Es jorobado seguir cuando no se puede más. Pero es mucho más triste cuando hacemos alarde y al final nos desinflamos. Sucede en el fútbol, en la vida diaria, donde revalidar lauros cuesta por nuestra inconstancia, por la falta de perseverancia y empeño, por creernos lo que no somos. Ese juramento que nos hacemos en silencio cada vez que acometemos algo. Ese algo que podemos lograrlo porque capacidad nos sobra, pero la desgastada ínfula de ser los campeones en todo nos desmarca, no llegamos a tiempo, no calculamos bien los riesgos, mal interpretamos las jactancias súper potenciadas a nuestro favor en forma desmedida, poniéndolas como acicate, pero con eso no basta. Está en nuestro propio gen, caer una vez y mil veces. Y, no aprendemos. Siempre estamos comenzando pero nunca concluimos como debiéramos. Volver a empezar es aleccionador pero resulta arduo, claro que así debe serlo, porque es lo que corresponde, "borrón y cuenta nueva". Dar de nuevo las cartas y tomar conciencia que tantos traspiés por inmaduros, por creídos, nos otorgó la capacidad suficiente para acometer madura y responsablemente de ahora en más, curtidos por el desengaño de la realidad.
Esto en el deporte como en el amor, en el estudio, en el trabajo, en el empeño de todas las cosas, debemos dejar los privilegios que acumulamos inmerecidamente en demasía, el ego engordado por el comentario auspicioso de lo que no somos, fuimos o seremos, dejando librado a todo imprevisto para no caer nuevamente "frente al arco". Con ello simplemente no basta, si no con el ejercicio de aplicar sabiduría, experiencia, dedicación, honesto esfuerzo. La práctica tiene que ser la prueba que podemos, si así lo hacemos, seguro que levantamos "la copa" del campeonato de la vida. Porque el éxito es la suma de los esfuerzos independientemente de los atributos complementarios que no hacen ni suman.
Levantarse y caer es una muestra cabal de perseverancia, pero pecar creyendo lo que no somos, es decir que nuestra arrogancia nos lleve a portar logros pasados y creernos ser lo que no somos, es juego letal como la "ruleta rusa", imprevisible y fatal.
Las apariencias son el mayor pecado de los argentinos sin desmerecer su gran capacidad, pero resulta que a diario caemos en argumentaciones que lejos de conducirnos al éxito nos ponen casi siempre justo al borde del precipicio. Esto sucede en todos los escenarios, deportivos, políticos, culturales, laborales, pintándonos como chantas que siempre declinamos mucho antes de llegar a la meta.
"Chau, no va más", un tango de los hermanos Expósito, habla un poco de las cosas que no van más porque han superado lo permitido. Y en su devenir, nos vemos identificados por tantas historias que inventamos y jamás la hemos vivido. "Chau, no va más", es un párate de advertencia justo a tiempo.
"Chau, no va más..! / Simplemente la vida seguirá. / Qué bronca saber que me dejas robar / un futuro que yo no perdí / pero nada regresará al ayer, tenés que seguir.." / Chau, no va más.! / Es la ley de la vida devenir. / Chau, no va más.! / Ya gastamos las balas y el fusil..!" /
No hay vueltas, cinchar otra vez. Empujar como Dios manda. Forzando el empeño. ¡Sin creernos lo que no somos!
Adalberto Balduino
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