta corriente.
¿Los problemas están resueltos? La respuesta es “no”. El dólar, en general, sorprende los eneros con saltos (esperemos que sea la excepción). Luego, en el primer semestre ingresan dólares de la cosecha. El desafío viene en el segundo semestre, sobre todo cuando comienzan a acercarse las elecciones y muchos prefieren pasarlos en dólares. Adicionalmente, los pasivos remunerados del Bcra, si bien se dice que están controlados, generan un foco de inestabilidad en el tipo de cambio.
En bonos, el driver es la confianza que pueda ganar el Gobierno con el plan fiscal. Como es un plan de mediano plazo (aun con déficit primario cero, habría un déficit financiero de 3% del PBI que debería cubrirse con emisión adicional de deuda), cualquier cambio será despacio.
En lo que respecta a acciones, desde lo conceptual el precio de las acciones sube por baja de tasa de descuento (condicionada por la baja en el riesgo país y en las expectativas de inflación), y sube por expectativas de crecimiento. ¿Cómo hará un país que en los últimos siete años ha crecido muy poco, y que requiere de reformas estructurales de gasto, fiscales y previsionales para recrear condiciones de crecimiento sustentable, sobre todo en un año electoral? Dado esto, el efecto sobre los activos financieros no debería ser significativo en el corto plazo, más allá de potenciales mejoras por contagio internacional.
Entiendo que el argentino medio desea una economía normal y normalidad no es la palabra que mejor refleje el desempeño de la economía argentina de los últimos 11 años. A veces, frente a una situación, la pregunta es: ¿Cómo se hace en otros países?