EL DATO
Rosendo Cunha es profesor de dibujo desde el 2000, pero también es un artista premiado en varios concursos. Una de sus obras se encuentra impresa sobre los murales de la plaza Italia, por calle San Juan.
Cuando el silencio inunda el salón, se transforma en una poderosa arma de comunicación. Atentos, con las miradas sorprendidas hacia el frente, los 40 alumnos del tercer grado observaban a su profesor de plástica, quien sólo cuenta con los gestos de su rostro y manos para enseñar. El docente, Rosendo Roberto Cunha, es sordomudo de nacimiento y hace casi dos meses que trabaja en la escuela N° 296, “Manuel Cabral” del barrio San Gerónimo. Una experiencia novedosa y única en el Nordeste, donde El Litoral compartió una clase con el artista maestro.
Una vez que el timbre de cambio de hora sonó, el profesor ingresó a un aula con un cartelito pegado en la puerta que decía: “3° D”. Con una sonrisa cálida saludó a los alumnos. Ellos, que promedian los 9 años de edad, devolvieron el saludo con el mismo gesto. La señorita de turno, como era costumbre, presentó al profesor, quien iba acompañado de su intérprete de lenguaje de señas. En ese momento en el curso, el silencio explotó en las manos de los pequeños, a través de gestos, y los chicos se sumergieron en un mundo de colores y líneas. Era la hora de dar Plástica.
Rosendo es profesor de dibujo hace siete años, graduado del Instituto Josefina Contte y con una trayectoria artística prolífera. La única diferencia con sus colegas es que no puede hablar, ni oír. Pero sabe escuchar mucho más que los demás, debido a que “su capacidad le permite tomar un mayor contacto con los alumnos”, señaló Gladis Medina, maestra del 3° D, en diálogo con El Litoral.
En efecto, la relación con los alumnos es muy estrecha, debido al modo de comunicación directa que tiene el profesor con sus chicos. Una vez que explica la lección del día en el pizarrón, a través de señas y su intérprete los atiende de a uno. Banco a banco, observa los trabajos de los pequeños, quienes dibujaban entusiasmados las líneas que el docente les propuso.
“No utiliza un cien por ciento el lenguaje de señas sino que le agrega gestos del género dramático para que los chicos entiendan”, explicó Horacio López, el intérprete de Rosendo y profesor de chicos especiales, quien colabora en toda sus clases en condición ad honorem. Es así que los pulgares arriba significa “un muy buen trabajo”, indicó Gladis, y detalló que “los alumnos responden bien a esa forma de acercarse a su maestro”. En ese momento una alumna pidió ayuda a su maestro sin mover los labios, únicamente levantando las manos.
El primer día
“Al principio sentía algo de temor por si no me entendían, pero el recibimiento fue muy bueno”, manifestó Rosendo a El Litoral, a través de su intérprete. Sus dedos comunicaban a gran velocidad los sentimientos que le provocó su primer contacto con niños que no manejan el lenguaje de señas.
“Los chicos son muy buenos y le gustan colaborar”, señaló con permanente sonrisa en el salón que lo vio enseñar por primera vez en la escuela N° 296 del barrio San Gerónimo. Hoy enseña en cuatro años que van desde segundo a quinto, de lunes a jueves. A su vez es profesor en el Ipec, donde trabaja con chicos especiales tres horas diarias.
Caso único
La experiencia del profesor Rosendo es el único caso de integración de este tipo en la región, según indicaron desde el establecimiento. Hace un mes y medio que el profesor se encuentra en el lugar y ya tiene muy buenas devoluciones por parte de sus colegas y directivos. “Su aporte nos ha sorprendido y los chicos están muy contentos con él”, indicó Irma Barrios, vicedirectora del Manuel Cabral.
En la capital correntina, no se registran casos como el de la escuela N° 296. Allí los colegas de Rosendo comentan que no se habla de diferencias, sino las nuevas capacidades que el profesor aporta en los alumnos.
