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Hace 20 años una histórica marcha dio origen a la Plaza de la Dignidad

El 7 de junio de 1999 los docentes autoconvocados realizaron una movilización en la Capital de la que participaron más de 40 mil personas. Todo terminó en la toma de la plaza 25 de Mayo y la conformación de un innovador espacio político que fue el símbolo de su época.
 

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Por Pablo Miguel Reyes Beyer
@soypablomiguel

 A comienzos de 1999 se anunciaba que iba a ser un año muy difícil para la economía del Gobierno de Corrientes por las abultadas deudas que habían acumulado especialmente durante los últimos 5 años. La negativa de la oposición de darle permiso a la gestión de Pedro Braillard Poccard de refinanciar los pasivos no hizo más que agravar el cuadro.
Así, los empleados públicos de Corrientes notaban cómo la situación iba empeorando, recibían sus sueldos a cuentagotas y sobre finales del mes siguiente, hasta que para abril directamente dejaron de cobrar. Esto terminó en la conformación de los “docentes autoconvocados” que quisieron realizar reclamos de forma más directa y de un crecimiento exponencial en las marchas y protestas en numerosas localidades.
Para junio, sin el aguinaldo de diciembre de 1998 ni los sueldos de abril y mayo, el paro era casi total en varios sectores, especialmente en la educación y la Justicia. Así los Autoconvocados decidieron que era momento de realizar una movilización en las calles capitalinas para demostrar la verdadera magnitud del mal humor social contra el gobierno del Partido Nuevo.
El lunes 31 de mayo, en una Asamblea realizada en la ciudad de Saladas, los Autoconvocados determinaron que iban a hacer una marcha provincial el 7 de junio con un corte de puente incluido. El lema que los aglutinaría iba a ser “Correntinos, de pie por nuestros derechos”. 
Uno de los puntos del comunicado decía que lo que buscaban era “continuar con las medidas de fuerza hasta alcanzar los objetivos propuestos que van mucho más allá de lo salarial y apuntan básicamente a la dignidad, la justicia, la libertad y la total vigencia del Estado de derecho”. Referentes de toda la provincia prometieron su asistencia.
Un punto que pasó casi desapercibido hablaba de una concentración en la plaza 25 de Mayo “hasta el tiempo que se determine”. Ya con el tamiz de la historia ese “hasta el tiempo que se determine” suena casi una ironía, ya que terminó significando varios meses.
“Para ese momento, los Autoconvocados ya estábamos bastante organizados con delegados, la ciudad dividida en zonas, todo muy horizontal”, explicó Lucía Abad, quien fue una importante docente autoconvocada. “Prometía ser una jornada histórica de lucha. Y así fue”, agregó.
En un ambiente tan caldeado como gélido, ese lunes 7 de junio pasó a la historia como la que posiblemente es la protesta más grande que vio la provincia de Corrientes. Algunas fuentes hablan de 40 mil; otros, de más de 60 mil; aunque los más críticos dijeron menos de 10 mil.
Pero lo cierto es que no faltó sector social representado: había curas, docentes, médicos, periodistas, legisladores; personas de numerosos puntos de la provincia se hicieron presentes.
Evangelina Luna, otra delegada de los Autoconvocados comentó que “vino gente de los lugares que se imaginen; era impresionante la cantidad de personas que vinieron; nadie podía creer”, comentó.
El epicentro entonces fue el puente General Belgrano, cuyo tránsito fue interrumpido por miles de personas que ocuparon la calzada hasta pasada la mitad de su extensión. Esta modalidad se había realizado por primera vez a mediados de mayo y desde ese momento iba a ser cada vez más empleada.
Pero más allá de las miles de almas que copaban las calles capitalinas, en el interior también pasaban cosas. Sucede que simultáneamente quienes no pudieron viajar cortaron las rutas nacionales 123 a la altura de Mercedes, la 12 en el acceso a Ituzaingó y la 14 en Santo Tomé y Paso de los Libres, al igual que varias rutas provinciales.

