ellitoral.com.ar
Política exterior: revisar la agenda

Política exterior: revisar la agenda

Nuestra diplomacia debe contribuir a generar en nuestra región las mejores condiciones de seguridad, manteniéndose alejada de los discursos rupturistas.
 

Por Carlos Pérez Llana
Profesor de Relaciones Internacionales 
(Univ. Siglo21 y Utdt) y analista internacional. Nota publicada en el diario Clarín.


Días pasados, mientras el Presidente esperaba, desde Davos, “buenas noticias” provenientes de París, en orden a destrabar las negociaciones del Acuerdo Comercial Europa/Mercosur, su par francés recorría la “Francia profunda y rural”. En un verdadero peregrinaje cargado de símbolos, Emmanuel Macron visitó los feudos rurales de Francois Mitterrand y Valéry Giscard d' Estaing. 
Estos dos presidentes simbolizan el espacio político social-liberal sobre el cual se sustenta “En Marcha”, partido fundado por el actual Presidente. En esas jornadas, Macron ratificó su adhesión a la identidad francesa asociada a la tierra, con un discurso que viene de lejos en defensa de la política agrícola-ganadera. No era ajeno a estos gestos el fantasma lepenista, consolidado en el mundo rural, porque el 28 de enero se desarrollaban elecciones parciales en algunas de esas geografías.
Macron es un líder político referencial y su “diplomacia teatral” brilla cuando Alemania lleva meses sin gobierno y Londres administra patéticamente el divorcio del Brexit. Macron, un europeísta confeso, es un estratega que no ignora las ventajas que significa para Europa firmar nuevos acuerdos comerciales en tiempos donde se avizora una guerra comercial asociada al “momento Trump”. Pero su visión de la política exterior es global, incluye la diplomacia comercial, como lo acaba demostrar semanas pasadas en Pekín abriendo mercado para las carnes francesas, impulsando la venta de aviones, de plantas de tratamiento de desechos nucleares y defendiendo el medio ambiente.
La Argentina logró volver al mundo, en verdad estaba, pero con malas alianzas y con una agenda ideologizada. Fuimos recibidos porque hubo un cambio de rumbo. En ese giro, la compatibilización de necesidades internas y oportunidades externas resultó una fórmula eficaz. El Gobierno tradujo ese formato en una diplomacia basada en la captación de mercados e inversiones. El ejercicio fue necesario, pero hoy resulta insuficiente básicamente por dos razones: una mala historia económica, que se alimenta de inflación e incertidumbre, no se logra borrar en plazos cortos y no es fácil abrir mercados porque la competencia es ardua y nuestros costos son elevados.
Una visión más global de la política exterior debe y puede ser adoptada. Ahora bien, ¿qué supone? Prioridad: identificar tendencias, transformación geopolítica y revolución tecnológica. El siglo XXI será chino y en la era digital el “driver tecnológico” es la inteligencia artificial. Dos citas son elocuentes: Jia Qingguo, de la Universidad de Pekín, sostiene que “el liderazgo los Estados Unidos no lo están perdiendo, lo están entregando” y E. Schmidt -del Board de la innovación para la Defensa americana- en el Encuentro sobre Inteligencia Artificial y Seguridad Global (11/2017) afirmó que “en el 2020 China alcanzará a los Estados Unidos y los superará en los 30”. Definido el contexto, mejorando la diplomacia comercial y dejando de aludir al “volvimos al mundo”, una diplomacia global al menos debería contener cinco prioridades.
La primera está asociada con la seguridad. El Informe del Eurasia Group, presentado en Davos, advierte que desde el 2008 los riesgos geopolíticos nunca han sido tan elevados. Contribuyen la política trumpista y los problemas estructurales asociados a las desigualdades crecientes. Por esa razón nuestra diplomacia debe contribuir a generar en nuestra región las mejores condiciones de seguridad, manteniéndose alejada de los discursos rupturistas. La abstención de la Argentina en la ONU en el voto de condena a la decisión americana de reconocer a Jerusalén como Capital de Israel, constituyó una ruptura con una tradición, basada en principios e intereses, y nos colocó en un espacio diplomático desaconsejable.
La segunda refiere a la agenda ambiental. La Argentina está bien colocada en energías renovables. La tercera alude a la defensa del multilateralismo, particularmente el comercial. El proteccionismo es un mundo de fracturas, donde imponen la ley los más fuertes. En la Cumbre de Buenos Aires se advirtió la fragilidad de la OMC, es una prioridad preservar esa diplomacia. Están en juego nuestros mercados. Sin duda, un tema para la Cumbre del G20.
La cuarta prioridad apunta a insertarnos en la agenda de las transformaciones ligadas a la inteligencia artificial.

