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Tabaquismo: datos médicos

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Una vieja tira de Viuti nos muestra a Teodoro hablando con un fumador consuetudinario. “No sabía que fumabas”, le dice. El hombre intenta dar una explicación: “Lo que pasa es que, para calmar la ansiedad, empecé a comer caramelos, pero engordé como un cochino. Entonces ahora vuelvo a fumar para largar el caramelo. Es como un círculo vicioso ¿viste?”. Teodoro se queda pensando: “Sí, una especie de círculo para cuadrados…”. Alguien escribió al respecto una sensata reflexión: “Cuando éramos niños comenzamos a fumar porque nos parecía un acto propio de personas inteligentes. ¿Por qué no dejar el vicio por la misma razón?”. Fácil decirlo, pero el problema es mucho más profundo de lo que imaginamos. No es sólo cuestión de voluntad, sino también de durísimos condicionamientos físicos provocados por el tabaco.
Estuve releyendo un artículo de Nora Bar titulado “La medicina explica por qué es tan difícil dejar el cigarrillo”. Enciende un cigarrillo y le da una pitada. La nicotina llega al cerebro en sólo 6 segundos, dos veces más rápido que una droga endovenosa. Sus efectos no se hacen esperar: sobreviene una descarga de adrenalina (que aumenta la presión sanguínea, se acelera la respiración y el ritmo cardíaco), se produce una leve hiperglucemia y fluye la “dopamina”, un neuroquímico asociado con sensaciones de placer y motivación. El pesticida más vendido del mundo (sí, en la plana de tabaco la nicotina ahuyenta a los insectos) es poderosísimo. Una vez capturadas, sus víctimas difícilmente puedan liberarse. La experiencia internacional indica que nueve de cada diez personas que prueban el cigarrillo se convierten en adictos. Dados los estragos que produce el tabaquismo, vinculado con más de 50 enfermedades y culpables del 18% del total de las muertes, las evidencias que explican por qué es tan difícil dejar de fumar vienen sumándose con un peso aplastante… Hoy se sabe que se trata de una sustancia psicoestimulante tan adictiva como la heroína, la cocaína o las anfetaminas”. En definitiva, lo mejor es no empezar. Esta simple fórmula ayuda a prevenir… que es mucho más fácil que curar.
¡Hasta mañana!

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Tabaquismo: datos médicos

Por José Ceschi

 ¡Buen día! Una vieja tira de Viuti nos muestra a Teodoro hablando con un fumador consuetudinario. “No sabía que fumabas”, le dice. El hombre intenta dar una explicación: “Lo que pasa es que, para calmar la ansiedad, empecé a comer caramelos, pero engordé como un cochino. Entonces ahora vuelvo a fumar para largar el caramelo. Es como un círculo vicioso ¿viste?”. Teodoro se queda pensando: “Sí, una especie de círculo para cuadrados…”. Alguien escribió al respecto una sensata reflexión: “Cuando éramos niños comenzamos a fumar porque nos parecía un acto propio de personas inteligentes. ¿Por qué no dejar el vicio por la misma razón?”. Fácil decirlo, pero el problema es mucho más profundo de lo que imaginamos. No es sólo cuestión de voluntad, sino también de durísimos condicionamientos físicos provocados por el tabaco.
Estuve releyendo un artículo de Nora Bar titulado “La medicina explica por qué es tan difícil dejar el cigarrillo”. Enciende un cigarrillo y le da una pitada. La nicotina llega al cerebro en sólo 6 segundos, dos veces más rápido que una droga endovenosa. Sus efectos no se hacen esperar: sobreviene una descarga de adrenalina (que aumenta la presión sanguínea, se acelera la respiración y el ritmo cardíaco), se produce una leve hiperglucemia y fluye la “dopamina”, un neuroquímico asociado con sensaciones de placer y motivación. El pesticida más vendido del mundo (sí, en la plana de tabaco la nicotina ahuyenta a los insectos) es poderosísimo. Una vez capturadas, sus víctimas difícilmente puedan liberarse. La experiencia internacional indica que nueve de cada diez personas que prueban el cigarrillo se convierten en adictos. Dados los estragos que produce el tabaquismo, vinculado con más de 50 enfermedades y culpables del 18% del total de las muertes, las evidencias que explican por qué es tan difícil dejar de fumar vienen sumándose con un peso aplastante… Hoy se sabe que se trata de una sustancia psicoestimulante tan adictiva como la heroína, la cocaína o las anfetaminas”. En definitiva, lo mejor es no empezar. Esta simple fórmula ayuda a prevenir… que es mucho más fácil que curar.
¡Hasta mañana!