Es que la radio de los `40 ocupó un lugar preponderante en los hogares argentinos, ya que era el espectáculo que abría las puertas de todos los hogares. Iba de frente, se empañaba de vínculos con la cercanía, el tuteo con todos. Se hablaban de todas las cosas porque era cotidiana. Se acercaban el humor, sano, constructivo. La música en todos sus géneros. Las novelas aquellas con las que se reía y lloraba, o se andaba de puntas de pie porque el suspenso era tan grande que el menor ruido destruiría el silencio que se cortaba con tijera, y que papás, hermanos, amigos y algún vecino que conformaban la audiencia, nos sacarían “tarjeta roja”.
Era una radio pensada y escrita. Se interpretaba la letra. Prácticamente se actuaba como forma de apuntalar cada idea, tanto en lo artístico como en lo comercial. Eran épocas de grandes ciclos con públicos en estudios, y otros tantos y muchos frente al receptor. El actor Luis Sandrini con su popular “Felipe”, con libretos de Miguel Coronatto Paz, cuyos paternaire fueron Juan Carlos Torry, Ignacio de Soroa, Julio César Barton y Antonio Carrizo; presentadores consumados en todas las lides. “El Relámpago” con Mangacha Gutiérrez, Guido Gorgatti, Tincho Zabala, Héctor Pascuali, Juan Laborde, con la locución de Jaime Font Saravia. Un programa que se “comía” la popularidad, “Los Pérez García”, con libretos de Oscar Luis Massa, interpretada por Sara Prósperi, Martín Zabalúa, Osvaldo Norton, Perla Black y luego reemplazada por la actriz Celia Juárez. Este programa tuvo una larga vida, se transmitió durante 27 años. Recordamos, los días domingos, días de fútbol, “Gran Pensión El Campeonato”, sobre una idea de Tito Martínez del Box, con personajes que aludían al más popular de los deportes. Doña Asociación, El Millonario, Don Lorenzo, Académico García. Algunos de los actores,
Antonia Volpe, Félix Mutarelli, Roberto Fugazot, Zelmar Gueñol, con libretos de Enrique Dátilo.
Había un tuteo sensiblero donde hasta la poesía de Héctor Gagliardi, pintaba a quienes nos rodeaban, “La Maestra”, “Cinco guitas”, y a todas aquellas criaturas que convivieron alrededor de la radio.
La radio hoy, si bien informal, espontánea en su evolución, no logra esa llegada de la cosa preconcebida, el libreto, la letra, que si bien daba carnadura, certeza, también lograba un mayor acercamiento con el público. Arriesgaría que la radio hoy, es irrespetuosa. Da la impresión de no tener en cuenta a su socio de aventuras: el oyente. Se acerca, sí, pero no descifra ese velo que no permite ver las cosas tal cual son.
Si bien internet y la telefonía despachan un mensaje tras otro, la comunicación da la impresión estar interrumpida. Se ha perdido el hilo porque lo trascendente ha tapado el horizonte de lo cotidiano, ese del pensamiento claro y esperanzado, no tan truculento, sino más bien comprador en el buen sentido. Es decir, comprensible. El que habla siempre se pone en su lugar y no de quien lo escucha. Eso es evadirse, irse, pirarse de lo fundamental. Se ha perdido el ángel, lo cándido, lo inocente, erradicándolos por el humor de estudio que casi nunca se comprende, o por la política que la desarrolla un periodista y cuatro invitados que nos cuentan denuncias, pero que al final no queda nada porque el tiempo radial se lo ha llevado.
Producir radio es pensar en el programa y a quien está destinado. No puede haber un divorcio, porque es la pérdida de la idea primigenia de comunicar y hacerlo de alguna manera “socio”. El oyente también es romántico, le interesan las historias, sabe gustar de música pero en vías de abundantes comunicadores, conocer más y entretenerse aprendiendo. No haciendo ruidos, sino estableciendo atmósferas para cada cosa. Todo en su justo lugar y armoniosamente.
Cuando la radio hace ”ver” al oyente, está comunicando con propiedad. Lo demás es solamente pura cháchara.
Adalberto Balduino
Comunicador