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Café Tortoni, un mítico reducto porteño con presencia correntina

Por El Litoral

Martes, 25 de octubre de 2005 a las 21:00
El Tortoni por dentro. Una postal de Buenos Aires, tradicional reducto de la bohemia y la cultura porteña. Hoy se celebra en la Capital Federal el Día de los Café.
Por Moni Munilla

Se celebra hoy el “Día de los Cafés de Buenos Aires”, fecha instituída en conmemoración al 26 de octubre de 1894, cuando el “Café Tortoni” abrió sus puertas a la recién inaugurada Avenida de Mayo” y fue, desde entonces, testigo y protagonista de una impronta cultural que se añejó en sus mesas y en virtud de la cual, hoy integra el grupo de los “53 notables”, junto con el “London City”, “36 billares” y “La embajada”, entre otros.
Hablar del mítico Café Tortoni de Avenida de Mayo al 800, en la porteña ciudad de Buenos Aires, es remontar la historia al año 1858, cuando su fundador, monsieur Jean Touan, lo instaló en Esmeralda y Rivadavia, a pocos metros de Rivadavia 826 -su actual salida posterior-, tomando el nombre de su homónimo parisino (en el Boulevard des Italiens, donde concurría la “elite” de la cultura parisina del Siglo XIX).
El 26 de octubre de 1894, el “Tortoni” abre sus puertas a la Avenida de Mayo e instala la estructura fundacional del primer café en ocupar la acera con mesas y sillas al mejor estilo de la bohemia parisina. De hecho su propietario (desde 1879, monsieur Celestino Curutchet, familiar y compatriota de Touan), jamás hubiese imaginado que 106 años después, el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionaría con fuerza de ley, la institucionalización del 26 de octubre como “Día de los Cafés de Buenos Aires”, compromiso de revalorización asumido ante el refugio representativo de las tertulias de milagros constantes.
“Nada se parece tanto a la imagen de la luna como la mesa de mármol de un café”, expresó el escritor madrileño Ramón Gómez de la Serna que llegó a Buenos Aires en 1888 cuando España comenzaba a desangrarse en el inicio de la Guerra Civil.
Con residencia definitiva en el edificio de Victoria 1970 (desde 1976, calle Hipólito Yrigoyen), hasta su muerte acaecida en 1963, Ramón Gómez de la Serna, que por más de 25 años presidió la célebre tertulia del café “Pombo” de Madrid, trasladó su oficina de relaciones públicas literarias, al Tortoni lugar de “Consejo de Estado de los hombres que nadie va a consultar y que dirían la palabra definitiva sobre cada asunto”.
El café bien conversado es, para los argentinos, una costumbre de testimonial ofrenda amanecida. Anónimas manos que giran al compás de la nostalgia y la soledad de una cuchara arremolinada en el pe queño universo de la humeante taza, aquello que callado se disfraza de pensamiento.
Porteño del barrio de Caballito, Roberto Fanego hace más de 50 años se desempeña como socio gerente del “Café Tortoni” y recibió la visita de El Litoral con respetuoso reconocimiento hacia el diario pionero de la gráfica correntina.
“Entre los años 1926 y 1943 funcionó en el subsuelo del café la famosa ‘Peña del Tortoni’, regenteada por Benito Quinquela Martín. Allí cantó Carlos Gardel y el dramaturgo y escritor Luigi Pirandello que en septiembre de 1933 estrena ‘Cuando se es alguien’ en el Teatro Odeón (hoy en el lugar funciona una playa de estacionamiento) vino a compartir la tertulia de la bohemia porteña con artistas plásticos, músicos, poetas, escritores y periodistas”, recuerda Fanego y se apoya en la historiografía de los “Cuadernos del Tortoni” (de distribución gratuita), donde la actriz Milagros de la Vega dice: “en un pequeño cuadradito que había allí, levantamos un tablado y en él comenzó a trabajar el elenco. Creo que fue uno de los primeros grupos de teatro independiente”.
Hijo de inmigrantes gallegos, Roberto Fanego se refiere al fulgor de la época cuando las mesas del Tortoni trazaban una historia de entrecasa con los versos de Baldomero Fernández Moreno y de Federico García Lorca en vecindad con Jorge Luis Borges. Llegaba entonces, franqueando la puerta, el Presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear con su esposa la cantante lírica Regina Pacini y Roberto Arlt, por entonces un desconocido, garabateaba los originales de sus cuentos acodado en una barra por la que visualizaba, a través de los espejos, la figura de Alfonsina Storni sumida en la melancólica tempestad interior de la que nacieron sus más bellos poemas.
El Tortoni nunca cerró sus puertas y es visitado por turistas de todo el mundo. Habitan en él, en fastasmagórica presencia, las voces y los pasos de quienes forjaron la cultura de un país, en un tiempo inventado donde día y noche se amalgamaron sin desvanecerse jamás”.
“La historia de la inteligencia es una historia de resurrecciones. Sólo vive lo que continúa”, dijo César Tiempo. Hoy que Buenos Aires festeja el “Día de los Cafés” en homenaje al viejo Café Tortoni, azul el recuerdo se puebla de aplausos y llega la magia cruzando su umbral.
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