Un día como hoy hace cuatro años murió Gonzalo del Corazón de Jesús Roch, conocido en todo el mundo como Pocho Roch. Toda una generación no podrá conocer al hombre de ojos brillosos, pelo revuelto y sonrisa grande que inundó el país con sus melodías y defendió el chamamé como pocos. “Es la dignidad del correntino”, aseguraba. Pero la rica y prolífica obra del cantautor correntino espera atiborrada en la misma pieza en la que todos los días componía. Elementos de colección que aguardan ser rescatados y difundidos por algún valiente para las generaciones futuras.
“Era un hombre sencillo, pero un gran rebelde”, recuerda su hija Maria “Maloli” Aurora mientras Benicio el perro de Pocho ladra y mueve la cola cada vez que lo nombra.
El querido músico correntino al que no se le conoció exabrupto alguno, salvo aquella vez que enfrentó a quien osó decir que el chamamé era una cosa hecha a la ligera.
Apenas oyó eso, Pocho salió disparado hacía Radio Corrientes y enfrentó ese improperio. “Consideraba que era un insulto a la dignidad de los correntinos. Fue la única vez que lo vi sacado. Natalio Aides conducía el programa”, relata su hija.
Pocos sabían que la salud del músico era endeble desde muy temprana edad. Debió ser intervenido varias veces por una insuficiencia cardíaca. Tenía varios bypass y habían logrado salvarle la vida más de una vez. “La última vez que se lo intervino fue en 2004 en Corrientes”.
“Su salud siempre estaba deteriorada. Pero eso no le impedía desvelarse para componer o leer. No fueron pocas las veces que lo encontré boqueando en su silla hasta terminar una obra”, comparte Maloli.
La vida de Poch anida en los recuerdos de su hija, pero se inmortaliza en las más de 5.000 obras del músico, algunas de las cuales ni siquiera se estrenaron.
Soñó siempre con ser músico. “En Itatí los niños jugaban con la tierra, con autos. Pero él jugaba a dirigir la orquesta e imaginaba melodías”.
Algo de ese amor por la música y la cultura local la heredó de su padre Francisco Roch, organista de la Basílica de Itatí. “Cantaba todas las mañanas cantos gregorianos a la Virgen junto al abuelo Francisco”.
Dejó su amada Itatí para incorporarse al Colegio Nacional, donde formó su primer grupo musical: “Los señores correntinos” y compone “Maleta tuichá”. Canción que grabó el reconocido músico Daniel Toro.
Desde entonces Pocho Roch no dejó de ganar premios por sus composiciones. Pero en 1971 decide dejar todo y comenzar a trabajar en su música. En 1974 organiza “Canción Nueva” junto con Marili Morales Segovia.
En ese año escribe uno de sus himnos: “Pueblero de allá Ite (Ité)”. “Se canta en todo el mundo y fue definido por Mercedes Sosa como una joya”, agrega la entrevistada sobre la obra cumbre de su padre.
Pero pocos saben que la canción la escribió en un auto a las seis de la mañana mientras esperaba para ingresar al Rectorado de la Unne, donde trabajaba. “Volvía de una de sus actuaciones y estaba estacionado en la plaza 25 de Mayo. Compone la letra y la melodía, pero no tenía grabador, así que apenas entra al Rectorado anota todo lo que logra recordar y quedó lo que es hoy. Siempre se abstraía cuando componía, podíamos estar sobre él, peinarlo, molestarlo, pero él no se inmutaba”.
Pocho Roch era un rebelde. Llevó por primera vez el chamamé al Teatro Vera. Incorporó instrumentos de viento, sintetizadores y corales. “Fue todo un impacto, una revolución que el chamamé suene en el Teatro Vera. Incorporó instrumentos de las misiones jesuíticas, porque el chamamé, por su origen, es un rezo-danza de los antiguos guaraníes. Fue resistido hasta que cautivó a los jóvenes de las universidades”.
Su amor por la música siempre afloró pese a esas largas noches de desvelo en la pensión en la que se debatía sobre cumplir el mandato familiar: lograr un título universitario o seguir su vocación. “Se la jugó y la vida se lo recompensó”, afirma su hija.
Esa misma habitación de sus cavilaciones lleva hoy su nombre: salón Pocho Roch, en el palacio Municipal.
La Unne le otorgó el título de Doctor Honoris Causa. Siempre estuvo dispuesto a ir donde sea para hablar sobre chamamé, cultura, guaraní y Corrientes. Realizó innumerables investigaciones, pese a lo endeble de su salud. Fue un trabajador incansable de la cultura. Fue asesor del Consejo Consultivo para la creación de la Facultad de Artes de la Unne. Incorporó la enseñanza de guaraní en la Universidad. Los correntinos lo mimaron. “No podía subir a un remis, porque no querían cobrarle. Una vez subió a un colectivo que debió parar su marcha, porque los pasajeros no dejaban de saludarlo”.
Se preparaba para su actuación en el Teatro Vera, prevista para el 27 de septiembre del 2017. Escribía nuevas canciones para esa velada que no logró concretar porque se murió un día antes. “No cantó, pero estuvo su cuerpo y el público le cantó a el. Creo que fue la mejor despedida”, rememora su hija.
“No le alcanzó la vida para hacer todo lo que quería. Nunca tuvo ideología política, pero era correntino y chamamecero hasta la médula y devoto de la Virgen de Itatí”.
Su prolífica obra espera en cajas de cartón etiquetadas por año, que las autoridades provinciales las rescaten y las difundan para las futuras generaciones. Pero esperan también por aquellos a quienes como Pocho Roch los quemaba el fuego de la pasión por Corrientes. Hasta luego pueblero de allá ite.