La Plaza del Aguante
Pasado el mediodía, los manifestantes comenzaron a trasladarse desde el puente General Belgrano hacia la plaza 25 de Mayo, en el corazón cívico de la ciudad. El espacio verde queda ubicado frente a la Casa de Gobierno y de la Legislatura, siendo un emplazamiento estratégico para las protestas.
Miles de personas se instalaron allí esperando la sesión de la Cámara de Diputados para mostrar su bronca a Braillard Poccard y a Raúl Romero Feris. Ese día se habilitaron los juicios políticos contra la ministra de Hacienda Zunilda Míguez y el de Salud, Juan Pedro Schaerer, para la alegría de los presentes.
Braillard Poccard les pidió tregua asegurando que estaba trabajando en búsqueda de soluciones. Mientras que diputados opositores elogiaban la movilización popular.
Los manifestantes del interior fueron volviendo a sus hogares mientras que un puñado había decidido quedarse. En el lugar ya había una carpa sanitaria por lo que casi de forma espontánea otras se fueron sumando demostrando que el “hasta el tiempo que se determine” era real.
La coqueta plaza pasó a ser el centro neurálgico de todos los reclamos de los trabajadores. Llegaron a haber a la vez más de 200 carpas y precarias casas de madera que se fueron instalando con el paso del tiempo. Popularmente se la dejó de llamar como la fecha patria para ser reconocida como “de la Dignidad” para algunos o “del Aguante” para otros.
Cientos de personas cambiaron las comodidades de su hogar para vivir y dormir ahí, y otros miles visitaban el lugar todos los días. Se organizaban debates, reuniones, ollas populares, guitarreadas, shows de bandas y por sobre todas las cosas, se preparaban y pensaban las siguientes manifestaciones.
La vida no fue del todo pacífica, ya que los autoconvocados sufrieron cada noche de frío, lluvias y hambre, también las represalias de los simpatizantes del Partido Nuevo, que los imitaron ocupando la Plaza Cabral y visitándolos de forma poco amistosa en alguna oportunidad.
La escuela Sarmiento, ubicada en frente, pasó a ser el depósito de las mercaderías que juntaban con el apoyo político y de la ciudadanía. Mientras que las dependencias públicas y sedes partidarias ubicadas cerca permitieron que se usen sus baños.
Allí se vieron las lágrimas de sufrimiento de los miles de autoconvocados que vivían las penurias económicas de no cobrar, pero también las alegrías como cuando suspendieron a Pedro Braillard Poccard o cuando intervinieron la Municipalidad de Corrientes, bastión nuevista. Ni hablar cuando en agosto ordenaron la detención de Raúl Romero Feris.
La plaza supo ser en su apogeo una fuente de poder que luchó mientras pudo por una provincia mejor. Ya no se discutía sólo por los sueldos, sus reclamos iban mucho más allá, querían una Corrientes con más justicia, con más oportunidades y que pueda desarrollarse de forma óptima y transparente.
Con el paso de los meses, el desgaste se hizo sentir y varios sectores fueron dejando el espacio. Con la gestión de Hugo Perié se logró pagar algunos meses de sueldo, descomprimiendo aún más la situación.
Algunas carpas se quedaron incluso hasta bien entrado el 2000 con la Intervención Federal ya gobernando.
Actualmente, la plaza 25 de Mayo volvió a ser una coqueta manzana en el corazón del centro cívico. “La Dignidad” o “el Aguante” ya no existen, pero quedó en el recuerdo como un espacio de protesta y de una inédita organización social para la historia de Corrientes.

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Hace 20 años una histórica marcha dio origen a la Plaza de la Dignidad

El 7 de junio de 1999 los docentes autoconvocados realizaron una movilización en la Capital de la que participaron más de 40 mil personas. Todo terminó en la toma de la plaza 25 de Mayo y la conformación de un innovador espacio político que fue el símbolo de su época.
 

Por Pablo Miguel Reyes Beyer
@soypablomiguel

 A comienzos de 1999 se anunciaba que iba a ser un año muy difícil para la economía del Gobierno de Corrientes por las abultadas deudas que habían acumulado especialmente durante los últimos 5 años. La negativa de la oposición de darle permiso a la gestión de Pedro Braillard Poccard de refinanciar los pasivos no hizo más que agravar el cuadro.
Así, los empleados públicos de Corrientes notaban cómo la situación iba empeorando, recibían sus sueldos a cuentagotas y sobre finales del mes siguiente, hasta que para abril directamente dejaron de cobrar. Esto terminó en la conformación de los “docentes autoconvocados” que quisieron realizar reclamos de forma más directa y de un crecimiento exponencial en las marchas y protestas en numerosas localidades.
Para junio, sin el aguinaldo de diciembre de 1998 ni los sueldos de abril y mayo, el paro era casi total en varios sectores, especialmente en la educación y la Justicia. Así los Autoconvocados decidieron que era momento de realizar una movilización en las calles capitalinas para demostrar la verdadera magnitud del mal humor social contra el gobierno del Partido Nuevo.
El lunes 31 de mayo, en una Asamblea realizada en la ciudad de Saladas, los Autoconvocados determinaron que iban a hacer una marcha provincial el 7 de junio con un corte de puente incluido. El lema que los aglutinaría iba a ser “Correntinos, de pie por nuestros derechos”. 
Uno de los puntos del comunicado decía que lo que buscaban era “continuar con las medidas de fuerza hasta alcanzar los objetivos propuestos que van mucho más allá de lo salarial y apuntan básicamente a la dignidad, la justicia, la libertad y la total vigencia del Estado de derecho”. Referentes de toda la provincia prometieron su asistencia.
Un punto que pasó casi desapercibido hablaba de una concentración en la plaza 25 de Mayo “hasta el tiempo que se determine”. Ya con el tamiz de la historia ese “hasta el tiempo que se determine” suena casi una ironía, ya que terminó significando varios meses.
“Para ese momento, los Autoconvocados ya estábamos bastante organizados con delegados, la ciudad dividida en zonas, todo muy horizontal”, explicó Lucía Abad, quien fue una importante docente autoconvocada. “Prometía ser una jornada histórica de lucha. Y así fue”, agregó.
En un ambiente tan caldeado como gélido, ese lunes 7 de junio pasó a la historia como la que posiblemente es la protesta más grande que vio la provincia de Corrientes. Algunas fuentes hablan de 40 mil; otros, de más de 60 mil; aunque los más críticos dijeron menos de 10 mil.
Pero lo cierto es que no faltó sector social representado: había curas, docentes, médicos, periodistas, legisladores; personas de numerosos puntos de la provincia se hicieron presentes.
Evangelina Luna, otra delegada de los Autoconvocados comentó que “vino gente de los lugares que se imaginen; era impresionante la cantidad de personas que vinieron; nadie podía creer”, comentó.
El epicentro entonces fue el puente General Belgrano, cuyo tránsito fue interrumpido por miles de personas que ocuparon la calzada hasta pasada la mitad de su extensión. Esta modalidad se había realizado por primera vez a mediados de mayo y desde ese momento iba a ser cada vez más empleada.
Pero más allá de las miles de almas que copaban las calles capitalinas, en el interior también pasaban cosas. Sucede que simultáneamente quienes no pudieron viajar cortaron las rutas nacionales 123 a la altura de Mercedes, la 12 en el acceso a Ituzaingó y la 14 en Santo Tomé y Paso de los Libres, al igual que varias rutas provinciales.