Rosendo Cunha es profesor de dibujo desde el 2000, pero también es un artista premiado en varios concursos. Una de sus obras se encuentra impresa sobre los murales de la plaza Italia, por calle San Juan.
Cuando el silencio inunda el salón, se transforma en una poderosa arma de comunicación. Atentos, con las miradas sorprendidas hacia el frente, los 40 alumnos del tercer grado observaban a su profesor de plástica, quien sólo cuenta con los gestos de su rostro y manos para enseñar. El docente, Rosendo Roberto Cunha, es sordomudo de nacimiento y hace casi dos meses que trabaja en la escuela N° 296, “Manuel Cabral” del barrio San Gerónimo. Una experiencia novedosa y única en el Nordeste, donde El Litoral compartió una clase con el artista maestro.
Una vez que el timbre de cambio de hora sonó, el profesor ingresó a un aula con un cartelito pegado en la puerta que decía: “3° D”. Con una sonrisa cálida saludó a los alumnos. Ellos, que promedian los 9 años de edad, devolvieron el saludo con el mismo gesto. La señorita de turno, como era costumbre, presentó al profesor, quien iba acompañado de su intérprete de lenguaje de señas. En ese momento en el curso, el silencio explotó en las manos de los pequeños, a través de gestos, y los chicos se sumergieron en un mundo de colores y líneas. Era la hora de dar Plástica.
Rosendo es profesor de dibujo hace siete años, graduado del Instituto Josefina Contte y con una trayectoria artística prolífera. La única diferencia con sus colegas es que no puede hablar, ni oír. Pero sabe escuchar mucho más que los demás, debido a que “su capacidad le permite tomar un mayor contacto con los alumnos”, señaló Gladis Medina, maestra del 3° D, en diálogo con El Litoral.
En efecto, la relación con los alumnos es muy estrecha, debido al modo de comunicación directa que tiene el profesor con sus chicos. Una vez que explica la lección del día en el pizarrón, a través de señas y su intérprete los atiende de a uno. Banco a banco, observa los trabajos de los pequeños, quienes dibujaban entusiasmados las líneas que el docente les propuso.
“No utiliza un cien por ciento el lenguaje de señas sino que le agrega gestos del género dramático para que los chicos entiendan”, explicó Horacio López, el intérprete de Rosendo y profesor de chicos especiales, quien colabora en toda sus clases en condición ad honorem. Es así que los pulgares arriba significa “un muy buen trabajo”, indicó Gladis, y detalló que “los alumnos responden bien a esa forma de acercarse a su maestro”. En ese momento una alumna pidió ayuda a su maestro sin mover los labios, únicamente levantando las manos.
El primer día
“Al principio sentía algo de temor por si no me entendían, pero el recibimiento fue muy bueno”, manifestó Rosendo a El Litoral, a través de su intérprete. Sus dedos comunicaban a gran velocidad los sentimientos que le provocó su primer contacto con niños que no manejan el lenguaje de señas.
“Los chicos son muy buenos y le gustan colaborar”, señaló con permanente sonrisa en el salón que lo vio enseñar por primera vez en la escuela N° 296 del barrio San Gerónimo. Hoy enseña en cuatro años que van desde segundo a quinto, de lunes a jueves. A su vez es profesor en el Ipec, donde trabaja con chicos especiales tres horas diarias.
Caso único
La experiencia del profesor Rosendo es el único caso de integración de este tipo en la región, según indicaron desde el establecimiento. Hace un mes y medio que el profesor se encuentra en el lugar y ya tiene muy buenas devoluciones por parte de sus colegas y directivos. “Su aporte nos ha sorprendido y los chicos están muy contentos con él”, indicó Irma Barrios, vicedirectora del Manuel Cabral.
En la capital correntina, no se registran casos como el de la escuela N° 296. Allí los colegas de Rosendo comentan que no se habla de diferencias, sino las nuevas capacidades que el profesor aporta en los alumnos.