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Homenaje a los obreros del puente, eternos abrazos de reencuentro

Tras la postergación de hace una semana, por lluvia, finalmente ayer a la tarde el Municipio rindió tributo a un grupo de ex trabajadores que participaron de la construcción del viaducto interprovincial que el 10 de mayo cumplió 46 años. Anécdotas por doquier.
 

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Gustavo LescanoGustavo Lescano

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Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

La enorme mole de cemento era testigo privilegiado de un justo reconocimiento para los que contribuyeron a ponerlo en pie, hace 46 años. El río Paraná cruzaba bravío y también formaba parte de un paisaje rojizo tras la caída del sol. Era la escena natural propicia -sobre todo después de la postergación por lluvia- para homenajear en la punta Arazaty a un grupo de obreros que participaron de la construcción del puente Manuel Belgrano.  
La estructura se mostraba más sólida por el marcado contraste generado por el ocaso, mientras que a sus pies un puñado de sillas y una pantalla en stand by conformaban el escenario ribereño del homenaje organizado por el Municipio. Entre funcionarios, organizadores, familiares, amigos e invitados especiales, sobresalía una primera fila de señores de canas y manos obreras. Eran los ex trabajadores que fueron convocados para presidir la ceremonia.  
Allí estaban sentados seis que, en la espera del inicio del acto, de vez en cuando miraban hacia arriba y volvían a llenar sus ojos con la majestuosa silueta del puente Chaco-Corrientes. Pero al comenzar la ceremonia, con palabras del subsecretario de Cultura, Carlos Stegelmann y de Nancy Sarasúa, impulsora de la iniciativa, fueron nombrados los homenajeados. 
De a uno, emocionados, saludaron: Juan Vicente Valenzuela y Rubén Andrés Pegoraro (ambos protagonistas de una nota publicada el pasado domingo en el diario El Litoral, “Los electricistas del puente”), como también Miguel Giménez, Francisco Riu, su hermano Antonio y, finalmente, Francisco Sarasúa. También se les sumó Juan Manzolillo, hijo de uno de los mayores gestores del puente a través de su desempeño en la radio.  
Posteriormente, un ansioso Pegoraro pudo leer su poema dedicado a los que trabajaron en el puente, “un escrito grotesco, cómico y con especiales ocurrencias”, resumió. “Aquí estamos mis amigos reunidos en camaradería para brindar con alegría después de un intenso trajinar, brindemos para olvidar porque la tarea fue tan dura...”, expresó en el tramo inicial Pegoraro, un simpático abuelo ítalo-alemán de cabeza nevada que en su tiempo de jubilado despertó al poeta que tenía adentro.  
“Ha pasado de todo un poco en esta grandiosa obra, pero hay tela de sobra para desglosar un buen rato”, afirmó y seguidamente contó la anécdota del maquinista Benítez, quien una noche se quedó dormido entre los hierros y nadie lo pudo encontrar hasta que su relevo lo halló por casualidad la mañana siguiente y lo despertó. 
Luego de las palabras de Pegoraro, se colocó una ofrenda floral sobre uno de los pilotes. Y a continuación se proyectó un video producido por alumnos de la Licenciatura en Comunicación Social, con valiosos testimonios sobre la construcción del viaducto. 
En el final habló Valenzuela, quien agradeció la invitación y abogó para que este acto “sea el puntapié inicial para despertar de su letargo a los gobernantes de turno para que vean la necesidad del segundo puente”. Tal vez, así como el paisaje del atardecer correntino fue el marco ideal para el homenaje, las palabras de Valenzuela fueron las ideales para concluir la ceremonia y unir a ambas provincias en un solo reclamo popular por un nuevo puente. 

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Homenaje a los obreros del puente, eternos abrazos de reencuentro

Tras la postergación de hace una semana, por lluvia, finalmente ayer a la tarde el Municipio rindió tributo a un grupo de ex trabajadores que participaron de la construcción del viaducto interprovincial que el 10 de mayo cumplió 46 años. Anécdotas por doquier.
 

Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

La enorme mole de cemento era testigo privilegiado de un justo reconocimiento para los que contribuyeron a ponerlo en pie, hace 46 años. El río Paraná cruzaba bravío y también formaba parte de un paisaje rojizo tras la caída del sol. Era la escena natural propicia -sobre todo después de la postergación por lluvia- para homenajear en la punta Arazaty a un grupo de obreros que participaron de la construcción del puente Manuel Belgrano.  
La estructura se mostraba más sólida por el marcado contraste generado por el ocaso, mientras que a sus pies un puñado de sillas y una pantalla en stand by conformaban el escenario ribereño del homenaje organizado por el Municipio. Entre funcionarios, organizadores, familiares, amigos e invitados especiales, sobresalía una primera fila de señores de canas y manos obreras. Eran los ex trabajadores que fueron convocados para presidir la ceremonia.  
Allí estaban sentados seis que, en la espera del inicio del acto, de vez en cuando miraban hacia arriba y volvían a llenar sus ojos con la majestuosa silueta del puente Chaco-Corrientes. Pero al comenzar la ceremonia, con palabras del subsecretario de Cultura, Carlos Stegelmann y de Nancy Sarasúa, impulsora de la iniciativa, fueron nombrados los homenajeados. 
De a uno, emocionados, saludaron: Juan Vicente Valenzuela y Rubén Andrés Pegoraro (ambos protagonistas de una nota publicada el pasado domingo en el diario El Litoral, “Los electricistas del puente”), como también Miguel Giménez, Francisco Riu, su hermano Antonio y, finalmente, Francisco Sarasúa. También se les sumó Juan Manzolillo, hijo de uno de los mayores gestores del puente a través de su desempeño en la radio.  
Posteriormente, un ansioso Pegoraro pudo leer su poema dedicado a los que trabajaron en el puente, “un escrito grotesco, cómico y con especiales ocurrencias”, resumió. “Aquí estamos mis amigos reunidos en camaradería para brindar con alegría después de un intenso trajinar, brindemos para olvidar porque la tarea fue tan dura...”, expresó en el tramo inicial Pegoraro, un simpático abuelo ítalo-alemán de cabeza nevada que en su tiempo de jubilado despertó al poeta que tenía adentro.  
“Ha pasado de todo un poco en esta grandiosa obra, pero hay tela de sobra para desglosar un buen rato”, afirmó y seguidamente contó la anécdota del maquinista Benítez, quien una noche se quedó dormido entre los hierros y nadie lo pudo encontrar hasta que su relevo lo halló por casualidad la mañana siguiente y lo despertó. 
Luego de las palabras de Pegoraro, se colocó una ofrenda floral sobre uno de los pilotes. Y a continuación se proyectó un video producido por alumnos de la Licenciatura en Comunicación Social, con valiosos testimonios sobre la construcción del viaducto. 
En el final habló Valenzuela, quien agradeció la invitación y abogó para que este acto “sea el puntapié inicial para despertar de su letargo a los gobernantes de turno para que vean la necesidad del segundo puente”. Tal vez, así como el paisaje del atardecer correntino fue el marco ideal para el homenaje, las palabras de Valenzuela fueron las ideales para concluir la ceremonia y unir a ambas provincias en un solo reclamo popular por un nuevo puente.