Los senadores Javier Mustrassi y José Pérego fueron expulsados ayer del Partido Nuevo por la Junta Provincial de esa fuerza, que para escarmentarlos aplicó por unanimidad la máxima sanción prevista en la normativa partidaria. Ambos legisladores fueron acusados de atentar contra la integridad del Panu y de utilizar para provecho personal las bancas a las que accedieron con el apoyo de la estructura naranja y mediante el voto de sus simpatizantes. La pena, sin embargo, se circunscribe al terreno político mientras la Justicia no ratifique la anulación de las fichas de afiliación.
El dúo díscolo mereció el más severo castigo como consecuencia de la progresiva inclinación hacia el oficialismo que protagonizaron desde principios de año, cuando comenzaron a votar en consonancia con la bancada radical. La gota que colmó el vaso fue el voto que ambos emitieron a favor de la designación como fiscal general del Superior Tribunal de Justicia del ex juez Mario Payes, a quien habían rechazado en dos oportunidades, cuando aún estaban alineados con el nuevismo ortodoxo.
Aunque el jefe del ministerio público -cargo en el que se desempeñó durante dos años en estado de comisión- no ofrece riesgos procesales para Romero Feris (Payes debería inhibirse en las causas contra Tato por haber participado de la etapa instructoria como juez de primera instancia), su figura encierra un significado emblemático de la lucha antinuevista encarada en 1999 por el gobierno de coalición. Por ende, la presencia de Payes en el máximo estrado judicial de la Provincia significa un aditamento indigerible para las huestes naranjas. Para colmo, adquirió estabilidad en el cargo gracias a dos votos renegados.
La declaración por la cual Pérego y Mustrassi fueron condenados a la “expulsión política” del Partido Nuevo termina con un idilio de los dos personajes con el presidente nuevista, Raúl Romero Feris. En su momento, el dueto formó parte del riñón tatista al protagonizar encarnizadas batallas contra los enemigos del ex mandatario provincial. Fue el caso de Mustrassi cuando, en 1996, abandó las filas del justicialismo e impidió en la Cámara de Diputados la conformación de dos tercios que hubieran iniciado un juicio político contra Romero Feris. Ya en las filas del Panu, el hoy integrante del bloque “Pedro Ferré” ofició de médico personal de Tato durante el encarcelamiento que el jefe naranja padeció entre 1999 y 2002.
A su manera, también Pérego desafió a los enemigos del nuevismo durante los primeros meses de la intervención de Ramón Mestre, cuando denunció la circulación de bonos Cecacor apócrifos y se enfrentó con el entonces ministro de Hacienda, Ramón Darwich. Aquella pelea -que no pasó del terreno mediático- le valió cocardas suficientes para posicionarse como suplente del infortunado senador electo Angel Bruzzo, cuyo fallecimiento permitió al libreño apoltronarse en la banca a pesar de un supuesto acuerdo reservado para renunciar en beneficio de la siguiente postulante, Lucía Ortega.
CAMBIO DE BANDO
Pero los tiempos cambian y aquellos soldados de la causa nuevista hoy forman parte del batallón oficial del Parlamento, rol en el que dieron suficientes motivos para la defenestración pública a la que ayer fueron sometidos por la Junta Provincial del Panu mediante un documento en el que son acusados de “denostar a las autoridades partidarias con una metodología y un vocabulario que exceden el marco de las meras divergencias de opinión”, para “inscribirse en una campaña sistemática de agresión personal impropia del debido respeto que se deben lis integrantes de una agrupación política”.
El accionar de los expulsados se torna “más grave cuando con sus actos persiguen indisimulablemente la extinción legal del partido que los tiene como afiliados y que los ha llevado a ocupar sendas bancas en el Senado, todo lo cual constituye una contradicción ética y legal incompatible con su permanencia en el seno partidario”, sostuvo la Junta Provincial en la expulsión, que además condenó “la utilización individual que los nombrados efectúan de las bancas a las que accedieron por su pertenencia al Partid Nuevo”.
FILIBUSTEROS SOLITARIOS
Para las autoridades nuevistas, Pérego y Mustrassi “no sólo están cometiendo un fraude político en perjuicio de quienes votaron a nuestra parcialidad, sino además un fraude institucional en perjuicio de la ciudadanía, que supone en sus representantes el ejercicio de sus funciones sustentado en conceptos y principios, y no en sus meros intereses personales”. Tal actitud los ha condenado a “la soledad política” reservada a “todos aquellos filibusteros que medran con sus cargos con la voracidad de quienes tienen marcado a fuego su muerte política al término de sus mandatos legislativos”, sentenciaron los máximos referentes del Panu.
