ellitoral.com.ar

Martes 15 de Octubre de 2019 CORRIENTES14°Pronóstico Extendido clima_nublado

Dolar Compra: $56,00

Dolar Venta: $59,50

Argentina vota centro

Miguel Angel Pichetto sostiene que Cristina Kirchner “debe estar arrepentida” de haberle cedido a Alberto Fernández el primer lugar en la fórmula presidencial porque la diferencia a favor frente a Juntos por el Cambio fue tan grande, que para ganar no hubiera precisado el aporte de alguna forma de moderación.
Quienes conocen el ecosistema del Instituto Patria sostienen que Cristina Kirchner dos meses antes de elegir a Alberto Fernández, ya creía que podía ganarle a Macri; en marzo, cuando Grabois lanzó su campaña de afiches “Ella le gana” y la economía indicaba que no llegaba la recuperación que el Gobierno pronosticaba una y otra vez sin éxito. Asegura Jorge Fontevecchia en Perfil.
Pero su preocupación no se reducía sólo a ganar sino a, después, gobernar un país siempre complicado como la Argentina, que requeriría acuerdos con bases sociales y alianzas políticas más amplias que las del kirchnerismo y sus simpatizantes naturales. Y gobernar con éxito, porque un triunfo electoral con fracaso en la gestión es peor castigo que perder las elecciones, como lo comprobó Macri estos años.
Donde sumaba Alberto Fernández era precisamente asegurando gobernabilidad, pero no sólo por él mismo sino por lo que podría acercar: el campo político al que perteneció desde que dejó de ser jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, hace más de una década: la “ancha” avenida del medio, el Frente Renovador, Alternativa Federal, Consenso Federal, entre las distintas formas de denominar la tercera vía de quienes no querían ni a Macri ni a Cristina.
El desaprovechado entusiasmo que generó la candidatura de Lavagna durante el verano fue una señal de que “la demanda estaba” como decía el propio Lavagna, quien no la supo, quiso o pudo vertebrar. Pero la visibilidad que obtuvieron sus sandalias con medias en las playas de Cariló fue un síntoma de que había una expectativa latente en el tercio del país que no era incondicional de Cristina Kirchner ni de Macri. Por entonces, ocho de los 13 gobernadores que hoy apoyan la candidatura del Frente de Todos, más Sergio Massa, eran parte significativa de ese conjunto. Y hasta no mucho tiempo antes el propio Alberto Fernández integraba ese tercio del país.
 No es improbable que Alberto Fernández termine superando el 60% del total de votos en octubre y, de ser así, que la diferencia con Macri termine siendo de más del 25%, confirmando parte de la tesis de Miguel Pichetto sobre que el resultado de las Paso demostraría que Cristina Kirchner podría haber ganado las elecciones sin Alberto Fernández aunque, nuevamente, después no tuviera la fuerza suficiente para gobernar.
El acierto estratégico del Frente de Todos al cooptar gran parte del medio independiente es el espejo invertido del fracaso de Macri para construir una alianza que le hubiera permitido gobernar con más apoyo entre 2015 y 2019, y le permitiera ganar estas elecciones. Hacia donde fuera el medio iría el país, condicionando el triunfo electoral y el plan de gobierno.
La falta de integración del medio no sólo marcó el fracaso del gobierno de Macri sino también el de Cristina Kirchner al radicalizarse sobre sí misma durante su última presidencia. Haber aprendido esa lección marcará esta nueva oportunidad que le da el destino. Paralelamente, la sociedad argentina repetidamente da señales de una vocación centrista reclamando alguna forma de síntesis a los actores de cada una de las polarizaciones que se han dando.
Macri ganó en 2015 porque logró crearle al medio expectativas de esa síntesis: el viaje a Davos llevando a Sergio Massa como parte de la comitiva a dos meses de haber asumido es uno de los tantos ejemplos. Pero dentro del PRO se impuso la idea de la pureza, de quienes creían que cosecharían más adherencias si no se contaminaban con otras fuerzas, dirigentes y pensamientos. Progresivamente, el PRO se fue desperonizando para quedar reducido al antiperonismo, que es una fuerza importante en la Argentina: aun en las elecciones de octubre de 1973, cuando era el propio Perón que volvía del exilio el candidato y fue el presidente elegido por mayor porcentaje de votos (61,85%), hubo un tercio de votos en el antiperonismo. 
Que Argentina vote centro no quiere decir que el triunfo del medio en las elecciones se plasme luego en el gobierno. Una vez electos, los presidentes al empoderarse tienden a extremarse.

