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Mujer educadora

Por José Ceschi

 ¡Buen día! “En la educación de los hijos la madre juega un primerísimo rango. Por la especial relación que la une al niño, sobre todo en los primeros años de vida, ella le ofrece aquel sentimiento de seguridad y confianza sin el cual le sería difícil desarrollar correctamente su propia identidad personal y, posteriormente, establecer relaciones positivas y fecundas con los demás”.
Sensatas palabras de un maestro que se llama Juan Pablo II. Están contenidas en el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 95, dedicada a la mujer como educadora para la paz.
“Esta relación originaria entre la madre y el hijo -sigue diciendo el Papa- tiene también un valor educativo muy particular a nivel religioso, ya que permite orientar hacia Dios la mente y el corazón del niño mucho antes de que reciba una educación religiosa formal.
En esta tarea, decisiva y delicada, no se debe dejar sola a ninguna madre. Los hijos tienen necesidad de la presencia y del cuidado de ambos padres, quienes realizan su misión educativa principalmente a través del influjo de su comportamiento. La calidad de la relación que se establece entre los esposos influye profundamente sobre la psicología del hijo y condiciona sus relaciones con el ambiente circundante, como también las que irá estableciendo a lo largo de su existencia.
Esta primera educación es de capital importancia. Si las relaciones con los padres y con los demás miembros de la familia están marcados por un trato afectuoso y positivo, los niños aprenden por experiencia directa los valores que favorecen la paz: el amor por la verdad y la justicia, el sentido de una libertad responsable, la estima y respeto por el otro. Al mismo tiempo, creciendo en un ambiente acogedor y cálido, tienen la posibilidad de percibir, reflejado en sus relaciones familiares, el amor mismo de Dios y esto los hace madurar en un clima espiritual capaz de orientarlos a la apertura hacia los demás y al don de sí mismos al prójimo...”.
Todo el mensaje merece no solo una lectura, sino también un estudio en profundidad.

¡Hasta mañana

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Por José Ceschi

 ¡Buen día! “En la educación de los hijos la madre juega un primerísimo rango. Por la especial relación que la une al niño, sobre todo en los primeros años de vida, ella le ofrece aquel sentimiento de seguridad y confianza sin el cual le sería difícil desarrollar correctamente su propia identidad personal y, posteriormente, establecer relaciones positivas y fecundas con los demás”.
Sensatas palabras de un maestro que se llama Juan Pablo II. Están contenidas en el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 95, dedicada a la mujer como educadora para la paz.
“Esta relación originaria entre la madre y el hijo -sigue diciendo el Papa- tiene también un valor educativo muy particular a nivel religioso, ya que permite orientar hacia Dios la mente y el corazón del niño mucho antes de que reciba una educación religiosa formal.
En esta tarea, decisiva y delicada, no se debe dejar sola a ninguna madre. Los hijos tienen necesidad de la presencia y del cuidado de ambos padres, quienes realizan su misión educativa principalmente a través del influjo de su comportamiento. La calidad de la relación que se establece entre los esposos influye profundamente sobre la psicología del hijo y condiciona sus relaciones con el ambiente circundante, como también las que irá estableciendo a lo largo de su existencia.
Esta primera educación es de capital importancia. Si las relaciones con los padres y con los demás miembros de la familia están marcados por un trato afectuoso y positivo, los niños aprenden por experiencia directa los valores que favorecen la paz: el amor por la verdad y la justicia, el sentido de una libertad responsable, la estima y respeto por el otro. Al mismo tiempo, creciendo en un ambiente acogedor y cálido, tienen la posibilidad de percibir, reflejado en sus relaciones familiares, el amor mismo de Dios y esto los hace madurar en un clima espiritual capaz de orientarlos a la apertura hacia los demás y al don de sí mismos al prójimo...”.
Todo el mensaje merece no solo una lectura, sino también un estudio en profundidad.

¡Hasta mañana