No obstante, la declaración reconoce la expulsión política de ambos legisladores adquirirá estatus jurídico recién después de que se hayan agotado las vías partidarias en el Tribunal de Etica, pero sin perjuicio de lo que resuelva ese órgano disciplinario “no hay un solo afiliado en el Partido Nuevo que pueda admitir la permanencia de quienes constituyen el símbolo de todo aquello que la comunidad desea erradicar”, concluye la pieza sancionatoria antes de ratificar el repudio hacia los dos senadores y su separación política de las filas nuevistas.
El dúo díscolo mereció el más severo castigo como consecuencia de la progresiva inclinación hacia el oficialismo que protagonizaron desde principios de año, cuando comenzaron a votar en consonancia con la bancada radical. La gota que colmó el vaso fue el voto que ambos emitieron a favor de la designación como fiscal general del Superior Tribunal de Justicia del ex juez Mario Payes, a quien habían rechazado en dos oportunidades, cuando aún estaban alineados con el nuevismo ortodoxo.
Aunque el jefe del ministerio público -cargo en el que se desempeñó durante dos años en estado de comisión- no ofrece riesgos procesales para Romero Feris (Payes debería inhibirse en las causas contra Tato por haber participado de la etapa instructoria como juez de primera instancia), su figura encierra un significado emblemático de la lucha antinuevista encarada en 1999 por el gobierno de coalición. Por ende, la presencia de Payes en el máximo estrado judicial de la Provincia significa un aditamento indigerible para las huestes naranjas. Para colmo, adquirió estabilidad en el cargo gracias a dos votos renegados.
La declaración por la cual Pérego y Mustrassi fueron condenados a la “expulsión política” del Partido Nuevo termina con un idilio de los dos personajes con el presidente nuevista, Raúl Romero Feris. En su momento, el dueto formó parte del riñón tatista al protagonizar encarnizadas batallas contra los enemigos del ex mandatario provincial. Fue el caso de Mustrassi cuando, en 1996, abandó las filas del justicialismo e impidió en la Cámara de Diputados la conformación de dos tercios que hubieran iniciado un juicio político contra Romero Feris. Ya en las filas del Panu, el hoy integrante del bloque “Pedro Ferré” ofició de médico personal de Tato durante el encarcelamiento que el jefe naranja padeció entre 1999 y 2002.
A su manera, también Pérego desafió a los enemigos del nuevismo durante los primeros meses de la intervención de Ramón Mestre, cuando denunció la circulación de bonos Cecacor apócrifos y se enfrentó con el entonces ministro de Hacienda, Ramón Darwich. Aquella pelea -que no pasó del terreno mediático- le valió cocardas suficientes para posicionarse como suplente del infortunado senador electo Angel Bruzzo, cuyo fallecimiento permitió al libreño apoltronarse en la banca a pesar de un supuesto acuerdo reservado para renunciar en beneficio de la siguiente postulante, Lucía Ortega.
CAMBIO DE BANDO
Pero los tiempos cambian y aquellos soldados de la causa nuevista hoy forman parte del batallón oficial del Parlamento, rol en el que dieron suficientes motivos para la defenestración pública a la que ayer fueron sometidos por la Junta Provincial del Panu mediante un documento en el que son acusados de “denostar a las autoridades partidarias con una metodología y un vocabulario que exceden el marco de las meras divergencias de opinión”, para “inscribirse en una campaña sistemática de agresión personal impropia del debido respeto que se deben lis integrantes de una agrupación política”.
El accionar de los expulsados se torna “más grave cuando con sus actos persiguen indisimulablemente la extinción legal del partido que los tiene como afiliados y que los ha llevado a ocupar sendas bancas en el Senado, todo lo cual constituye una contradicción ética y legal incompatible con su permanencia en el seno partidario”, sostuvo la Junta Provincial en la expulsión, que además condenó “la utilización individual que los nombrados efectúan de las bancas a las que accedieron por su pertenencia al Partid Nuevo”.
FILIBUSTEROS SOLITARIOS
Para las autoridades nuevistas, Pérego y Mustrassi “no sólo están cometiendo un fraude político en perjuicio de quienes votaron a nuestra parcialidad, sino además un fraude institucional en perjuicio de la ciudadanía, que supone en sus representantes el ejercicio de sus funciones sustentado en conceptos y principios, y no en sus meros intereses personales”. Tal actitud los ha condenado a “la soledad política” reservada a “todos aquellos filibusteros que medran con sus cargos con la voracidad de quienes tienen marcado a fuego su muerte política al término de sus mandatos legislativos”, sentenciaron los máximos referentes del Panu.
No obstante, la declaración reconoce la expulsión política de ambos legisladores adquirirá estatus jurídico recién después de que se hayan agotado las vías partidarias en el Tribunal de Etica, pero sin perjuicio de lo que resuelva ese órgano disciplinario “no hay un solo afiliado en el Partido Nuevo que pueda admitir la permanencia de quienes constituyen el símbolo de todo aquello que la comunidad desea erradicar”, concluye la pieza sancionatoria antes de ratificar el repudio hacia los dos senadores y su separación política de las filas nuevistas.