Por costumbre, uno generaliza. Pero en realidad es como el amor, se contagia, adhiere, cuando el campo es propicio por ser compatibles, especialmente el oyente que se entrega mansamente a los efluvios transmitidos por la radio.
Desde chico, he escuchado, alentado por mis padres, leído mucho sobre la radio, como quien asiente sin condición alguna la pasión desenfrenada que posibilitó Guillermo Marconi cundió, hasta convertirse en metejón. Decía que la radio pica fuerte, porque su “ponzoña” benigna me duró la vida entera.
Y, es así que atraído por la aventura joven de un grupo de muchachos que pasaron a la posteridad, universitarios, identificados como “Los locos de la azotea”, porque se la pasaban en los techos del Teatro Coliseo con tal de levantar una antena que propale el lanzamiento que se iba a dar, el 27 de agosto de 1920.
Estos buscadores ingeniosos lograron que seamos los primeros de Hispanoamérica en radiofonía, terceros en su explotación mundial; sin duda sus nombres marcan una epopeya: Enrique Sussini, Luis Romero Carranza, César José Guerrico y Miguel Mujica.
Pero ojo, que también en 1924 fuimos punteros al inaugurarse la primera radio universitaria, correspondiente a Radio Universidad Nacional de La Plata. Argentina desde el principio, estrenó una transmisión regular más una programación producida, hasta entonces no puesta en el aire más allá de lo meramente experimental.
Desde allí, mucha agua ha corrido bajo el puente de la creatividad. Desde el momento mismo de su arranque, primó la música clásica como elemento generador de atracción. Luego, más tarde, acompañó el tango como música popular, cubriendo finalmente aquella que representa la idiosincrasia del “granero del mundo”, que crecía y crecía.
En 1921, un año después de estrenada la primera emisión, se transmitió la asunción a la Presidencia argentina de Torcuato de Alvear. En 1923, se trae desde el Madison Square Garden de Nueva York, en los Estados Unidos, el sonido que rodea al box, en las voces del público y los narradores de entonces, en una transmisión vibrante, con la pelea histórica de Firpo-Jack Dempsey.
La radio no solo modificó las preferencias, sino que surgieron otras como la asidua lectura de las revistas especializadas dando cuenta ese nuevo mundo encantado: “Radiofilm”, “Antena”, “Radiolandia”, “Mundo Radial”. Y hasta acercó una revista destinada a conocer las poesías de los tangos que se escuchaba por radio, para que el pueblo también pueda cantarlas: “El Alma que Canta”.
En la década del 30´por el asunto de adjudicación de licencias muchas primeras radios que acompañaron el nacimiento, las pioneras, cambiaron la razón social, produciendo el advenimiento de nuevos nombres, tornándose en prestigiosas de gran captación nacional, con otra denominación: Radio Mitre, Radio Belgrano, Radio Porteña, Radio del Pueblo, Radio Rivadavia, Radio Stentor, Radio Splendid, Radio El Mundo. Muchas fueron favorecidas merced a un grande, don Jaime Yanquelevich, que creó cadenas a través de filiales que al sumar voluntades las potenciaban cubriendo con amplitud el territorio nacional.
Por ejemplo aún se recuerdan las cadenas fundadas por Yanquelevich: “Cadena Gigante”, “Red de emisoras Splendid”, y “Cadena Azul y Blanca de Emisoras Argentinas de El Mundo”, teniendo en cuenta que poseía la licencia de LR3 Radio Belgrano de Buenos Aires, que a la vez sirvió de cuna para la incipiente televisión argentina en blanco y negro, o sea el mítico Canal 7.
Se puede puntualizar un programa donde el folklore nacional decía presente: “La Tropilla de Huachi Pampa” con Antonio Tormo y la Dirección General de Don Buenaventura Luna, un fervoroso amante de lo nuestro, como así también Fernando Ochoa que conformaba cartel con el guitarrista Abel Fleurí. En deportes descollaba, Alfredo Arostegui con “El relato olímpico”, y un programa íntimamente ligado al fútbol: “La pensión del Campeonato” con “Tito” Martínez del Box. En deportes entonces, se destacaban los periodistas Horacio Besio, Borocotó, Lalo Pelliciari, Enzo Ardigó, Fioravanti, los hermanos Sojit, Elías y Manuel Córner. Hablamos del principio de la Radio, de sus orígenes, cuando aprendía recién a dar sus primeros pasos.
Uno de los rubros más populares, de gran audiencia porque la imaginación vuela, lo constituyó el Radioteatro. Lograba captar al oyente con obras del teatro universal, pero más que nada con las simples historias que el barrio, la ciudad brindaban, los mismos sueños, las mismas ganas. Dice el autor Jorge Rivera en su libro “Medios de Comunicación y Cultura Popular”, conjuntamente con sus pares, Aníbal Ford y Eduardo Romano: “…se discute todavía si fue efectivamente Francisco Mastandrea, con su novela episódica “La caricia del lobo”, quien poco antes del 30´emitió por primera vez un radioteatro.” Lo que si fue un boom, lo constituyó Andrés González Pulido con su famoso ciclo, “Chispazos de tradición”, con un elenco encabezado por el actor, Domingo Sapelli, y las compañías de Héctor Bates, Juan Carlos Chiape, y el chaqueño Rolando Chávez.
La radio creció a pasos agigantados, tanto en producción como en contenidos; desplegó todo el arte logrado, el interés permanente de una búsqueda constante. Grandes intérpretes, excelentes voces, y una calidad superlativa en que la competencia no era sólo cachet, sino el logro de gente que pensando elaboraba textos con ideas ricas, simples, capaces de crear fantasías, dibujar tantas imágenes con las palabras paragonándose como el cine y la televisión. Claro, estos dos últimos medios tienen imágenes y colores, mientras que la Radio acudiendo a su inteligencia se sabe expresar con la música, las voces, las pausas, los textos, los tonos, la inmediatez con que cubre cada contingencia.
La radio campeó todos los huracanes. Sin embargo, el cariño de su público abreva un medio que siempre fue un desafío. Porque los medios deben bregar por lo eminentemente popular, expresar a una comunicación más objetiva y cristalina, donde las ideas generen esa jerarquía que siempre supo hacer gala.
En el final, Aníbal Ford, un estudioso de los medios, concluye: “Aunque esto tenga su historia y sus antecedentes es un fenómeno que está creciendo fuertemente hoy. Me refiero a la valorización del receptor en el proceso de la comunicación, a la reivindicación de sus posibilidades de creación…” La radio es un bicho que “pica” fuerte. No hay vacunas. Solamente, basta escucharla, y santo remedio.