¿Te gustó la nota?
Comentarios

Política exterior: revisar la agenda

Nuestra diplomacia debe contribuir a generar en nuestra región las mejores condiciones de seguridad, manteniéndose alejada de los discursos rupturistas.
 

La visión de Eugenio Raúl Zaffaroni es una visión antidemocrática, por los que no debiera seguir formando parte de la Cidh.  Germán Garavano Ministro de Justicia de la Nación 

Por Carlos Pérez Llana
Profesor de Relaciones Internacionales 
(Univ. Siglo21 y Utdt) y analista internacional. Nota publicada en el diario Clarín.


Días pasados, mientras el Presidente esperaba, desde Davos, “buenas noticias” provenientes de París, en orden a destrabar las negociaciones del Acuerdo Comercial Europa/Mercosur, su par francés recorría la “Francia profunda y rural”. En un verdadero peregrinaje cargado de símbolos, Emmanuel Macron visitó los feudos rurales de Francois Mitterrand y Valéry Giscard d' Estaing. 
Estos dos presidentes simbolizan el espacio político social-liberal sobre el cual se sustenta “En Marcha”, partido fundado por el actual Presidente. En esas jornadas, Macron ratificó su adhesión a la identidad francesa asociada a la tierra, con un discurso que viene de lejos en defensa de la política agrícola-ganadera. No era ajeno a estos gestos el fantasma lepenista, consolidado en el mundo rural, porque el 28 de enero se desarrollaban elecciones parciales en algunas de esas geografías.
Macron es un líder político referencial y su “diplomacia teatral” brilla cuando Alemania lleva meses sin gobierno y Londres administra patéticamente el divorcio del Brexit. Macron, un europeísta confeso, es un estratega que no ignora las ventajas que significa para Europa firmar nuevos acuerdos comerciales en tiempos donde se avizora una guerra comercial asociada al “momento Trump”. Pero su visión de la política exterior es global, incluye la diplomacia comercial, como lo acaba demostrar semanas pasadas en Pekín abriendo mercado para las carnes francesas, impulsando la venta de aviones, de plantas de tratamiento de desechos nucleares y defendiendo el medio ambiente.
La Argentina logró volver al mundo, en verdad estaba, pero con malas alianzas y con una agenda ideologizada. Fuimos recibidos porque hubo un cambio de rumbo. En ese giro, la compatibilización de necesidades internas y oportunidades externas resultó una fórmula eficaz. El Gobierno tradujo ese formato en una diplomacia basada en la captación de mercados e inversiones. El ejercicio fue necesario, pero hoy resulta insuficiente básicamente por dos razones: una mala historia económica, que se alimenta de inflación e incertidumbre, no se logra borrar en plazos cortos y no es fácil abrir mercados porque la competencia es ardua y nuestros costos son elevados.
Una visión más global de la política exterior debe y puede ser adoptada. Ahora bien, ¿qué supone? Prioridad: identificar tendencias, transformación geopolítica y revolución tecnológica. El siglo XXI será chino y en la era digital el “driver tecnológico” es la inteligencia artificial. Dos citas son elocuentes: Jia Qingguo, de la Universidad de Pekín, sostiene que “el liderazgo los Estados Unidos no lo están perdiendo, lo están entregando” y E. Schmidt -del Board de la innovación para la Defensa americana- en el Encuentro sobre Inteligencia Artificial y Seguridad Global (11/2017) afirmó que “en el 2020 China alcanzará a los Estados Unidos y los superará en los 30”. Definido el contexto, mejorando la diplomacia comercial y dejando de aludir al “volvimos al mundo”, una diplomacia global al menos debería contener cinco prioridades.
La primera está asociada con la seguridad. El Informe del Eurasia Group, presentado en Davos, advierte que desde el 2008 los riesgos geopolíticos nunca han sido tan elevados. Contribuyen la política trumpista y los problemas estructurales asociados a las desigualdades crecientes. Por esa razón nuestra diplomacia debe contribuir a generar en nuestra región las mejores condiciones de seguridad, manteniéndose alejada de los discursos rupturistas. La abstención de la Argentina en la ONU en el voto de condena a la decisión americana de reconocer a Jerusalén como Capital de Israel, constituyó una ruptura con una tradición, basada en principios e intereses, y nos colocó en un espacio diplomático desaconsejable.
La segunda refiere a la agenda ambiental. La Argentina está bien colocada en energías renovables. La tercera alude a la defensa del multilateralismo, particularmente el comercial. El proteccionismo es un mundo de fracturas, donde imponen la ley los más fuertes. En la Cumbre de Buenos Aires se advirtió la fragilidad de la OMC, es una prioridad preservar esa diplomacia. Están en juego nuestros mercados. Sin duda, un tema para la Cumbre del G20.
La cuarta prioridad apunta a insertarnos en la agenda de las transformaciones ligadas a la inteligencia artificial.

Logín