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Confusiones actuales

No hay labor que no se encumbre cuando está bien realizada y no hay profesión laboral, sea manual o intelectual, que no reditué.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora Familiar.

Conversando con un adolescente, que está terminando sus estudios secundarios, me comentaba que tenía dudas con respecto a la carrera terciaria o universitaria que debía seguir.
Indagando sobre sus inclinaciones vocacionales, descubrí que a pesar de tener realizado ya, el famoso test de orientación, sus inquietudes no disminuían; aun conociendo sus habilidades y facilidades personales para ciertas tareas y disciplinas, sus dudas no se aquietaban, porque paralelamente a las recomendaciones recibidas, él se preguntaba ferozmente sobre las posibilidades laborales que encontraría, una vez concluida su preparación.
Notable y poco frecuente que un joven esté pensando en sus probables realidades profesionales, antes de comenzar siquiera la carrera elegida. Pero no deja de ser un dato importante a considerar, dados los tiempos exigentes que le toca y tocará vivir, en un mundo tan cambiante, variable e inestable. Y sus dudas e interrogantes no eran extraños, porque a la realidad que planteaba, se le puede sumar, la poca experiencia de vida de sus escasos años cumplidos.
Como entreví que en sus preguntas y respuestas había mucha inquietud y ansiedad contenida, traté de tranquilizarlo, analizando conjuntamente con él, todas las capacidades innatas que adornaban su persona.
Fue fácil descubrir que su inclinación en realidad estaba bastante definida, en cuanto a gusto y a deseo de encarar cierta franja de especialización, pero... y volvía a repetirse, “¿qué le esperaría?” al final de ese camino de estudio, esfuerzo, dinero y tiempo invertido.
Sobre esa pregunta me explayé un poquito, haciéndole ver que eso era o sería consecuencia inexorable de su dedicación y responsabilidad puesta de manifiesto.
Porque realmente, estoy personalmente convencida de que todo trabajo -cualquier trabajo- o tarea encarada, se prestigia y logra reconocimiento, por la perfección con que es considerada por quién la personifica, o sea, por quién tiene que realizarlo.
No hay trabajo honesto que sea indigno, no hay labor que no se encumbre cuando está bien realizada y no hay profesión laboral, sea manual o intelectual, que no reditué, si es hecha con amor, dedicación y responsabilidad.
En todos los campos, por saturados de especialistas que estén, sobresalen y triunfan siempre, los más confiables, los más serios, los más honestos. De allí surge que tenemos, que en realidad debemos, fomentar en los jóvenes, la necesidad de la seriedad profesional,  que los llevará finalmente al éxito y se acrecentará de acuerdo a su comportamiento en el rubro que realicen.
Innegablemente, siempre trabajará, sobresaldrá y se realizará personal y humanamente más, aquel que encare su trabajo con ilusión, con alegría, con dedicación y perfección. Y si quiere tener valor agregado, puede ofrecérselo a Dios para su santificación.
Por eso, no dejemos de decirle a los jóvenes, que finalmente alcanzarán junto con el prestigio, lo más valioso y deseable por cualquier persona, la felicidad y podrán además contagiarla a los que los rodeen, contribuyendo a la mejora del mundo.

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Confusiones actuales

No hay labor que no se encumbre cuando está bien realizada y no hay profesión laboral, sea manual o intelectual, que no reditué.
 

Por Leticia Oraisón de Turpín
Orientadora Familiar.

Conversando con un adolescente, que está terminando sus estudios secundarios, me comentaba que tenía dudas con respecto a la carrera terciaria o universitaria que debía seguir.
Indagando sobre sus inclinaciones vocacionales, descubrí que a pesar de tener realizado ya, el famoso test de orientación, sus inquietudes no disminuían; aun conociendo sus habilidades y facilidades personales para ciertas tareas y disciplinas, sus dudas no se aquietaban, porque paralelamente a las recomendaciones recibidas, él se preguntaba ferozmente sobre las posibilidades laborales que encontraría, una vez concluida su preparación.
Notable y poco frecuente que un joven esté pensando en sus probables realidades profesionales, antes de comenzar siquiera la carrera elegida. Pero no deja de ser un dato importante a considerar, dados los tiempos exigentes que le toca y tocará vivir, en un mundo tan cambiante, variable e inestable. Y sus dudas e interrogantes no eran extraños, porque a la realidad que planteaba, se le puede sumar, la poca experiencia de vida de sus escasos años cumplidos.
Como entreví que en sus preguntas y respuestas había mucha inquietud y ansiedad contenida, traté de tranquilizarlo, analizando conjuntamente con él, todas las capacidades innatas que adornaban su persona.
Fue fácil descubrir que su inclinación en realidad estaba bastante definida, en cuanto a gusto y a deseo de encarar cierta franja de especialización, pero... y volvía a repetirse, “¿qué le esperaría?” al final de ese camino de estudio, esfuerzo, dinero y tiempo invertido.
Sobre esa pregunta me explayé un poquito, haciéndole ver que eso era o sería consecuencia inexorable de su dedicación y responsabilidad puesta de manifiesto.
Porque realmente, estoy personalmente convencida de que todo trabajo -cualquier trabajo- o tarea encarada, se prestigia y logra reconocimiento, por la perfección con que es considerada por quién la personifica, o sea, por quién tiene que realizarlo.
No hay trabajo honesto que sea indigno, no hay labor que no se encumbre cuando está bien realizada y no hay profesión laboral, sea manual o intelectual, que no reditué, si es hecha con amor, dedicación y responsabilidad.
En todos los campos, por saturados de especialistas que estén, sobresalen y triunfan siempre, los más confiables, los más serios, los más honestos. De allí surge que tenemos, que en realidad debemos, fomentar en los jóvenes, la necesidad de la seriedad profesional,  que los llevará finalmente al éxito y se acrecentará de acuerdo a su comportamiento en el rubro que realicen.
Innegablemente, siempre trabajará, sobresaldrá y se realizará personal y humanamente más, aquel que encare su trabajo con ilusión, con alegría, con dedicación y perfección. Y si quiere tener valor agregado, puede ofrecérselo a Dios para su santificación.
Por eso, no dejemos de decirle a los jóvenes, que finalmente alcanzarán junto con el prestigio, lo más valioso y deseable por cualquier persona, la felicidad y podrán además contagiarla a los que los rodeen, contribuyendo a la mejora del mundo.