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Pantalla gigante

Por El Litoral

Domingo, 18 de octubre de 2020 a las 01:04

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral.

Corresponde al título de un programa radial que tuvo como epicentro a LR4 Radio Splendid de Buenos Aires, que a finales de la década del 50 se dedicó por entero a la crítica del cine, algo que Argentina por ser cinéfila, tenía pleno conocimiento. Era un ciclo que reunía a su fundador, Jaime Jacobson, Nicolás “Pipo” Mancera previo a su paso por Canal 13 de Buenos Aires con “Sábados Circulares”, Lidia Durán y Conrado Diana. Más tarde se sumó el hijo de Jaime, Jorge Jacobson. 
Me parece merecedor para hablar de la televisión argentina ponerle el acope de “Pantalla gigante” porque en la década del 60 el talento superó todo comentario. Había ideas a raudales, producciones gigantes, se diferenciaban un programa de otro, y se disponía de un elenco notable que coincidía plenamente con la necesidad de la búsqueda de un logro, que afiance y eleve el nivel en forma constante, lo cual permitió jerarquizar un medio de tanta masificación. 
Se trata justamente de un homenaje a esa pantalla que acompaña todos los actos familiares, noticias, entretenimientos y que si bien es la televisión, su monstruosa cobertura la convierte en una súpercomunicadora que a toda hora está con nosotros, pero con la salvedad de que más allá de los avances tecnológicos supimos ser mejores. A propósito de ella, “la tele”, Pablo Sirven periodista de aquilatados antecedentes, en su libro “El Rey de la TV”, transcribe unas palabras de Goar Mestre el cubano que se afincó para siempre en la Argentina, quien a partir del 1° de octubre de 1960, se hizo cargo de la licencia de Canal 13 de Buenos Aires, poniendo en movimiento amén del canal una productora o “fabricante de sueños” Proartel, que fue un ejemplo de jerarquía productiva. Con amplio conocimiento, dice Mestre: “Me pregunto más concretamente hacia dónde se encamina la industria televisiva, cuál será su porvenir y el de los televidentes en general. No es difícil suponer que si las condiciones de vida en este planeta se tornan, como parece, cada vez más complejas, cada día habrá menos gente cómodamente sentada frente a sus televisores.
Y eso no le conviene a nadie. Sigo pensando que el futuro no será tanto de las empresas de comunicación pertrechadas con los más sofisticados tecnológicos como de aquellos cuyos conductores tengan la suficiente lucidez para cuidar a la audiencia y satisfaciendo sus demandas con sensibilidad social y cultural, por cierto compatibilizándolas con los deberes prioritarios de entretener e informar.” Opino que el público sigue estando frente al televisor, pero con una calidad artística en desmedro de lo que fue.
Claro, todo comenzó durante el gobierno de Perón, porque no sólo era un gran entretenimiento que comenzaba a descubrir el mundo, sino que era una gran vértebra política para su difusión. La idea de poseer un Canal de Televisión le corresponde a Jaime Yankelevich a cargo de LR3 Radio Belgrano de Buenos Aires, quien el 17 de octubre “Día de la Lealtad Popular” de 1951 pone en movimiento la primera transmisión de la televisión argentina, desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas. El show de apertura más allá de la transmisión en vivo desde Plaza de Mayo, tuvo al ballet y Coro del Teatro Colón, ocupando los salones del Hotel Alvear.
Nadie duda de la repercusión del acontecimiento por parte del Estado con el primer canal estrella: Canal 7, todos los artistas, locutores, técnicos, periodistas, músicos que alternaron tal patriada, con programas que buscaban insertarse en el gusto popular. Pero fue la televisión privada que dio el gran salto cuando en 1959 se otorgaron las primeras licencias de los tres canales: 9, 11 y 13 respectivamente. Se instaló la competencia y con ella la búsqueda del éxito, pero subió increíblemente esa calidad artística que hoy brilla por su ausencia en cuanto a nivel de ideas y puestas.
Proartel trajo la ambición rectora de ganar audiencia merced a la calidad de imagen y muy especialmente los contenidos, formadores y rectores de una tendencia que le permitió cortarse en ese mar renovado de saludable competencia. En principio la utilización de una mano de obra argentina excelente y lograr el top del posicionamiento, nadie puede olvidar “Viendo a Biondi”, el programa televisivo de mayor rating con sano humor y respeto por las cosas esenciales. “La Familia Falcón” con un elenco de excelencia: Pedro Quartucci, Elina Colomer, Roberto “Tito” Escalada, Emilio Comte, Luis Maza, Silvia Merlino, Alberto Fernández de Rosa. “El Club del Clan”, con todas las voces jóvenes que traían la música fresca y contagiante: Palito Ortega, Chico Novarro, Raúl Lavie, Yolly Land, Violeta Ribas, Néstor Fabián, Rolo Puente, etc.
