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James Cameron y un retorno que apuesta a la emoción y al alto impacto visual

Por El Litoral

Domingo, 18 de diciembre de 2022 a las 01:00

La cruel persecución de los humanos contra los pueblos indígenas de la ficcional luna Pandora se profundiza con un emotivo acento familiar en Avatar: El camino del agua, la esperada secuela del universo de ciencia ficción con el que James Cameron rompió récords más de una década atrás, y que llegó esta semana a las salas de cine con un despliegue visual y de efectos especiales que sabe aprovechar al máximo la espectacularidad de la pantalla grande.
“Poder actuar bajo el agua, que ese sea tu escenario, fue algo que nunca creí que lograría. Cada uno tiene su propia relación con el agua, y tuvimos que ser unánimes y aprender a ser un tipo diferente de Na’vi bajo el agua”, contó en diálogo con Télam la reconocida Zoe Saldaña sobre el desafío actoral que se volvió uno de los caballitos de batalla del filme, en el que regresa como la hábil guerra nativa Neytiri.
Es que después del impacto que causó la cinta original en 2009, que le valió cuanto reconocimiento hubiere por su diseño y uso de efectos visuales, y el récord de taquilla histórico a nivel mundial —que aún ostenta, gracias a su reestreno en China de 2021—, era esperable que el director canadiense redoblara sus ambiciones para esta entrega. Y bien podría decirse que cumplió. 

Los Na’vi
Al igual que con su antecesora, el también realizador de otros tanques como las dos primeras Terminator (1984 y 1991), Aliens (1986) y la megaexitosa Titanic (1997) acudió a lo último de la tecnología para crear las herramientas que hicieran realidad su visión. ¿La idea? Filmar con la ya popularizada técnica de captura de movimiento, que había mejorado y empleado para Avatar, pero ahora abajo del agua, algo nunca antes hecho en el cine.
Así, el elenco, al que también vuelve Sam Worthington como Jake Sully, líder de la tribu Omaticaya y pareja de Neytiri, debió aprender a bucear a pulmón, moviéndose con gracia y sin tanques de oxígeno ni ayuda alguna más que su propia capacidad de retener el aire. 
El producto —influenciado sin falta por el amor de Cameron por la exploración submarina— es una colección de imágenes atrapantes que triunfan en su intención de sumergir (valga la redundancia) al público en su historia. 
De manera inevitable, la pureza del logrado y fantástico paraíso acuático entra en alternado contraste con la carga industrializada y explosiva de la raza humana que avanza sobre el virginal ecosistema de Pandora. También repitiendo la fórmula de la original, y sin exigir elaborados matices a la llana narración de Cameron, el valor de los recursos naturales, del sentido de justicia y de la unión entre iguales ocupa la centralidad de la trama. 
Esta vez se reflejan en la nueva realidad de Jake, Neytiri y sus cuatro hijos, que deciden exiliarse de su clan cuando la revancha de los humanos los tiene en la mira, con la reaparición del coronel Quaritch (Stephen Lang) a la cabeza de la cacería. Sola, la familia llega a las costas de la cultura Metkayina, donde los humanoides Na’vi habitan fuera, dentro y en comunión espiritual con el agua. 

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