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El PJ debe renovarse si quiere ganar

Por Heriberto Deibe 
Nota publicada en infobae.com

Todas las encuestas de opinión coinciden en algo: el voto no peronista ronda el 30% del total y el voto peronista, más allá de las candidaturas, siempre supera el 50 por ciento. La pregunta sería entonces qué le ha pasado al peronismo para que la sociedad argentina le haya dado la espalda con su voto en las últimas elecciones del 2015 y 2017.
Resulta evidente que la sociedad no encuentra en ese movimiento nuevas ideas, nuevos pensadores o intelectuales, o nuevos cuadros políticos que la expresen cabalmente.
Debemos asumir que es imposible ponerse la sociedad argentina y su realidad al hombro si no hay una profunda tarea de pensamiento que, a través de una lúcida visión de los hechos concretos y la experiencia, permita elaborar un diagnóstico acertado y discernir claramente las fallas para tomar las decisiones correctas, evitando seguir encorsetados en consignas, muchas veces demagógicas.
Para recuperar la confianza de la sociedad necesitamos un justicialismo que conciba, exprese y plasme una clara idea de nación, de república y de Estado. Más que un candidato o un caudillo, el Partido Justicialista necesita una nueva metodología que permita hacer concurrentes: los intereses del pueblo, los de la Nación, los del Estado y los de los dirigentes.
Los grandes objetivos de soberanía política, independencia económica y justicia social requieren del enorme trabajo y responsabilidad de nuestra dirigencia. Es imperioso estudiar cómo insertar a nuestro país en el nuevo contexto internacional, posibilitando el mayor grado de desarrollo de nuestros habitantes. Por otra parte, cabe destacar que el justicialismo es la fuerza política que ha instituido a la solidaridad en la política nacional, por lo que, habiéndose alejado de sus bases, posee la ineludible tarea de restituir a la solidaridad en la comunidad nacional, como la más alta virtud participativa. Ahora, ¿tiene el peronismo voluntad política de renovación? ¿O seguirá imperando dentro de él la lógica de la diáspora “espacial” de “racionales”, “kirchneristas”, “federales”, etcétera?
Es común, por ejemplo, escuchar con nostalgia en boca de muchos la evocación de la interna Menem-Cafiero como paradigma de “participación popular”. Y sin embargo, en lugar de hacerse eco de este tipo de indicadores, persisten en actuar en lejanía con la sociedad a la cual deben expresar.
A la vez, se observa que tanto los cultores de la unidad como “amuchamiento” como aquellos que rechazan internas poniendo límites a quien más votos tiene o a quien más autoridad posee, no parecen estar dispuestos a deponer ambiciones personales para que nuestros mejores dirigentes lleguen a dicha instancia.
Ya sea por el lado de las ideas o por el lado de la participación popular promoviendo una gran interna (o preferentemente por ambas), sin el dedo de ninguna burocracia partidaria, la solución está en manos del justicialismo.
¿Seremos, entonces, capaces de darle a la sociedad argentina nuevas y renovadas ideas de una nación estable y previsible, en la que las instituciones republicanas otorguen seguridad jurídica, y donde se constituya un modelo económico nacional y competitivo que piense primero en los más humildes?
¿Seremos capaces de someter todo esto a una gran interna en las Paso, donde quien gane cumpla con este programa y quien pierda acompañe, sin caer en personalismos? ¿No sería este un método para volver a ser creíbles ante la sociedad? ¿O será que estamos dispuestos a dejar la política en manos de la circunstancia para que siga lo que está?

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El PJ debe renovarse si quiere ganar

Por Heriberto Deibe 
Nota publicada en infobae.com

Todas las encuestas de opinión coinciden en algo: el voto no peronista ronda el 30% del total y el voto peronista, más allá de las candidaturas, siempre supera el 50 por ciento. La pregunta sería entonces qué le ha pasado al peronismo para que la sociedad argentina le haya dado la espalda con su voto en las últimas elecciones del 2015 y 2017.
Resulta evidente que la sociedad no encuentra en ese movimiento nuevas ideas, nuevos pensadores o intelectuales, o nuevos cuadros políticos que la expresen cabalmente.
Debemos asumir que es imposible ponerse la sociedad argentina y su realidad al hombro si no hay una profunda tarea de pensamiento que, a través de una lúcida visión de los hechos concretos y la experiencia, permita elaborar un diagnóstico acertado y discernir claramente las fallas para tomar las decisiones correctas, evitando seguir encorsetados en consignas, muchas veces demagógicas.
Para recuperar la confianza de la sociedad necesitamos un justicialismo que conciba, exprese y plasme una clara idea de nación, de república y de Estado. Más que un candidato o un caudillo, el Partido Justicialista necesita una nueva metodología que permita hacer concurrentes: los intereses del pueblo, los de la Nación, los del Estado y los de los dirigentes.
Los grandes objetivos de soberanía política, independencia económica y justicia social requieren del enorme trabajo y responsabilidad de nuestra dirigencia. Es imperioso estudiar cómo insertar a nuestro país en el nuevo contexto internacional, posibilitando el mayor grado de desarrollo de nuestros habitantes. Por otra parte, cabe destacar que el justicialismo es la fuerza política que ha instituido a la solidaridad en la política nacional, por lo que, habiéndose alejado de sus bases, posee la ineludible tarea de restituir a la solidaridad en la comunidad nacional, como la más alta virtud participativa. Ahora, ¿tiene el peronismo voluntad política de renovación? ¿O seguirá imperando dentro de él la lógica de la diáspora “espacial” de “racionales”, “kirchneristas”, “federales”, etcétera?
Es común, por ejemplo, escuchar con nostalgia en boca de muchos la evocación de la interna Menem-Cafiero como paradigma de “participación popular”. Y sin embargo, en lugar de hacerse eco de este tipo de indicadores, persisten en actuar en lejanía con la sociedad a la cual deben expresar.
A la vez, se observa que tanto los cultores de la unidad como “amuchamiento” como aquellos que rechazan internas poniendo límites a quien más votos tiene o a quien más autoridad posee, no parecen estar dispuestos a deponer ambiciones personales para que nuestros mejores dirigentes lleguen a dicha instancia.
Ya sea por el lado de las ideas o por el lado de la participación popular promoviendo una gran interna (o preferentemente por ambas), sin el dedo de ninguna burocracia partidaria, la solución está en manos del justicialismo.
¿Seremos, entonces, capaces de darle a la sociedad argentina nuevas y renovadas ideas de una nación estable y previsible, en la que las instituciones republicanas otorguen seguridad jurídica, y donde se constituya un modelo económico nacional y competitivo que piense primero en los más humildes?
¿Seremos capaces de someter todo esto a una gran interna en las Paso, donde quien gane cumpla con este programa y quien pierda acompañe, sin caer en personalismos? ¿No sería este un método para volver a ser creíbles ante la sociedad? ¿O será que estamos dispuestos a dejar la política en manos de la circunstancia para que siga lo que está?