Los peronistas estamos mejor
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Los peronistas estamos mejor

Barrionuevo enfrentó a Cristina cuando esto costaba caro, en un país donde no hubo empresarios dignos y ahora todos se volvieron oficialistas de lo nuevo.
 

Por Julio Bárbaro
Nota publicada en infobae.com

Me enteré en el aeropuerto, un llamado para que responda sobre su nombramiento. Me sorprendió la decisión de la Justicia. Hacía meses que se hablaba de una intervención, muchos la habían solicitado, sobraban argumentos para hacerlo. Este señor, José Luis Gioja, había clausurado el Partido. En realidad lo cerraron los muchachos de La Cámpora: ellos son sectarios, lo fueron siempre, los demás les molestamos.
Juan D. Perón decía: “Ni sectarios ni excluyentes”, era un buen lector del futuro, estaba condenando a los kirchneristas. Raro engendro este donde los ricos del Sur, que nunca se ocuparon de los derechos humanos ni de nada parecido, terminan aliados con organismos que nacieron dignos y finalmente reivindicando a la misma violencia. Dos sectores que nunca soportaron al peronismo, ni los Kirchner ni los violentos de los setenta, pero se imaginaban de izquierda aunque nada tenía que ver con la justicia social.
Cuando fuimos con Duhalde a San Juan, al llegar, vino Gioja a pedirnos que nos reuniéramos con Carlos Menem, oficialista el hombre, siempre, no importa al servicio de quién, oficialista de raza. Y los jóvenes se llaman la “Cámpora” en honor a un presidente elegido por Perón para sustituirlo como candidato, un hombre cuya virtud fue la lealtad al General, a la persona y no a la idea, en un mundo de sublevados. Si hubieran querido ser rebeldes, hubieran elegido llamarse “la Cooke”, sólo con la correspondencia entre John William y el General tienen para leer un rato y opinar un poco. Eligieron ser La Cámpora, obedecer al poder de turno. Y nos fueron expulsando a todos los que pensamos distinto, o simplemente pensábamos. El cuento era la izquierda, pero la realidad es Gioja y Scioli; ser izquierda con esos conductores implica tener demasiada imaginación.
Barrionuevo es otra cosa, a veces un enamorado de la política, otras, un provocador. Enfrentó a Cristina cuando esto costaba caro, en un país donde no hubo empresarios dignos y ahora todos se volvieron oficialistas de lo nuevo. Barrionuevo discute, no cuida su imagen, pero no nació como Gioja para aplaudir al poder de turno. En eso la jueza eligió a alguien con estructura y vocación. La tarea no es para cualquiera.
Los de Cristina siempre odiaron a Perón y no se cuidaron de hacerlo público. Se llamaban “transversales”, “Frente para la Victoria” o “Unidad Ciudadana”, uno se pregunta para qué diablos querrán el sello del peronismo.
Perdieron las elecciones, ahora hasta en Santa Cruz; no les queda ningún gobernador, no demasiados senadores y diputados, se les fue la mayoría, ¿no será hora de asumir que ya son pasado? Cuesta, pero les llegó la hora.
No sé si Barrionuevo va a poder mejorar o no el Partido, sólo puedo afirmar que ese símbolo del cambio de la cerradura marca un fin de época. Nadie puede asegurar que desde allí surja el futuro, pero para ser mejor que Gioja no se necesita más que voluntad política y a Barrionuevo le sobra. En una de esas es como Mauricio Macri, que sin duda es mejor que Scioli, pero con eso está lejos de situarse a la altura de lo que la sociedad necesita. Barrionuevo corre el riesgo de fracasar. Con Gioja no había riesgos, el fracaso estaba asegurado.
Y es triste esta paranoia de izquierda que instala a Macri en el lugar del imperialismo. Al Gobierno le venía mil veces mejor Gioja, es como Cristina, a ella le pueden ganar siempre, si surge otro candidato las cosas pueden cambiar.
No digo que estemos renovando el peronismo ni nada parecido, pero abrieron la puerta que otros nos habían cerrado y con eso solo alcanza para decir que ahora estamos mejor.

