Los lapachos negros que embellecen la costanera de Corrientes no solo ofrecen un espectáculo natural durante su floración, sino que también cumplen una función ambiental estratégica para la ciudad. Así lo reveló una investigación realizada por especialistas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), quienes analizaron el aporte de esta especie a la captura de carbono y a la mejora de la calidad del aire urbano.
El estudio se centró en la zona comprendida por Costanera Norte, el Parque Camba Cuá y el Parque Mitre, donde se registraron 2.014 ejemplares arbóreos. De ese total, 832 corresponden al lapacho negro (Handroanthus heptaphyllus), una cifra que representa el 41% del arbolado urbano relevado en una superficie de 28,65 hectáreas.
¿Cómo se realizó el análisis?
Para evaluar los beneficios ambientales de la especie, los investigadores realizaron un inventario del arbolado y midieron variables como diámetro y altura de los ejemplares. Luego utilizaron la herramienta digital i-Tree Eco, desarrollada por el Servicio Forestal del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, que permite cuantificar y valorar los servicios ecosistémicos brindados por los árboles urbanos.
“El trabajo realizado evidencia la contribución del lapacho negro a la mitigación del cambio climático y a la mejora de la calidad ambiental urbana”, señalaron desde el equipo integrado por la Dra. Claudia Luna, la ingeniera agrónoma María Laura Fontana, el ingeniero agrónomo Nicolás Leandro Ortiz, el ingeniero agrónomo Agustín Tisocco y el licenciado Alejandro Cristiá.
Los resultados mostraron que los lapachos negros presentes en el área estudiada almacenan aproximadamente 1.820,55 toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e). Además, la simulación realizada estimó un valor económico potencial de 4.830,80 dólares anuales asociado al secuestro de carbono que realiza esta especie.
El trabajo también permitió dimensionar su contribución a la calidad del aire. Según las estimaciones, estos árboles podrían remover cada año alrededor de 586,81 kilogramos de ozono, 4,36 kilogramos de monóxido de carbono, 4,31 kilogramos de dióxido de azufre, 0,018 kilogramos de dióxido de nitrógeno y 0,62 kilogramos de partículas finas (PM2,5), contaminantes vinculados a problemas respiratorios y al deterioro ambiental en zonas urbanas.
Asimismo, los investigadores calcularon que la acción de los lapachos negros relevados permitiría compensar anualmente emisiones equivalentes a las generadas por vehículos de pasajeros al recorrer cerca de 136.642 kilómetros.
En diálogo con Unne Medios, la Dra. Luna remarcó que contar con datos concretos sobre los beneficios ambientales y económicos del arbolado urbano es fundamental para la planificación de las ciudades. “Contar con información cuantificada sobre los beneficios que aporta el arbolado permite orientar mejor las decisiones de gestión, promover estrategias de forestación diversificada y fortalecer el reconocimiento del arbolado urbano como infraestructura verde esencial para la adaptación climática y la mejora de la calidad de vida”, expresó.
No obstante, los especialistas advirtieron que la alta concentración de una sola especie dentro del arbolado urbano también representa un desafío. Explicaron que la predominancia del lapacho negro podría disminuir la resiliencia ecológica frente a plagas, enfermedades o fenómenos climáticos extremos, por lo que recomendaron avanzar en estrategias de diversificación.
Finalmente, destacaron la importancia de incorporar herramientas tecnológicas como i-Tree Eco para fortalecer la gestión sostenible del arbolado urbano y generar políticas públicas orientadas a construir ciudades más saludables, resilientes y preparadas para enfrentar los desafíos ambientales del futuro.
Con información de Unne Medios