ellitoral.com.ar

Domingo 15de Septiembre de 2019CORRIENTES28°Pronóstico Extendidoclima_sol

Dolar Compra:$54,25

Dolar Venta:$57,50

Complejo hotelero para los nostálgicos

imagen_1

 Desde el neoyorquino aeropuerto John F. Kennedy salen cientos de aviones a diario, pero desde este mes de mayo se puede emprender un viaje distinto sin abandonarlo: la era dorada de la aviación pervive en un complejo de ocio con hotel, museo y bares dentro de un edificio histórico.
Se trata del TWA Hotel, que toma su nombre de la extinta Trans World Airlines, mecenas de esta arquitectónica terminal diseñada en 1962 por Eero Saarinen y que recupera “la filosofía de los años 60” en todos sus detalles para que los huéspedes “viajen en el tiempo a una era fresca y única”, dijo su gerente, Erik Palmer. Este espacio monumental, que se sitúa junto a la terminal 5 del aeropuerto y llevaba cerrado desde 2001, recibe a los visitantes con un suelo forrado de alfombra roja, el mismo color de los acolchados asientos que pueblan varias de sus salas, e invita a esperar junto a paneles retro que informan de los horarios de vuelo.
Pese a estar en medio de JFK, no se escucha ruido en este complejo de 4.600 metros cuadrados para entretenerse y 512 habitaciones para descansar, sino las voces de maestras del jazz como Etta James o las de un personal que viste uniformes sesenteros y recrea las expresiones coloquiales de la época.
En su inauguración, ex empleadas de TWA aseguraron sentir nostalgia, entre ellas Meureen Humel, para quien fue “descorazonadora” la desaparición de esa aerolínea y que prosiguió su carrera en Jetblue, igual que otros trabajadores que llevaron allí “la clase” característica de la aerolínea.

Museo de uniformes
En el primer piso, un museo luce los uniformes de las azafatas, coloridos, entallados y firmados por modistos de lujo como Balmain, Ralph Lauren y Valentino, junto a una sala para “Embajadores” y otra para “Papas”, en referencia a la habitación donde solían disfrutar de privacidad los pontífices cuando viajaban con la aerolínea. 
Pese al viaje en el tiempo que supone visitar el complejo de ocio, abierto a cualquier persona aunque no se aloje en el hotel, hay atracciones contemporáneas como un gimnasio, una terraza con mirador y piscina “infinita”, y una coctelería “secreta” dentro de la aeronave tipo “Connie” restaurada y expuesta en el exterior.

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

Complejo hotelero para los nostálgicos

 Desde el neoyorquino aeropuerto John F. Kennedy salen cientos de aviones a diario, pero desde este mes de mayo se puede emprender un viaje distinto sin abandonarlo: la era dorada de la aviación pervive en un complejo de ocio con hotel, museo y bares dentro de un edificio histórico.
Se trata del TWA Hotel, que toma su nombre de la extinta Trans World Airlines, mecenas de esta arquitectónica terminal diseñada en 1962 por Eero Saarinen y que recupera “la filosofía de los años 60” en todos sus detalles para que los huéspedes “viajen en el tiempo a una era fresca y única”, dijo su gerente, Erik Palmer. Este espacio monumental, que se sitúa junto a la terminal 5 del aeropuerto y llevaba cerrado desde 2001, recibe a los visitantes con un suelo forrado de alfombra roja, el mismo color de los acolchados asientos que pueblan varias de sus salas, e invita a esperar junto a paneles retro que informan de los horarios de vuelo.
Pese a estar en medio de JFK, no se escucha ruido en este complejo de 4.600 metros cuadrados para entretenerse y 512 habitaciones para descansar, sino las voces de maestras del jazz como Etta James o las de un personal que viste uniformes sesenteros y recrea las expresiones coloquiales de la época.
En su inauguración, ex empleadas de TWA aseguraron sentir nostalgia, entre ellas Meureen Humel, para quien fue “descorazonadora” la desaparición de esa aerolínea y que prosiguió su carrera en Jetblue, igual que otros trabajadores que llevaron allí “la clase” característica de la aerolínea.

Museo de uniformes
En el primer piso, un museo luce los uniformes de las azafatas, coloridos, entallados y firmados por modistos de lujo como Balmain, Ralph Lauren y Valentino, junto a una sala para “Embajadores” y otra para “Papas”, en referencia a la habitación donde solían disfrutar de privacidad los pontífices cuando viajaban con la aerolínea. 
Pese al viaje en el tiempo que supone visitar el complejo de ocio, abierto a cualquier persona aunque no se aloje en el hotel, hay atracciones contemporáneas como un gimnasio, una terraza con mirador y piscina “infinita”, y una coctelería “secreta” dentro de la aeronave tipo “Connie” restaurada y expuesta en el exterior.