“Sábados Circulares de Mancera”, 8 horas de emisión continua con la presencia de artistas internacionales y los máximos profesionales artísticos del país. Goar Mestre cuidadoso de la estética y ética estableció una línea que lo expresa en la charla que tuviera con el autor Pablo Sirvén del libro que daba cuenta de este personaje cubano arraigado en el país a partir de LS85-TV- Canal 13 de Buenos Aires. Reafirmaba su forma de ver cómo se debe emitir un programa cuidando hasta lo más mínimo del lenguaje en lo posible. Decía después de que se estatiza su emisora en 1974: “Me horroriza, anota con fastidio, el lenguaje burdo, a veces innecesariamente soez, irrespetuoso y de pésimo gusto que se advierte en muchos programas”. En otro tramo asevera: “…pero de todos modos nada tiene que ver esto con la chabacanería, la vulgaridad y los temas demasiado transgresores que no deben tener lugar en una TV abierta”. No obstante reafirmaba que no admitía por ello la censura ni cualquier medida coercitiva que signifique un cambio de lo justamente un manejo idóneo de los parlamentos. 
Coincidente con lo privado en cuanto a Canales de Televisión, en 1959 se consolida ATA (Asociación de Teledifusoras Argentinas), destinada a acompañar este advenimiento que se iniciaba con la privatización de los Canales 9, 11 y 13 en competencia abierta, que promovió elencos y programación notoriamente diversos. 
Cuando se cumplen los primeros 40 años de ATA, editan un libro titulado: “El libro de oro de nuestra televisión”, su Presidente entonces, Carlos Fontán Balestra, al final del prólogo decía: “Siempre las evocaciones implican algunos olvidos. Probablemente, muchos advertirán alguna injusticia en estas páginas sobre la verdadera contribución  que los hombres y mujeres de la televisión aportaron a su actual dimensión. Pero ha sido un riesgo aceptado. Preferimos hacer el homenaje a costa de que quizás alguien sienta que omitimos un nombre o no colocamos la marquesina correspondiente a otro…”. 
La televisión entonces recreaba un sueño posible en puestas escénicas inolvidables. Si bien popular, no olvidaba los principios que toda producción debe tener: calidad, jerarquía, certeza en lo posible. Es decir una definida línea ética y estética. Buscar ideas, crear, exigir porque los talentos abundan y la “pantalla gigante” de ese crecido entretenimiento familiar, se lo merece. 
La búsqueda fue una constante que la privatización habilitó y alentó, produciendo como nunca una constelación de logros que enriqueció la filosofía de hacer televisión. Inquieta, dinámica, acercando la inmediatez del “vivo y en directo” que ponía en práctica una revolución tecnológica que hacía escuela y lograba una creciente masificación, donde cada televidente hacía valer su preferencia por determinada programación. Eso evidenció la presencia crecida de figuras notorias, nacionales e internacionales, que daban la primacía de una nueva forma de encarar el arte televisivo.
El cubano Goar Mestre, responsable de la licencia de Canal 13 de Buenos Aires, hombre de gran experiencia en el mercado norteamericano como el propio latinoamericano, fue el impulsor de esa nueva manera de ver y encarar la producción televisiva. Argentina lo acogió, formando una familia y viviendo buena parte de su vida profesional, creando oportunidades de ventas publicitarias, así como lograr esa jerarquía que se permitió transmitir como sello de identidad en todo lo emprendido televisivamente.
Retomando las palabras de Carlos Fontán Balestra, Presidente de ATA, en el Libro de Oro a la Televisión privada, concluye afirmando: “Confiamos en que este recuerdo que quiere ser  un verdadero agradecimiento, recree en nuestra memoria y en nuestro espíritu los primeros 40 años (teniendo en cuenta que esto se editó en 1999) de la televisión privada y nos prepare nuevas emociones para el siglo y el milenio que asomarán también por la pantalla”.
Por eso decíamos al definirla como “Pantalla gigante”, por cuanto la televisión forma parte de nuestras vidas, es más grande de lo que suponemos porque lidiamos con ella diariamente, los chicos se hacen grandes, y todas las generaciones pasan por ella en un espectáculo que felizmente nunca termina.

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