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25 de mayo

Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1838... y Domingo Cullen llegaba a Buenos Aires para participar de los festejos del 25 de Mayo, cuyo acto central fue la inauguración del Teatro Victoria. La presencia del ministro santafesino Cullen, quien venía en nombre del muy enfermo gobernador Estanislao López, no solo obedecía a los festejos sino que también tenía que ver con un reclamo que debía formular a Rosas, para que variara su actitud ante los franceses, cuyo bloqueo perjudicaba enormemente a los puertos del interior.
Pero Cullen no encontró ninguna variante en la posición del gobernador bonaerense, quien creía que esta guerra no declarada uniría más a los pueblos de la Confederación.
A principio de año los franceses entendieron que era el mejor momento para derrocar a Rosas. 
Era la oportunidad de bloquear a Buenos Aires que estaba acuciada por la guerra con la Confederación Perú-Boliviana y rodeada de las conspiraciones de unitarios por un lado y el levantamiento de Fructuoso Rivera por otro amenazando la estabilidad de Oribe en la Banda Oriental.
Pero el comandante de las naves francesas Leblanc no compartía la misma idea del empleado del consulado francés en nuestro país Aimé Roger, quien finalmente, luego de conferenciar con Rosas, sin ponerse de acuerdo sobre la posibilidad de una ley más flexible para con los extranjeros, se retiró de Buenos Aires el 13 de marzo dejando en manos de los ingleses el manejo de los asuntos y produciendo el rompimiento de las relaciones entre la Confederación y Francia.

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25 de mayo

Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1838... y Domingo Cullen llegaba a Buenos Aires para participar de los festejos del 25 de Mayo, cuyo acto central fue la inauguración del Teatro Victoria. La presencia del ministro santafesino Cullen, quien venía en nombre del muy enfermo gobernador Estanislao López, no solo obedecía a los festejos sino que también tenía que ver con un reclamo que debía formular a Rosas, para que variara su actitud ante los franceses, cuyo bloqueo perjudicaba enormemente a los puertos del interior.
Pero Cullen no encontró ninguna variante en la posición del gobernador bonaerense, quien creía que esta guerra no declarada uniría más a los pueblos de la Confederación.
A principio de año los franceses entendieron que era el mejor momento para derrocar a Rosas. 
Era la oportunidad de bloquear a Buenos Aires que estaba acuciada por la guerra con la Confederación Perú-Boliviana y rodeada de las conspiraciones de unitarios por un lado y el levantamiento de Fructuoso Rivera por otro amenazando la estabilidad de Oribe en la Banda Oriental.
Pero el comandante de las naves francesas Leblanc no compartía la misma idea del empleado del consulado francés en nuestro país Aimé Roger, quien finalmente, luego de conferenciar con Rosas, sin ponerse de acuerdo sobre la posibilidad de una ley más flexible para con los extranjeros, se retiró de Buenos Aires el 13 de marzo dejando en manos de los ingleses el manejo de los asuntos y produciendo el rompimiento de las relaciones entre la Confederación y Francia.