Clarise Sánchez Soloaga
csanchez@ellitoral.com.ar
Noelia Schulz (31) junto con su esposo, Pablo Picolini (34), decidieron en diciembre pasado registrarse en el programa “Familia del corazón”, y ya los llamaron cuatro veces en menos de un año. Tienen tres hijos propios, Francisco (4), Clara (3) y Pía (2), y también los acompaña, por un tiempo indeterminado, una beba de apenas cuatro meses que había nacido prematura.
El objetivo del programa consiste en dar abrigo a pequeños que necesitan un hogar, mientras buscan uno definitivo o vuelven con sus padres biológicos. La mamá de la familia, en este día tan especial, contó a El Litoral el desafío que se animaron a enfrentar y relata puertas adentro lo que es recibir a un niño en condiciones vulnerables.
—¿Cuándo comenzó esta historia que los convierte en familia del corazón?
—Tenemos tres hijos propios, Pancho, el más grande; Clarita, la del medio; y Pía, la más chiquita. Somos una “familia del corazón”, estamos inscriptos hace menos de un año en el programa y recibimos a los chicos que deben ser separados de su familia. Ellos tienen dos opciones: ir a un hogar de niños o permanecer transitoriamente con una familia como la nuestra. Precisamente fue así como llegó ella ( haciendo referencia a a la beba que sostiene en brazos). Habíamos ido a una charla donde hablaban de chicos en condiciones vulnerables, sabemos que es parte del día a día esta realidad, pero vivirla en primera persona es diferente. Vimos la necesidad de ayudar en algo y nos anotamos, Pablo (esposo) me siguió en esto.
—¿Cómo llegó la beba a la familia?
—Me llamaron por esta beba que estaba internada, nos dijeron que necesitaba una familia que la cuide por un mes, y desde entonces está con nosotros, hace ya casi dos meses. Permanecerá con nosotros hasta que se resuelva el problema judicial con su mamá. La jueza nos nos informó sobre su historia como, por ejemplo, el hecho el motivo por el cual se tornó necesario separarla de sus padres. En general, hay un plazo de tres meses para que los pequeños permanezcan con las familias de corazón, que se pueden extender hasta seis meses, más no, para evitar que nos acostumbremos a ella y ella a nosotros. En este caso nos dijeron, no sé por qué, que sólo se quedaría un mes, aunque ya pasó un poco más de ese tiempo señalado.
—¿Es el primer bebé que reciben desde que se inscribieron?
—En febrero tuvimos con nosotros una niña de tres años por 20 días. Nos anotamos en diciembre y, en menos de un año, ya nos llamaron cuatro veces. Una vez nos preguntaron si podíamos albergar a dos hermanas pero, por falta de espacio, dijimos que no. Y en junio, por un bebé que al final no salió, no nos llamaron más.
—¿Cómo se va estableciendo esta relación, entre el niño y la familia?
—Primero te da mucho miedo no saber con qué nos vamos a encontrar porque son chicos con historias muy fuertes, de violencia, maltrato, droga y alcohol. Historias fuertes que no sabes qué puede pasar y cómo poder ayudar. Con las dos niñas fue muy fácil para nosotros, la niña de tres años era muy buena y estaba muy necesitada de cariño, sí los primeros días fueron difíciles para ellas y para nosotros, después pasan los días y nos vamos acomodando. La primera vez que le cociné me dijo que no le gustaba mi comida (ríe) le hice un fideo no más, pero ella quería tomar coca y comer salchicha, después se adaptó.
—¿Hay momentos del día más difíciles que otros?
—Sin duda la noche, era el momento de las preguntas (se refiere a la niña de tres años). Era el momento más difícil porque se acostaba y me llamaba gritando o llorando y contaba las cosas que vivía en su casa, me hablaba de los maltratos que recibía. Mientras ella me relataba eso, mi hija de la misma edad me quería comentar sobre su día de juegos. En un mismo espacio tenía dos historias totalmente distintas y ves qué injusto puede ser todo. Luego, te das cuenta de que los padres de esa niña vivieron también historias de abuso y es como si se produjera una cadena.
—¿Cómo se puede soltar todo eso después?
—Tratamos de tener en claro el objetivo, que ella se queda sólo un tiempo y esto es clave. La gente te dice que hay que pedir la adopción, pero la idea nuestra es ayudar para que no vayan a un hogar, para que tengan, mientras se resuelve su problema, una familia que le dé contención. Sabemos que hay muchas posibilidades de que no nos volvamos a ver. Cuando fuimos a dejarla a la nena de tres años, antes compramos regalos para sus hermanos que estaban en el hogar y, su hermana la recibió muy feliz se dieron un gran abrazo, estaban contentos de estar juntos en el hogar, fue una historia con un lindo cierre.
—¿Cómo fue el caso de la beba?
—Ella tiene cuatro meses, parece más chica porque es prematura. Se le da la mamadera y al principio le costaba recibir cariño. Al contrario que otros niños como los nuestros, no estaba acostumbrada a los brazos. Parecía que le molestara que la alzáramos y no podíamos calmarla, tardó quince días a que nos deje darle cariño, fueron noches muy largas.
