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Muerte por amor

Por El Litoral

Domingo, 18 de diciembre de 2022 a las 01:00

Por Enrique Eduardo Galiana
Moglia Ediciones
Del libro “Aparecidos, tesoros y leyendas”

Breve y sencillo. Por la calle Córdoba hacia el sur, antes  de llegar a San Martín, todavía existe una antigua casa que sobrevive a las piquetas de las propiedades horizontales. 
Bonita muchacha, con sufrimiento a cuestas, no podía entender el motivo de su martirio o no quería explicarlo. 
Mal de amores, decían en la época. 
Por más que muchos niegan el poder del amor, el mismo cuando te llega, te pega fuerte y paga bien, o paga mal. 
Ella, bella y joven, acudió a médicos, curanderos, adivinos, sacerdotes, pero su mal no decrecía. Y como dice la poesía, él volvió casado y ella se murió de amor. 
Antes de su muerte física, ya estaba acabada por dentro, no tenía ánimos para nada. 
Su bella sonrisa se trocó en una mirada triste y lejana. 
Sus afectos familiares la rodearon con el profundo amor que le profesaban, pero ninguno de ellos pudo horadar la coraza de desazón que su mal amor construyó. 
Se la veía en la ventana de lo que vendría a ser un primer piso, o una buhardilla, siempre con una flor en la mano. La cuidaban con esmero y amor. Trataban de todas maneras de levantar el ánimo, según afirmaban, sin resultados. 
El fatídico día llega. Una gran tormenta azotó la ciudad, se cortó la luz, el familiar que la acompañaba bajó a buscar velas, tardó bastante por la situación reinante. Al volver, la encontró colgada de un ventilador de techo, con una pañoleta de seda natural, que según dicen le había regalado su amor perdido. Lo extraño es que tenía una sonrisa agradable en el rostro, dentro del cuadro de la tragedia de un ahorcado. 
Los vecinos del barrio y algunos extraños cuando pasan y miran la ventana suelen ver, o creen ver, a una bella muchacha con una flor en la mano que los mira, siempre sonriente, al reflejo de una luz cautivante, otros relatan que el amor de su vida, que la impulsó al acto mortal, ronda por las noches borracho, harapiento, pidiendo a gritos perdón frente a la ventana, lo que motivó que la policía lo lleve en muchas ocasiones a dormir la mona en la comisaría, en la cual se pasa hablando toda la noche como explicándole a una sombra, su conducta y sigue con sus pedidos de perdón.

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