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La “verdad” cada vez más vulnerada

La verdad, hoy, se vulnera, se maltrata y mal interpreta, porque se la reduce a un momento, un lugar y una circunstancia, para revertirla y desconocerla cuando ya no reditúa.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora familiar

Hace más de dos mil años dijo Jesús “la verdad os hará libres”, advirtiéndonos del daño de la mentira y de sus consecuencias.
La verdad, hoy, se vulnera, se maltrata y mal interpreta, porque se la reduce a un momento, un lugar y una circunstancia, para revertirla y desconocerla cuando ya no reditúa.
Trataré de ser clara, la mentira, como antónimo de la verdad, es aliada del enemigo, es amiga de aquel que nos quiere mal y no nos respeta. Esto sucede demasiado a menudo como para desconocer que constantemente nos mienten, asegurando decirnos la verdad. Allí está el mayor engaño.
Hay que saber valorar la verdad. La palabra dada o pronunciada debe mantenerse siempre, porque si no puede mantenerse en el tiempo, deja de ser genuinamente verdad.
La verdad es sólo una, no hay dos verdades, la verdad es siempre absoluta y cuando se la vulnera se bastardea su esencia.
¿Por qué hablo de verdad? Hablo de verdad porque compruebo, escucho y veo, que cada vez se miente más, ya que toda vez que las personas se desdicen de lo aseverado contundentemente alguna vez, están mintiendo ahora, o han mentido antes. Y se hace con un descaro y liviandad que asusta por el des-compromiso que esto significa.
La verdad que se sostiene sólo si es conveniente y nunca si es riesgosa, es mentira disfrazada de verdad. Lastima grande porque se defrauda a quien la aceptó como cierta y, por supuesto, como permanente, y confió en esa palabra, en ese pensamiento, en esa promesa.
Ejemplos hay muchos, lo encontramos en personajes descarados que no conocen la vergüenza de no saber mantener la palabra alguna vez empeñada como cierta, y dada como garantía de lo que se aseveraba, prometía o manifestaba con convicción aparente.
No mantener la palabra que se dio por cierta, termina creando desconfianza y lo peor que le puede pasar a una persona es dejar de ser confiable, porque pierde su honorabilidad.
Podemos pensar que sólo los veleidosos, acomodaticios y trepadores son los que cambian su palabra, porque se cumple aquello que dice “si no vives como piensas, terminas pensando como vives”.
El que pueda entender que entienda a lo que me refiero y el que no, que siga confiando en aquellos que están siempre dispuestos a traicionar, abandonando los compromisos, las promesas y su deber ser.
La mejor manera de defenderse de la mentira es la educación, porque abre la mente y enseña a pensar y descubrir lo cierto de lo falso, lo conveniente de lo inconveniente y prepara para evaluar lo que se plantea como promesa, pero con fecha de vencimiento, de aquella que es convicción real y verdadera.
Lo cierto es siempre que si tu palabra no vale, dejas de valer tú.

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La “verdad” cada vez más vulnerada

La verdad, hoy, se vulnera, se maltrata y mal interpreta, porque se la reduce a un momento, un lugar y una circunstancia, para revertirla y desconocerla cuando ya no reditúa.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora familiar

Hace más de dos mil años dijo Jesús “la verdad os hará libres”, advirtiéndonos del daño de la mentira y de sus consecuencias.
La verdad, hoy, se vulnera, se maltrata y mal interpreta, porque se la reduce a un momento, un lugar y una circunstancia, para revertirla y desconocerla cuando ya no reditúa.
Trataré de ser clara, la mentira, como antónimo de la verdad, es aliada del enemigo, es amiga de aquel que nos quiere mal y no nos respeta. Esto sucede demasiado a menudo como para desconocer que constantemente nos mienten, asegurando decirnos la verdad. Allí está el mayor engaño.
Hay que saber valorar la verdad. La palabra dada o pronunciada debe mantenerse siempre, porque si no puede mantenerse en el tiempo, deja de ser genuinamente verdad.
La verdad es sólo una, no hay dos verdades, la verdad es siempre absoluta y cuando se la vulnera se bastardea su esencia.
¿Por qué hablo de verdad? Hablo de verdad porque compruebo, escucho y veo, que cada vez se miente más, ya que toda vez que las personas se desdicen de lo aseverado contundentemente alguna vez, están mintiendo ahora, o han mentido antes. Y se hace con un descaro y liviandad que asusta por el des-compromiso que esto significa.
La verdad que se sostiene sólo si es conveniente y nunca si es riesgosa, es mentira disfrazada de verdad. Lastima grande porque se defrauda a quien la aceptó como cierta y, por supuesto, como permanente, y confió en esa palabra, en ese pensamiento, en esa promesa.
Ejemplos hay muchos, lo encontramos en personajes descarados que no conocen la vergüenza de no saber mantener la palabra alguna vez empeñada como cierta, y dada como garantía de lo que se aseveraba, prometía o manifestaba con convicción aparente.
No mantener la palabra que se dio por cierta, termina creando desconfianza y lo peor que le puede pasar a una persona es dejar de ser confiable, porque pierde su honorabilidad.
Podemos pensar que sólo los veleidosos, acomodaticios y trepadores son los que cambian su palabra, porque se cumple aquello que dice “si no vives como piensas, terminas pensando como vives”.
El que pueda entender que entienda a lo que me refiero y el que no, que siga confiando en aquellos que están siempre dispuestos a traicionar, abandonando los compromisos, las promesas y su deber ser.
La mejor manera de defenderse de la mentira es la educación, porque abre la mente y enseña a pensar y descubrir lo cierto de lo falso, lo conveniente de lo inconveniente y prepara para evaluar lo que se plantea como promesa, pero con fecha de vencimiento, de aquella que es convicción real y verdadera.
Lo cierto es siempre que si tu palabra no vale, dejas de valer tú.