—¿Se puede rechazar una vez que el niño ya está con ustedes?
—Hasta el último momento podemos decir sí o no, luego podemos manifestar que la situación nos supera, es decir, la jueza y el Copnaf nos apoyan en nuestra decisión, nos visitan psicólogos. A veces es muy difícil, decís que no podés más, pero después ves cómo se ríe y lo contenta que está y pasa todo, te das cuenta de que todo vale la pena.
—¿Cuál es el fin que persiguen como familia con esta tarea?
—Para mí es muy difícil no encariñarse, mi teoría es que sí me tengo que encariñar porque ellos necesitan cariño, darles amor, pero tener en claro que no se van a quedar. El objetivo es ayudar, no conocemos a sus padres, y sabemos que no vamos a cambiar el mundo, pero sí un poco de su historia, aunque no volvamos a ver a los pequeños que contuvimos, sabemos que algún aporte le hicimos.
—Dijiste que ves dos realidades diferentes, la de tus hijos y la de la beba que contienen en tu familia, ¿qué pensás de esta parte de la vida?
—Vos podés prender la tele y ves este tipo de cosas, sabés qué pasa, pero es diferente escuchar a los chicos que te lo cuenten en primera persona, ver cuánto sufren ellos, ver cuánto sufren al ver a sus padres que se maltratan y cuánto le llega esto a sus vidas. La nena de tres años veía todo lo malo de la realidad, por ejemplo, cuando jugaban y si le sacaban un juguete ella se quedaba con eso malo, que le sacaron el juguete y no veía todo lo demás, se olvidaba de las cosas buenas.
—Pablo: Notamos en la nena de tres años el cambio de una semana a la otra. Cuando se encontró con los hermanos era otra nena, se notaba la diferencia con los mismos hermanos. Le cambió hasta la piel, el pelo, cuando llegó no sabía hablar, sólo gritaba y se comunicaba con gestos. Y eso cambió en sólo 20 días, es decir, no necesitás años para modificar una conducta.
—Muchas familias sostienen tener miedo justamente de las historias que pueden llevar consigo estos niños, ¿qué les dirían?
—Noelia: Hay que animarse a dar el primer paso. No estamos en una lista de adopción, pero hacemos algo parecido. Todos tienen sus historias que vemos en cada uno, no podemos quitar eso porque es parte de su vida, lo importante acá es que reciban cariño y ayudar a que estén mejor.
—Pablo: Lo de encariñarse te sale solo, es imposible no darle cariño. Sabemos que es temporal. La observo a ella (su esposa) y veo que las trata igual que a nuestros hijos. Sabemos que se tienen que ir, pero no podemos no darle rienda suelta al amor. A la de tres años se la quería y se le exigía igual que a los propios, era una más.
—Noelia: Es cosa de animarse, de dar el primer paso y mantener la intención de ayudar a los chicos. Es impresionante la capacidad de amar de los niños, cómo comparten su mamá y su papá, sólo tienen que animarse.
—¿Qué le explicaron a sus hijos?
—Noelia: La historia la adaptamos a ellos, le dijimos que sus papás por el momento no las pueden cuidar y que se quedarán con nosotros por un tiempo. Mi hijo mayor me dice que tienen dos mamás, la propia y la del corazón, es decir, yo. En el caso de la bebé fui a buscarla sola y tenía miedo de sus reacciones por ser tan chica, pero cuando llegue salieron corriendo a recibirla y querían alzarla, la miman mucho.
—Pablo: Cuando nos inscribimos pusimos el rango de edad de los niños, buscamos más o menos de la misma edad que los propios para que no altere mucho la familia. Te llaman de un día para el otro, te describen al pequeño, se hace un encuentro y ya podés volver con el niño a tu casa.
—¿Costó decir que sí por la bebé, al ser tan chica?
—Sí costó, con la nena anterior fue más fácil decir que sí. La situación económica está complicada para tener un bebé, pero dijimos que sí y no nos faltó nada. Un amigo Sebastián nos dio ropa, otra mamá del colegio de mis hijos que no conocía, Valeria, me dio pañales, mi hermana y mi mamá, plata para comprar leche y vitaminas. La gente se solidariza y nos ayuda mucho, saben lo que hacemos y nos ayudan con los ojos cerrados.
—¿Qué es ser mamá?
—Noelia: Para mí ser mamá es un regalo de Dios (llora) es la felicidad absoluta. Dios me hizo dos regalos, ser mamá de ellos (hijos propios) y ser mamá del corazón.
—Pablo: En este día la llevo de rebote (ríe), es su día. También pienso que ser mamá es un regalo de Dios. Hoy la familia está bastante maltratada y duele ver mujeres que rechazan la vida. Está en manos de las mujeres, dependemos de ustedes. Para mí es un orgullo como padre y esposo que mi mujer vea la maternidad como un regalo de Dios.