Cabildo Abierto y soberanía popular
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Cabildo Abierto y soberanía popular

La noticia de que ya no había más autoridades en España que gobernaran a nombre de Fernando VII, cautivo de Napoleón, corrió por Buenos Aires como reguero de pólvora. En pocos días, el reclamo de “Cabildo Abierto” para decidir el futuro se instaló. Las crónicas cuentan que fueron frecuentes, en las fondas y cafés, las discusiones que dividían a “peninsulares” de “americanos”; muchas terminaron de modo violento.
Había, en efecto, rencores acumulados: indios y negros, marginados de toda consideración social; criollos (civiles, militares y religiosos) oprimidos por la burocracia realista y, por fin, las mujeres todas, sometidas a vidas sin acceso a “lo público”.
La caldera social de aquel rígido Antiguo Régimen sumó presión hasta que los hechos mundiales la hicieron explotar, y un nuevo contrato, una distinta organización social y política, se impuso.
La burguesía emergente necesitaba espacios democráticos, de una resumida elite con rapidez buscó sendas hacia el sufragio “universal”, y del librecambio para romper las cadenas del oprobioso monopolio comercial.
El Cabildo Abierto o “Congreso” celebrado el 22 de mayo reunió a la “parte decente” de la ciudad y se dio un debate intenso. El obispo Lué rompió el fuego: “Que mientras existiese en España un pedazo de tierra mandado por españoles, ese pedazo de tierra debía mandar a las Américas; y que, mientras existiese un solo español en las Américas, ese español debía mandar a los americanos”.
Lo rebatió Castelli reponiendo el tema central de la convocatoria, “si el Virrey debía cesar en el mando, reasumiéndolo el Cabildo” y rebatiendo al obispo afirmó que América no dependía de España sino del monarca y que en su ausencia caducaban todas sus delegaciones: “Al pueblo corresponde reasumir la soberanía del monarca”.
La propuesta realizada por Saavedra de encomendar al Cabildo el mando interino hasta que se conformara una Junta de Gobierno fue acompañada al grito de “¡Que se vote, que se vote!”, mientras desde la plaza respondían “¡Abajo Cisneros!”: la mayoría apoyó de modo contundente el fin del régimen virreinal y tres días después asume la Primera Junta. El principio de “retroversión de la soberanía en los pueblos” se había impuesto sintetizando diversas corrientes de pensamiento y variantes de “contractualismo”. Para Mariano Moreno eso no era sino el “contrato social” esgrimido por Rousseau, que, en acto, se denomina: “constitución del Estado”. La revolución de Mayo instaló así un nuevo principio político, el del pueblo soberano.
Esa misma idea fue retomada por la Confederación General del Trabajo en agosto de 1951 cuando, sobre la avenida 9 de julio, realizó una imponente movilización para exigir que Eva Perón integrara el binomio presidencial. Aquel fallido “cabildo abierto” culminó en el famoso “renunciamiento” de Evita: “no renuncio a la lucha ni al trabajo, renuncio a los honores”.
La pandemia replantea hoy el “modelo de país”. ¿Qué lugar ocuparán la educación y salud públicas?; ¿cuál la investigación científica y tecnológica? ¿Y los presupuestos para vivienda, para erradicar las “villas” y mejorar las cárceles? ¿Qué reasignaciones habrá para las prioridades sociales desatendidas por décadas? ¿cuál será el lugar de los bancos y las “grandes fortunas”? ¿Y los problemas ecológicos de un país que lidera el ránking en el uso de glifosato? ¿Qué haremos con el peligroso e invasivo manejo de las redes?
El Presidente ha destacado que “todo está en pausa”, que hay que “cambiar muchas cosas” y “salir de la incertidumbre” en pos de un “sistema más justo”, mencionó impuestos, salud, ambiente, justicia, que debe superar al “capitalismo salvaje”, y concluyó: “ha llegado la oportunidad de barajar y dar de vuelta”. ¿Prevenciones? Sí; la dirigencia política no ha sido muy coherente con sus dichos y promesas.
Pensar la Argentina futura en una América y un mundo distintos, de la aldea a lo global, implica un nuevo “pacto social” y para alcanzarlo se impone una nueva “retroversión de la soberanía”, que asegure la más amplia participación ciudadana en un diseño colectivo y democrático, modificando agotados sistemas de representación y toda forma corporativa de gestión.
Así como aquel Cabildo Abierto puso en marcha la construcción republicana y el concepto de ciudadanía, así es también un referente para la gravísima hora presente que nos desafía a revertir de una vez la decadencia.

