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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La trampa de los sobrecargos

El pago al FMI tiene en vilo a la Argentina y se ha convertido con la fuerza de una espada sobre las cabezas económicas del país, en el principal punto para destrabar lo que se considera, sería no solo un alivio, sino una posibilidad de volver a poner a flote a la maquinaria productiva.

Los sobrecargos que el Fondo pretende cobrar se convirtieron en una parte muy pesada de la mochila que carga la Nación y ayer el investigador senior del Peterson Institue for International Economics, Patrick Honohan, hizo consideraciones claras y contundentes sobre el asunto.

En una columna aparecida en la agencia Télam, el especialista dijo que  “con las tasas de interés pedaleando hacia arriba, la experiencia pasada nos dice que los mercados emergentes y otros prestatarios estresados enfrentarán intereses que aumentan mucho más que los tipos mayoristas en economías avanzadas financieramente sólidas. El miedo al incumplimiento en los mercados emergentes también puede cumplirse por sí mismo si los prestamistas cobran primas de alto riesgo”.

“Para ayudar a evitar esta trampa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) debe tomar la iniciativa en la protección de la sostenibilidad de la deuda al reevaluar su política sobre recargos de intereses para los grandes préstamos que probablemente se necesitarán después de la pandemia”.

“A principios de enero, un grupo de demócratas progresistas en el Congreso de Estado Unidos pidió a la secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, que pusiera fin a la política de recargos. Dijeron que el recargo ‘desalienta la inversión en salud pública por parte de los países en desarrollo’ y amenaza la recuperación económica mundial. Pero el Tesoro ha reiterado su apoyo al recargo, diciendo que es necesario para proteger la ‘integridad financiera’ del FMI”.

“Con las tasas de interés aún bajas, a la mayoría de los países les ha resultado fácil pagar las deudas que han acumulado. El servicio de la deuda fiscal en las economías de mercados emergentes de ingreso mediano ha estado funcionando en solo alrededor del 2 por ciento del PBI”.

“Y la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G20, que se prolongó hasta diciembre de 2021, ganó tiempo para muchos países de bajos ingresos”.

“Pero, ahora, hay muchos países con niveles de deuda tan altos que un aumento en las tasas de interés dentro de los rangos históricos podría inclinarlos hacia cargas de deuda insostenibles, con consecuencias potencialmente dolorosas”.

“La media docena de casos de impago de la deuda en los últimos años puede ser un presagio de problemas peores. De hecho, unas tres docenas de países se encuentran en la lista del Banco Mundial de países con alto riesgo de sobreendeudamiento. Alrededor de 40 países tienen índices de deuda pública superiores al 100 por ciento del PBI, incluida una docena de economías avanzadas. Incluso ignorando a los países más pequeños (con poblaciones por debajo de los cinco millones), todavía encontramos más de 20 economías emergentes o en desarrollo con una proporción superior al 80 por ciento”.

“Algunos de estos casos no se resolverán por completo sin una amortización de la deuda, algo que generalmente lleva años negociar, y la demora genera pérdidas de producción considerables”.

“Otros casos pueden depender para su supervivencia de la confianza de los inversores o estar condenados si los prestamistas no exigen una prima considerable por incumplimiento. Lamentablemente, debido a la combinación pandémica de bajas tasas de interés y rápida acumulación de deuda, los ingredientes están presente para caer en un pesimismo autocumplido en el que una prima de riesgo de incumplimiento en aumento lleva a un país directamente al incumplimiento que tanto los prestamistas como los prestatarios quisieran evitar”.

“De hecho, al anticipar una trampa de expectativas tan autocumplidas, es probable que los inversores astutos se retiren, cerrando el acceso del país a las finanzas internacionales”. Y concluye: “La acción unilateral del Fondo no eliminaría por completo la amenaza de reestructuraciones de deuda costosas y perturbadoras, pero ayudaría directamente y alentaría la acción de otros acreedores, públicos y privados”.

La revisión de los recargos impulsada por el G20 abrió sin dudas una oportunidad en un momento adecuado.

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