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Educación para la Paz

Por José Ceschi

¡Buen día! Confieso que una de las cualidades que más me impresionan en las personas es su bondad. Me despiertan una espontánea simpatía; no importa si son inteligentes o no, ricas o no, importantes o no. Estoy convencido, por lo demás, que “aunque cueste creerlo, existe en el mundo mucha más gente dedicada al bien que al mal”.
Es que, en definitiva, resulta más fácil ser bueno que malo. “Ser malvado implica un esfuerzo de imaginación de rédito discutible. Ser bueno, en cambio, resulta menos arduo, mejor viso y generosamente reconocido”, reflexionaba un escritor correntino que firmaba como Conde de Cheroga.
Rubén Darío nos ha legado una bella poesía titulada “Justos y buenos”. Tal vez usted la conozca. Tal vez quisiera repasarla:
“Hemos de ser justos, hemos de ser buenos,/ hemos de embriagarnos de paz y de amor./Y llevar el alma siempre a flor de labios/ y desnudo y limpio nuestro corazón…
Hemos de olvidarnos de todos los odios,/ de toda mentira, de toda ruindad./ Hemos de abrazarnos en el santo fuego/ de un amor inmenso, dulce y fraternal.
Hemos de llenarnos de sano optimismo,/ tender nuestro brazo a quien nos hirió./ Y abrazar a todos nuestros enemigos/ en un doble abrazo de amor y perdón…
Olvidar pasiones, rencores, vilezas…/ Ser fuertes, piadosos, dando bien por mal,/ que es la venganza de las almas nobles/ que viven posesas de un alto ideal
Hemos de estar siempre gozosos, tal dijo/ Pablo, el elegido, con divina voz,/ y a través de todos los claros caminos,/ caminar llevando puesta el alma en Dios.
Hemos de acordarnos que somos hermanos;/ hemos de acordarnos del dulce Pastor/ que, crucificado, lacerado, exánime,/ para sus verdugos imploró el perdón”.
Esto es lo que se llama un pensamiento cristiano de la bondad, que incluye el perdón, la generosidad, el reencuentro, la fraternidad, el amor, en una palabra.
 Y nos esperemos siempre recompensa de nuestros gestos de bondad. “La alegría de hacer el bien está en sembrar, no está en recoger”, anotaba con razón Jacinto Benavente.

¡Hasta mañana!

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Educación para la Paz

Por José Ceschi

¡Buen día! Confieso que una de las cualidades que más me impresionan en las personas es su bondad. Me despiertan una espontánea simpatía; no importa si son inteligentes o no, ricas o no, importantes o no. Estoy convencido, por lo demás, que “aunque cueste creerlo, existe en el mundo mucha más gente dedicada al bien que al mal”.
Es que, en definitiva, resulta más fácil ser bueno que malo. “Ser malvado implica un esfuerzo de imaginación de rédito discutible. Ser bueno, en cambio, resulta menos arduo, mejor viso y generosamente reconocido”, reflexionaba un escritor correntino que firmaba como Conde de Cheroga.
Rubén Darío nos ha legado una bella poesía titulada “Justos y buenos”. Tal vez usted la conozca. Tal vez quisiera repasarla:
“Hemos de ser justos, hemos de ser buenos,/ hemos de embriagarnos de paz y de amor./Y llevar el alma siempre a flor de labios/ y desnudo y limpio nuestro corazón…
Hemos de olvidarnos de todos los odios,/ de toda mentira, de toda ruindad./ Hemos de abrazarnos en el santo fuego/ de un amor inmenso, dulce y fraternal.
Hemos de llenarnos de sano optimismo,/ tender nuestro brazo a quien nos hirió./ Y abrazar a todos nuestros enemigos/ en un doble abrazo de amor y perdón…
Olvidar pasiones, rencores, vilezas…/ Ser fuertes, piadosos, dando bien por mal,/ que es la venganza de las almas nobles/ que viven posesas de un alto ideal
Hemos de estar siempre gozosos, tal dijo/ Pablo, el elegido, con divina voz,/ y a través de todos los claros caminos,/ caminar llevando puesta el alma en Dios.
Hemos de acordarnos que somos hermanos;/ hemos de acordarnos del dulce Pastor/ que, crucificado, lacerado, exánime,/ para sus verdugos imploró el perdón”.
Esto es lo que se llama un pensamiento cristiano de la bondad, que incluye el perdón, la generosidad, el reencuentro, la fraternidad, el amor, en una palabra.
 Y nos esperemos siempre recompensa de nuestros gestos de bondad. “La alegría de hacer el bien está en sembrar, no está en recoger”, anotaba con razón Jacinto Benavente.

¡Hasta mañana!