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

Argentina vota centro

Miguel Angel Pichetto sostiene que Cristina Kirchner “debe estar arrepentida” de haberle cedido a Alberto Fernández el primer lugar en la fórmula presidencial porque la diferencia a favor frente a Juntos por el Cambio fue tan grande, que para ganar no hubiera precisado el aporte de alguna forma de moderación.
Quienes conocen el ecosistema del Instituto Patria sostienen que Cristina Kirchner dos meses antes de elegir a Alberto Fernández, ya creía que podía ganarle a Macri; en marzo, cuando Grabois lanzó su campaña de afiches “Ella le gana” y la economía indicaba que no llegaba la recuperación que el Gobierno pronosticaba una y otra vez sin éxito. Asegura Jorge Fontevecchia en Perfil.
Pero su preocupación no se reducía sólo a ganar sino a, después, gobernar un país siempre complicado como la Argentina, que requeriría acuerdos con bases sociales y alianzas políticas más amplias que las del kirchnerismo y sus simpatizantes naturales. Y gobernar con éxito, porque un triunfo electoral con fracaso en la gestión es peor castigo que perder las elecciones, como lo comprobó Macri estos años.
Donde sumaba Alberto Fernández era precisamente asegurando gobernabilidad, pero no sólo por él mismo sino por lo que podría acercar: el campo político al que perteneció desde que dejó de ser jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, hace más de una década: la “ancha” avenida del medio, el Frente Renovador, Alternativa Federal, Consenso Federal, entre las distintas formas de denominar la tercera vía de quienes no querían ni a Macri ni a Cristina.
El desaprovechado entusiasmo que generó la candidatura de Lavagna durante el verano fue una señal de que “la demanda estaba” como decía el propio Lavagna, quien no la supo, quiso o pudo vertebrar. Pero la visibilidad que obtuvieron sus sandalias con medias en las playas de Cariló fue un síntoma de que había una expectativa latente en el tercio del país que no era incondicional de Cristina Kirchner ni de Macri. Por entonces, ocho de los 13 gobernadores que hoy apoyan la candidatura del Frente de Todos, más Sergio Massa, eran parte significativa de ese conjunto. Y hasta no mucho tiempo antes el propio Alberto Fernández integraba ese tercio del país.
 No es improbable que Alberto Fernández termine superando el 60% del total de votos en octubre y, de ser así, que la diferencia con Macri termine siendo de más del 25%, confirmando parte de la tesis de Miguel Pichetto sobre que el resultado de las Paso demostraría que Cristina Kirchner podría haber ganado las elecciones sin Alberto Fernández aunque, nuevamente, después no tuviera la fuerza suficiente para gobernar.
El acierto estratégico del Frente de Todos al cooptar gran parte del medio independiente es el espejo invertido del fracaso de Macri para construir una alianza que le hubiera permitido gobernar con más apoyo entre 2015 y 2019, y le permitiera ganar estas elecciones. Hacia donde fuera el medio iría el país, condicionando el triunfo electoral y el plan de gobierno.
La falta de integración del medio no sólo marcó el fracaso del gobierno de Macri sino también el de Cristina Kirchner al radicalizarse sobre sí misma durante su última presidencia. Haber aprendido esa lección marcará esta nueva oportunidad que le da el destino. Paralelamente, la sociedad argentina repetidamente da señales de una vocación centrista reclamando alguna forma de síntesis a los actores de cada una de las polarizaciones que se han dando.
Macri ganó en 2015 porque logró crearle al medio expectativas de esa síntesis: el viaje a Davos llevando a Sergio Massa como parte de la comitiva a dos meses de haber asumido es uno de los tantos ejemplos. Pero dentro del PRO se impuso la idea de la pureza, de quienes creían que cosecharían más adherencias si no se contaminaban con otras fuerzas, dirigentes y pensamientos. Progresivamente, el PRO se fue desperonizando para quedar reducido al antiperonismo, que es una fuerza importante en la Argentina: aun en las elecciones de octubre de 1973, cuando era el propio Perón que volvía del exilio el candidato y fue el presidente elegido por mayor porcentaje de votos (61,85%), hubo un tercio de votos en el antiperonismo. 
Que Argentina vote centro no quiere decir que el triunfo del medio en las elecciones se plasme luego en el gobierno. Una vez electos, los presidentes al empoderarse tienden a extremarse.