La Plaza del Aguante
Pasado el mediodía, los manifestantes comenzaron a trasladarse desde el puente General Belgrano hacia la plaza 25 de Mayo, en el corazón cívico de la ciudad. El espacio verde queda ubicado frente a la Casa de Gobierno y de la Legislatura, siendo un emplazamiento estratégico para las protestas.
Miles de personas se instalaron allí esperando la sesión de la Cámara de Diputados para mostrar su bronca a Braillard Poccard y a Raúl Romero Feris. Ese día se habilitaron los juicios políticos contra la ministra de Hacienda Zunilda Míguez y el de Salud, Juan Pedro Schaerer, para la alegría de los presentes.
Braillard Poccard les pidió tregua asegurando que estaba trabajando en búsqueda de soluciones. Mientras que diputados opositores elogiaban la movilización popular.
Los manifestantes del interior fueron volviendo a sus hogares mientras que un puñado había decidido quedarse. En el lugar ya había una carpa sanitaria por lo que casi de forma espontánea otras se fueron sumando demostrando que el “hasta el tiempo que se determine” era real.
La coqueta plaza pasó a ser el centro neurálgico de todos los reclamos de los trabajadores. Llegaron a haber a la vez más de 200 carpas y precarias casas de madera que se fueron instalando con el paso del tiempo. Popularmente se la dejó de llamar como la fecha patria para ser reconocida como “de la Dignidad” para algunos o “del Aguante” para otros.
Cientos de personas cambiaron las comodidades de su hogar para vivir y dormir ahí, y otros miles visitaban el lugar todos los días. Se organizaban debates, reuniones, ollas populares, guitarreadas, shows de bandas y por sobre todas las cosas, se preparaban y pensaban las siguientes manifestaciones.
La vida no fue del todo pacífica, ya que los autoconvocados sufrieron cada noche de frío, lluvias y hambre, también las represalias de los simpatizantes del Partido Nuevo, que los imitaron ocupando la Plaza Cabral y visitándolos de forma poco amistosa en alguna oportunidad.
La escuela Sarmiento, ubicada en frente, pasó a ser el depósito de las mercaderías que juntaban con el apoyo político y de la ciudadanía. Mientras que las dependencias públicas y sedes partidarias ubicadas cerca permitieron que se usen sus baños.
Allí se vieron las lágrimas de sufrimiento de los miles de autoconvocados que vivían las penurias económicas de no cobrar, pero también las alegrías como cuando suspendieron a Pedro Braillard Poccard o cuando intervinieron la Municipalidad de Corrientes, bastión nuevista. Ni hablar cuando en agosto ordenaron la detención de Raúl Romero Feris.
La plaza supo ser en su apogeo una fuente de poder que luchó mientras pudo por una provincia mejor. Ya no se discutía sólo por los sueldos, sus reclamos iban mucho más allá, querían una Corrientes con más justicia, con más oportunidades y que pueda desarrollarse de forma óptima y transparente.
Con el paso de los meses, el desgaste se hizo sentir y varios sectores fueron dejando el espacio. Con la gestión de Hugo Perié se logró pagar algunos meses de sueldo, descomprimiendo aún más la situación.
Algunas carpas se quedaron incluso hasta bien entrado el 2000 con la Intervención Federal ya gobernando.
Actualmente, la plaza 25 de Mayo volvió a ser una coqueta manzana en el corazón del centro cívico. “La Dignidad” o “el Aguante” ya no existen, pero quedó en el recuerdo como un espacio de protesta y de una inédita organización social para la historia de Corrientes.