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Conducir

Por José Ceschi 

¡Buen día! Dime cómo manejas y te diré quién eres. Esta adaptación al arte de conducir un vehículo no deja de tener su aspecto de verdad. De algún modo somos como manejamos: respetuosos o desconsiderados, atentos o distraídos, prudentes o alocados. Hace muchos años apareció en España un folleto de Vicente Hernández García: “La moral del tráfico”. Uno de sus pequeños apartados se titula: “Conducir es una de las más difíciles formas de convivencia”. Allí leemos: “El automóvil tiende a mostrar al ser humano tal cual es y la verdad es que no resulta nada agradable ni atractivo. La presencia del motor de explosión pone en peligro el equilibrio afectivo trabajosamente adquirido por la educación. Por eso tiene mucha razón el refrán inglés: “¿Quiere usted comprobar si alguien es un caballero? Póngalo al volante”.
Y no es que el volante convierta al conductor en un perturbado sólo por esta causa. Es sencillamente que este medio de progreso humano influye poderosamente en él arrastrándolo a un estado psicológico más primitivo. En realidad se trata de un desequilibrio afectivo que puede tener y de hecho tiene, consecuencias sociales muy graves, provocando accidentes, insolidaridad y, en definitiva, faltas de convivencia. No es que creamos en el poder corruptor del automóvil, como alguien ha dicho. El vehículo no pervierte a nadie. El buen o mal uso del mismo es el que lo hace bueno o malo. Y esto depende de la libertad del ser humano.
No negamos que el automóvil actúa como desencadenante de una serie de procesos psicológicos que larvadamente trabajan en el usuario, peatón o conductor, más en el segundo, por supuesto, encontrando en él una excelente tierra de cultivo. Pero de todos ellos es responsable el hombre, que debe conocer y reaccionar frente a esos incentivos que en sí lleva el conducir y que pueden convertirlo, cuando usa la vía pública, en un peligro para él y para los demás y en un ser humano incorrecto e inadecuado”. Y ni hablemos de las motos… sobre todo si son manejadas por jóvenes. Y si va una chica en el asiento de atrás de una poderosa mil… ¡Locura total! 

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Conducir

Por José Ceschi 

¡Buen día! Dime cómo manejas y te diré quién eres. Esta adaptación al arte de conducir un vehículo no deja de tener su aspecto de verdad. De algún modo somos como manejamos: respetuosos o desconsiderados, atentos o distraídos, prudentes o alocados. Hace muchos años apareció en España un folleto de Vicente Hernández García: “La moral del tráfico”. Uno de sus pequeños apartados se titula: “Conducir es una de las más difíciles formas de convivencia”. Allí leemos: “El automóvil tiende a mostrar al ser humano tal cual es y la verdad es que no resulta nada agradable ni atractivo. La presencia del motor de explosión pone en peligro el equilibrio afectivo trabajosamente adquirido por la educación. Por eso tiene mucha razón el refrán inglés: “¿Quiere usted comprobar si alguien es un caballero? Póngalo al volante”.
Y no es que el volante convierta al conductor en un perturbado sólo por esta causa. Es sencillamente que este medio de progreso humano influye poderosamente en él arrastrándolo a un estado psicológico más primitivo. En realidad se trata de un desequilibrio afectivo que puede tener y de hecho tiene, consecuencias sociales muy graves, provocando accidentes, insolidaridad y, en definitiva, faltas de convivencia. No es que creamos en el poder corruptor del automóvil, como alguien ha dicho. El vehículo no pervierte a nadie. El buen o mal uso del mismo es el que lo hace bueno o malo. Y esto depende de la libertad del ser humano.
No negamos que el automóvil actúa como desencadenante de una serie de procesos psicológicos que larvadamente trabajan en el usuario, peatón o conductor, más en el segundo, por supuesto, encontrando en él una excelente tierra de cultivo. Pero de todos ellos es responsable el hombre, que debe conocer y reaccionar frente a esos incentivos que en sí lleva el conducir y que pueden convertirlo, cuando usa la vía pública, en un peligro para él y para los demás y en un ser humano incorrecto e inadecuado”. Y ni hablemos de las motos… sobre todo si son manejadas por jóvenes. Y si va una chica en el asiento de atrás de una poderosa mil… ¡Locura total!