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Noche chamamecera con los Hermanos Espíndola

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Un lugar con nutrida agenda de grupos chamameceros hacen de El Bodegón una esfera. Días atrás se habían presentado Los Hermanos Espíndola. 
    La gastronomía también es el plato fuerte del lugar, el asado se sirve caliente y humeante despertando aún más el apetito de los comensales. Un rincón oficia de pista de baile. 
Es una noche de familiares y amigos. Hay muchas sonrisas encendidas que brillan en el ambiente. Una pareja baila un chamamé lento, de pasos suaves y casi besándose los cachetes. Se roban algunas miradas, cada tanto se suma una nueva pareja.  
El lugar tiene en una de sus paredes dibujado un mural chamamecero y correntinos.
La red blanca y el nombre aparece dibujado junto con acordeones, pájaros, árboles, un molino, hojas, letras, una casa. Las otras paredes vidriadas dan a la rotonda 3 de Abril y a la calle lateral Juan Pampín. 
Desde el escenario los músicos saludan al grupo El Taita, que antes se llamaba El guiso de lenteja. Los Hermanos Espíndola invitaron después a parte del público a cantar. 
El broche de oro fue cuando subió Cacho Espíndola. Además, una niña de diez años enamoró a todos con su voz cándida y feliz. 
En el universo intelectual, músicos y difusores del chamamé, hay discrepancias sobre la proclamación de esta música como patrimonio de la humanidad. 
Hay posturas a favor y posturas en contra. Sin embargo, el chamamé goza de buena salud: en espacios, bares, lugares públicos y no gubernamentales se sigue difundiendo chamamé. 

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Noche chamamecera con los Hermanos Espíndola

Un lugar con nutrida agenda de grupos chamameceros hacen de El Bodegón una esfera. Días atrás se habían presentado Los Hermanos Espíndola. 
    La gastronomía también es el plato fuerte del lugar, el asado se sirve caliente y humeante despertando aún más el apetito de los comensales. Un rincón oficia de pista de baile. 
Es una noche de familiares y amigos. Hay muchas sonrisas encendidas que brillan en el ambiente. Una pareja baila un chamamé lento, de pasos suaves y casi besándose los cachetes. Se roban algunas miradas, cada tanto se suma una nueva pareja.  
El lugar tiene en una de sus paredes dibujado un mural chamamecero y correntinos.
La red blanca y el nombre aparece dibujado junto con acordeones, pájaros, árboles, un molino, hojas, letras, una casa. Las otras paredes vidriadas dan a la rotonda 3 de Abril y a la calle lateral Juan Pampín. 
Desde el escenario los músicos saludan al grupo El Taita, que antes se llamaba El guiso de lenteja. Los Hermanos Espíndola invitaron después a parte del público a cantar. 
El broche de oro fue cuando subió Cacho Espíndola. Además, una niña de diez años enamoró a todos con su voz cándida y feliz. 
En el universo intelectual, músicos y difusores del chamamé, hay discrepancias sobre la proclamación de esta música como patrimonio de la humanidad. 
Hay posturas a favor y posturas en contra. Sin embargo, el chamamé goza de buena salud: en espacios, bares, lugares públicos y no gubernamentales se sigue difundiendo chamamé.