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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Alberto y el perdón

Por Jorge Fontevecchia

Nota publicada en el diario Perfil

No le alcanza al candidato a presidente por el Frente de Todos con pedir perdón a los cordobeses por haber maltratado a su provincia durante el último gobierno, como hizo esta semana tras visitar a Juan Schiaretti. No le alcanza con pedir perdón por los errores de Cristina Kirchner que él mismo criticó cuando dejó de ser su jefe de Gabinete. Para ser creíble tiene que pedir perdón también por sus propios errores y los del gobierno de Néstor Kirchner, que no fue republicanamente mejor que el de su esposa y peor en términos de corrupción. Comenzando por pedirle perdón al periodismo, al que él y Néstor Kirchner personalmente agredieron.

Los problemas con el periodismo no comenzaron a partir de la salida de Alberto Fernández del gobierno. Fue él quien hizo levantar a Pepe Eliaschev de Radio Nacional, fue estando él a cargo del gabinete que Lanata se quedó sin poder hacer televisión en ningún canal y fue él quien le dijo a la misión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en 2006 que Editorial Perfil no recibía publicidad oficial porque era extorsionadora.

En el libro Noticias bajo fuego, Gustavo González lo relata con precisión: “El titular de la SIP confesó que su tarea en la Argentina estaba resultando más difícil de lo esperado. Esa mañana habían sido recibidos por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quien negó cualquier tipo de presión sobre los medios de comunicación. (...) (...) La delegación también había visitado a algunos periodistas, pero los encuentros no habían dado mejor resultado. Según confiaron en la reunión con Noticias, algunos directivos de medios les habían pedido discreción sobre lo que dirían por temor a sufrir represalias del Gobierno. De hecho, ni esos medios, ni la SIP hicieron públicas esas reuniones. (...) Tiempo después, también nos enteraríamos de que Héctor Magnetto, el CEO de Clarín, no recibió a la delegación de la SIP. Los enviados se quedaron sorprendidos cuando quien los atendió fue un enviado suyo ‘en un hall, casi de parados’. (...)

El perdón en la religión es equivalente a la democracia en la política, son los dos grandes inventos diseñados para resolver conflictos. Perdón viene de perder, derivado de dar, quien perdona dona y el ejercicio de la democracia impone a sus actores la disposición a dar su perdón a quien lo solicita y reconoce su error. El periodismo, como actor del sistema democrático, debe aceptar las disculpas de quienes lo ofendieron dando vuelta la página de la historia, pero esas disculpas deben ser expresas, públicas, sinceras y reconociendo los errores.

El perdón le sería sanador a Alberto Fernández, pero hasta ahora no reconoció su participación en los innumerables ataques a la prensa que se produjeron durante el gobierno que él condujo. 

Si no cambia su narración sobre la relación con el periodismo, incluyendo una sincera autocrítica que lo involucre, seguirá repitiendo días aciagos como el miércoles pasado, cuando con horas de diferencia discutió en Córdoba con el periodista de Telefe, Héctor Emanuele, a la salida de Comodoro Py con Mercedes Ninci, y más tarde con Jonatan Viale por radio, haciendo que esas discusiones fueran los temas más mencionados en redes sociales.

Jonatan Viale le dijo: “Mi pregunta es si no se van a repetir esos viejos errores del kirchnerismo persiguiendo periodistas”, a lo que Alberto Fernández respondió: “¿Yo cometí esos errores? Entonces no me pidas que no los cometa cuando no los cometí”. Alberto Fernández sí cometió esos errores; la viuda de Eliaschev, Lanata y todos los periodistas de Editorial Perfil, entre otros, son testigos de que los cometió. Freud explicaba que la memoria es ficcional y la negación, el primer mecanismo de defensa. Si ese fuera su síntoma, sería bueno para su campaña que lo superara rápido porque los periodistas se lo van a recordar siempre, como le sucedió también hace dos años en el programa Nos estamos conociendo, de Radio Nacional o como, salvando las incomparables diferencias, le sucedía a Yabrán.

El periodismo es, por su tarea, omnipresente, y el remedio para su herida es la contrición de quien la produjo.

En otro tramo, Alberto Fernández es quien interroga a Jonatan Viaje diciéndole: “Te hago una pregunta, hace muchos años hablamos, ¿yo alguna vez les dije a ustedes ‘voy a hablar, pero no me pregunten de esto’?”. Jonatan Viale es un gran periodista, pero cuando Alberto Fernández asumió como jefe de Gabinete tenía 17 años y no pudo vivir que, peor que decirles a los periodistas (“ustedes”) que no debían preguntar, directamente no hablaba con los periodistas críticos y muchos hasta tenían prohibida la entrada a la Casa Rosada, como el caso de los de Editorial Perfil (...).

Nadie puede escapar a su pasado, mucho menos a los conflictos con el periodismo, cuya misión es ser testigo permanente de la historia. El único remedio es hacer un duelo con lo hecho mal, pedir perdón y cambiar de verdad.

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