Si algo tiene garantizado Javier Milei en el camino que decidió emprender, son las tempestades.
Como indicó Juan Luis Bour, Economista jefe y director de FIEL, “dos meses atrás nos preguntábamos, tras la primera ronda de elecciones generales, hacia dónde iría la Argentina (¿Quo Vadis Argentina?). Las alternativas no eran buenas, pues se trataba de seguir por el mismo rumbo y naufragar, o de emprender algún sendero desconocido, plagado de riesgos, al mando de un equipo en formación y quizás inexperto, pero con perspectivas de llegar a mejores playas.
Y agrega: “Hoy sabemos que estamos embarcando una nave que elige transitar un rumbo que no aparece marcado en nuestras cartas náuticas y que, por lo tanto, no está exento de eventos inesperados y tormentosos, no siempre fáciles de prevenir. El capitán del barco nos advierte que nuestro rumbo será cualquier cosa menos suave, con perspectivas de fuertes tormentas y casi siempre lleno de baches.
La característica de este viaje de reformas emprendido por la Administración de Javier Milei es que no podemos bajarnos a mitad de camino de un trayecto que sabemos será agitado y tortuoso, por lo menos durante la primera parte del camino. Bajarse puede llevarnos -como en los juegos de mesa- a la posición inicial del juego, es decir al punto de partida, o a una situación peor.
Bajarse puede interpretarse de más de una forma: hay algunas reformas que son de “primera generación” y otras que son de segunda, tercera o cuarta generación. No es fácil elegir, pues muchas reformas están conectadas y reformas incompletas pueden tener escaso impacto real.
La habilidad del Poder Ejecutivo está en la estrategia que siga para maximizar el impacto de las reformas que se aprueben. Por el momento, no resulta claro si la mejor estrategia es el cambio global o una aproximación menos centralizada.
Lo que debería resultar claro, sin embargo, es que una cuestión es la aproximación al proceso de reformas, y otro el contenido de las reformas mismas: reemplazar las propuestas actuales por propuestas más “lavadas” es una forma de gatopardismo que, curiosamente, coincide con la pretensión de hacer cambios tan radicales que finalmente provocan que todo permanezca como hoy está, sin cambios.
Con el correr de los días aparecen los baches del camino y los responsables de estos. La primera oposición exitosa en su primer intento al proceso de reformas estuvo a cargo -no podía ser menos- de la central sindical general que logró una medida cautelar en Cámara que bloquea las reformas laborales impulsadas a través de un DNU.
La oposición a las reformas laborales para establecer mecanismos más democráticos de decisiones en el ambiente del trabajo atraviesa a todos los gobiernos constitucionales desde 1983 a la fecha. Fue, de hecho, la primera derrota importante del Presidente Raúl Alfonsín, y cosechó fracasos con los presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri.
A la resistencia laboral le seguirán trincheras levantadas por distintos sectores empresarios, gremiales y corporativos, que procurarán mantener restricciones a la competencia como fuente de ganancias extraordinarias. Será el turno legislativo, en primer lugar, y de la justicia en lo inmediato, de determinar cuál es el régimen que prevalecerá de aquí en más.
Es casi inútil señalar que oponerse al bloqueo a una planta productiva hasta el punto de obligar al cierre de esta tiene poco que ver con el funcionamiento de un sistema democrático y de economía de mercado. No se trata de aplicar los métodos “socialistas” para evitar bloqueos, sino de limitar tales actos y sancionarlos para encauzar los conflictos por mecanismos civilizados, evitando la barbarie”.