Tras el caso de los niños violados en la localidad de Empedrado durante un ritual, el titular del Gabinete Antropológico de la Provincia, Humberto Miceli, explicó que el rito denunciado por los pequeños es una desviación o deformación de prácticas religiosas como el kimbanda que es la otra dimensión del umbandismo. Consideró que un facto atentatorio al esclarecimiento de hechos como estos es la negación de que el problema existe.
En declaraciones a El Litoral, el titular del GIA, Humberto Miceli explicó: "La etnografía del crimen es una línea de investigación que analiza el fenómeno criminal como un producto de la cultura y un aspecto que me he dedicado a profundizar en los últimos años, con el soporte de todo el estudio etnográfico regional que hemos desarrollado en el GIA". Señaló que intervienen específicamente las creencias mágicoreligiosas que siendo propia de una cultura, en este caso del NEA, desprende líneas desviadas de las tradicionales y se convierten en factores criminógenos. Es decir, se asientan en creencias mágicoreligiosas para cometer delitos graves.
Miceli indicó que en Corrientes, ya se han registrado casos, así como en otras regiones del país. "Hay una proliferación que debe ser analizada y estudiada sistemáticamente para abordar de raíz y eficientemente las situaciones que se presentan y para dar contenido y fundamento a tareas preventivas sin que con ello se siembre pánico social o se inicie una persecución a grupos religiosos no convencionales", expresó.
Confirmó que el GIA no está interviniendo en el caso denunciado en la localidad de Empedrado (ver policiales páginas 23 y 24), pero aclaró: "Basado en los trascendidos periodísticos, en este caso particular, y en lo que afirmaron las víctimas, lo que se producen son desviaciones, deformaciones de prácticas religiosas como el kimbanda que es la otra dimensión del umbanda. Es decir, toman las prácticas, ritos y contenidos de estos cultos y a veces son los mismos practicantes quienes tuercen su propio camino y se pervierten para dar cimiento a una secta o grupo sectario que los usará como móviles para fines que suelen estar vinculados a la búsqueda de poder, riqueza y placeres perversos. En muchos casos, los mismos ejecutores de estos delitos se presentan a sí mismos como pertenecientes a estos cultos. Por eso que revisten una gran complejidad".
Marcó además que no se trata de que los usen como pantalla sino de adoptar con convicción creencias mágicoreligiosas que justifican ofrendas sacrificiales de diverso tipo y a su vez alimentan los fines sectarios y sostienen sus actividades con la concurrencia de otros delitos que pueden ser narcotráfico, prostitución infantojuvenil, etc.
En líneas generales, marcó que son sectas destructivas. "Es necesario, sin embargo, identificar los componentes mágicoreligiosos con precisión para saber cómo abordar los caminos de solución en todos los niveles: policial judicial y de asistencia a las víctimas.
En síntesis, el conocimiento es el arma para combatir a estos grupos. Con ello también se evita la confusión de llamar satanistas, kimbandistas o señalar a tal o cual culto como responsable", destacó.
Para Miceli, criminalizando a los cultos minoritarios sólo por ser marginales no se va a solucionar nada, porque quienes verdaderamente cometen estos delitos conservan su camuflaje y quedan impunes.
Otro factor que atenta contra el esclarecimiento de hechos como estos es la negación de que el problema existe. Eso solamente puede llevar al fortalecimiento y a la proliferación de estos grupos.
En declaraciones a El Litoral, el titular del GIA, Humberto Miceli explicó: "La etnografía del crimen es una línea de investigación que analiza el fenómeno criminal como un producto de la cultura y un aspecto que me he dedicado a profundizar en los últimos años, con el soporte de todo el estudio etnográfico regional que hemos desarrollado en el GIA". Señaló que intervienen específicamente las creencias mágicoreligiosas que siendo propia de una cultura, en este caso del NEA, desprende líneas desviadas de las tradicionales y se convierten en factores criminógenos. Es decir, se asientan en creencias mágicoreligiosas para cometer delitos graves.
Miceli indicó que en Corrientes, ya se han registrado casos, así como en otras regiones del país. "Hay una proliferación que debe ser analizada y estudiada sistemáticamente para abordar de raíz y eficientemente las situaciones que se presentan y para dar contenido y fundamento a tareas preventivas sin que con ello se siembre pánico social o se inicie una persecución a grupos religiosos no convencionales", expresó.
Confirmó que el GIA no está interviniendo en el caso denunciado en la localidad de Empedrado (ver policiales páginas 23 y 24), pero aclaró: "Basado en los trascendidos periodísticos, en este caso particular, y en lo que afirmaron las víctimas, lo que se producen son desviaciones, deformaciones de prácticas religiosas como el kimbanda que es la otra dimensión del umbanda. Es decir, toman las prácticas, ritos y contenidos de estos cultos y a veces son los mismos practicantes quienes tuercen su propio camino y se pervierten para dar cimiento a una secta o grupo sectario que los usará como móviles para fines que suelen estar vinculados a la búsqueda de poder, riqueza y placeres perversos. En muchos casos, los mismos ejecutores de estos delitos se presentan a sí mismos como pertenecientes a estos cultos. Por eso que revisten una gran complejidad".
Marcó además que no se trata de que los usen como pantalla sino de adoptar con convicción creencias mágicoreligiosas que justifican ofrendas sacrificiales de diverso tipo y a su vez alimentan los fines sectarios y sostienen sus actividades con la concurrencia de otros delitos que pueden ser narcotráfico, prostitución infantojuvenil, etc.
En líneas generales, marcó que son sectas destructivas. "Es necesario, sin embargo, identificar los componentes mágicoreligiosos con precisión para saber cómo abordar los caminos de solución en todos los niveles: policial judicial y de asistencia a las víctimas.
En síntesis, el conocimiento es el arma para combatir a estos grupos. Con ello también se evita la confusión de llamar satanistas, kimbandistas o señalar a tal o cual culto como responsable", destacó.
Para Miceli, criminalizando a los cultos minoritarios sólo por ser marginales no se va a solucionar nada, porque quienes verdaderamente cometen estos delitos conservan su camuflaje y quedan impunes.
Otro factor que atenta contra el esclarecimiento de hechos como estos es la negación de que el problema existe. Eso solamente puede llevar al fortalecimiento y a la proliferación de estos grupos.