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Cabildo Abierto y soberanía popular

La noticia de que ya no había más autoridades en España que gobernaran a nombre de Fernando VII, cautivo de Napoleón, corrió por Buenos Aires como reguero de pólvora. En pocos días, el reclamo de “Cabildo Abierto” para decidir el futuro se instaló. Las crónicas cuentan que fueron frecuentes, en las fondas y cafés, las discusiones que dividían a “peninsulares” de “americanos”; muchas terminaron de modo violento.
Había, en efecto, rencores acumulados: indios y negros, marginados de toda consideración social; criollos (civiles, militares y religiosos) oprimidos por la burocracia realista y, por fin, las mujeres todas, sometidas a vidas sin acceso a “lo público”.
La caldera social de aquel rígido Antiguo Régimen sumó presión hasta que los hechos mundiales la hicieron explotar, y un nuevo contrato, una distinta organización social y política, se impuso.
La burguesía emergente necesitaba espacios democráticos, de una resumida elite con rapidez buscó sendas hacia el sufragio “universal”, y del librecambio para romper las cadenas del oprobioso monopolio comercial.
El Cabildo Abierto o “Congreso” celebrado el 22 de mayo reunió a la “parte decente” de la ciudad y se dio un debate intenso. El obispo Lué rompió el fuego: “Que mientras existiese en España un pedazo de tierra mandado por españoles, ese pedazo de tierra debía mandar a las Américas; y que, mientras existiese un solo español en las Américas, ese español debía mandar a los americanos”.
Lo rebatió Castelli reponiendo el tema central de la convocatoria, “si el Virrey debía cesar en el mando, reasumiéndolo el Cabildo” y rebatiendo al obispo afirmó que América no dependía de España sino del monarca y que en su ausencia caducaban todas sus delegaciones: “Al pueblo corresponde reasumir la soberanía del monarca”.
La propuesta realizada por Saavedra de encomendar al Cabildo el mando interino hasta que se conformara una Junta de Gobierno fue acompañada al grito de “¡Que se vote, que se vote!”, mientras desde la plaza respondían “¡Abajo Cisneros!”: la mayoría apoyó de modo contundente el fin del régimen virreinal y tres días después asume la Primera Junta. El principio de “retroversión de la soberanía en los pueblos” se había impuesto sintetizando diversas corrientes de pensamiento y variantes de “contractualismo”. Para Mariano Moreno eso no era sino el “contrato social” esgrimido por Rousseau, que, en acto, se denomina: “constitución del Estado”. La revolución de Mayo instaló así un nuevo principio político, el del pueblo soberano.
Esa misma idea fue retomada por la Confederación General del Trabajo en agosto de 1951 cuando, sobre la avenida 9 de julio, realizó una imponente movilización para exigir que Eva Perón integrara el binomio presidencial. Aquel fallido “cabildo abierto” culminó en el famoso “renunciamiento” de Evita: “no renuncio a la lucha ni al trabajo, renuncio a los honores”.
La pandemia replantea hoy el “modelo de país”. ¿Qué lugar ocuparán la educación y salud públicas?; ¿cuál la investigación científica y tecnológica? ¿Y los presupuestos para vivienda, para erradicar las “villas” y mejorar las cárceles? ¿Qué reasignaciones habrá para las prioridades sociales desatendidas por décadas? ¿cuál será el lugar de los bancos y las “grandes fortunas”? ¿Y los problemas ecológicos de un país que lidera el ránking en el uso de glifosato? ¿Qué haremos con el peligroso e invasivo manejo de las redes?
El Presidente ha destacado que “todo está en pausa”, que hay que “cambiar muchas cosas” y “salir de la incertidumbre” en pos de un “sistema más justo”, mencionó impuestos, salud, ambiente, justicia, que debe superar al “capitalismo salvaje”, y concluyó: “ha llegado la oportunidad de barajar y dar de vuelta”. ¿Prevenciones? Sí; la dirigencia política no ha sido muy coherente con sus dichos y promesas.
Pensar la Argentina futura en una América y un mundo distintos, de la aldea a lo global, implica un nuevo “pacto social” y para alcanzarlo se impone una nueva “retroversión de la soberanía”, que asegure la más amplia participación ciudadana en un diseño colectivo y democrático, modificando agotados sistemas de representación y toda forma corporativa de gestión.
Así como aquel Cabildo Abierto puso en marcha la construcción republicana y el concepto de ciudadanía, así es también un referente para la gravísima hora presente que nos desafía a revertir de una vez la decadencia.