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Los peronistas estamos mejor

Barrionuevo enfrentó a Cristina cuando esto costaba caro, en un país donde no hubo empresarios dignos y ahora todos se volvieron oficialistas de lo nuevo.
 

Por Julio Bárbaro
Nota publicada en infobae.com

Me enteré en el aeropuerto, un llamado para que responda sobre su nombramiento. Me sorprendió la decisión de la Justicia. Hacía meses que se hablaba de una intervención, muchos la habían solicitado, sobraban argumentos para hacerlo. Este señor, José Luis Gioja, había clausurado el Partido. En realidad lo cerraron los muchachos de La Cámpora: ellos son sectarios, lo fueron siempre, los demás les molestamos.
Juan D. Perón decía: “Ni sectarios ni excluyentes”, era un buen lector del futuro, estaba condenando a los kirchneristas. Raro engendro este donde los ricos del Sur, que nunca se ocuparon de los derechos humanos ni de nada parecido, terminan aliados con organismos que nacieron dignos y finalmente reivindicando a la misma violencia. Dos sectores que nunca soportaron al peronismo, ni los Kirchner ni los violentos de los setenta, pero se imaginaban de izquierda aunque nada tenía que ver con la justicia social.
Cuando fuimos con Duhalde a San Juan, al llegar, vino Gioja a pedirnos que nos reuniéramos con Carlos Menem, oficialista el hombre, siempre, no importa al servicio de quién, oficialista de raza. Y los jóvenes se llaman la “Cámpora” en honor a un presidente elegido por Perón para sustituirlo como candidato, un hombre cuya virtud fue la lealtad al General, a la persona y no a la idea, en un mundo de sublevados. Si hubieran querido ser rebeldes, hubieran elegido llamarse “la Cooke”, sólo con la correspondencia entre John William y el General tienen para leer un rato y opinar un poco. Eligieron ser La Cámpora, obedecer al poder de turno. Y nos fueron expulsando a todos los que pensamos distinto, o simplemente pensábamos. El cuento era la izquierda, pero la realidad es Gioja y Scioli; ser izquierda con esos conductores implica tener demasiada imaginación.
Barrionuevo es otra cosa, a veces un enamorado de la política, otras, un provocador. Enfrentó a Cristina cuando esto costaba caro, en un país donde no hubo empresarios dignos y ahora todos se volvieron oficialistas de lo nuevo. Barrionuevo discute, no cuida su imagen, pero no nació como Gioja para aplaudir al poder de turno. En eso la jueza eligió a alguien con estructura y vocación. La tarea no es para cualquiera.
Los de Cristina siempre odiaron a Perón y no se cuidaron de hacerlo público. Se llamaban “transversales”, “Frente para la Victoria” o “Unidad Ciudadana”, uno se pregunta para qué diablos querrán el sello del peronismo.
Perdieron las elecciones, ahora hasta en Santa Cruz; no les queda ningún gobernador, no demasiados senadores y diputados, se les fue la mayoría, ¿no será hora de asumir que ya son pasado? Cuesta, pero les llegó la hora.
No sé si Barrionuevo va a poder mejorar o no el Partido, sólo puedo afirmar que ese símbolo del cambio de la cerradura marca un fin de época. Nadie puede asegurar que desde allí surja el futuro, pero para ser mejor que Gioja no se necesita más que voluntad política y a Barrionuevo le sobra. En una de esas es como Mauricio Macri, que sin duda es mejor que Scioli, pero con eso está lejos de situarse a la altura de lo que la sociedad necesita. Barrionuevo corre el riesgo de fracasar. Con Gioja no había riesgos, el fracaso estaba asegurado.
Y es triste esta paranoia de izquierda que instala a Macri en el lugar del imperialismo. Al Gobierno le venía mil veces mejor Gioja, es como Cristina, a ella le pueden ganar siempre, si surge otro candidato las cosas pueden cambiar.
No digo que estemos renovando el peronismo ni nada parecido, pero abrieron la puerta que otros nos habían cerrado y con eso solo alcanza para decir que ahora estamos mejor.