Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral
Ricardo Simeone es médico especialista en psiquiatría y psicología médica, es profesor titular del Área Psicología Medica de la Facultad de Medicina, jefe del Servicio de Salud Mental del Hospital Escuela y autor junto al “Cholo” Vera de “Salud mis amigos”, interpretada de manera inigualable por Amandayé. Se trata de una canción que inundó el aire chamamecero en Nochebuena, ya que desde las páginas del Instituto de Cultura y Chamame 2.0 lo subieron a modo de saludo de Navidad y Año Nuevo y rápidamente se viralizó en ese universo sonoro.
¿Qué hace un psiquiatra escribiendo canciones? Me pregunté entonces, y la primera respuesta me la dio Ricardo, mi vecino y amigo del barrio Aldana, que suele recordar que el 22 de noviembre es el día de la música y también es el día del psiquiatra.
¿Coincidencia nomás? No lo sé, aunque Ricardo suele excusarse en esa “coincidencia fortuita para aferrarse con humor a las convenciones sociales del mandato de las identidades construidas desde las profesiones”.
Lo cierto es que nuestro entrevistado escribió poemas y canciones mucho antes que recetas y, por tanto, esa faceta de autor es también parte de él, como una “música de fondo”, una capa más de su identidad.
Tuvo la fortuna, además, de crecer en una familia donde la música siempre estaba de algún modo presente, en largas sobremesas con instrumentos pasando de mano en mano en su casa. Ahora esa memoria es un legado compartido con sus tres hijos. Fuera de lo familiar, en la adolescencia integró a un grupo llamado “Canto América”, con el que anduvo varios caminos y donde empezó a escribir algunas canciones con las que obtuvo el primer premio de un certamen nacional de la canción inédita.
—¿Por qué Amandayé para este tema?
—Por años integré un grupo vocal, un género predilecto en el universo de la música folclórica que escucho y siento. Pedro de Prado y Hugo Scofano formaron dos grupos vocales: “Nuevo Día” y luego “Canto Raigal”, que dejaron una huella indeleble en el folklore de la región y fueron referentes en nuestra adolescencia cantora; esa esencia habita también en el estilo Amandayé. Esto que digo es la reafirmación de mi respeto y admiración hacia ellos desde siempre. La excelencia musical de Amandayé jerarquiza nuestra música y era para mí toda una tentación mostrarles esta canción. Lo pude hacer charlando con Hugo, con quien además tengo el gusto de compartir la vecindad del Aldana. Su afable trato facilitó las cosas, lo charlaron entre ellos y grabaron el tema y después vino la realización del video. Todo un honor para este psiquiatra musiquero.
—¿Como se llamaba tu grupo de médicos musiqueros?
—Como todo conjunto teníamos que tener un nombre, entre chistes (y etimología) encontramos el nuestro: “Iatrogenia”, que quiere decir echo por médicos. Todos los jueves durante varios años, nos juntábamos a hacer música, para “ensayar” decíamos. Todo ocurría en un lugar mágico, la casa del querido Julio “Ompa” Duarte Mohando. Si bien hicimos presentaciones, algunas para nosotros muy importantes como actuar en el Teatro Vera o hacer solos un espectáculo a beneficio de la cooperadora del Hospital Escuela, a la distancia pienso que “era mentira” que esos eran “ensayos”, todos los jueves había un “estreno” y lo celebrábamos.
Con la bendita excusa de la música los inolvidables momentos se constituyeron en un maravilloso ritual semanal de gratísimos encuentros; tiempos de cantos, de risas y bálsamos sonoros para los tiempos tristes.
—Ompa era un músico conocido en Corrientes que ya no está. ¿Cómo vivieron ese proceso?
—Llegaron tiempos difíciles al grupo, nuestro anfitrión, el garante de que haya buena música, nuestro dilecto amigo Ompa empezó a cursar una muy difícil enfermedad. Siempre intentamos que la “banda siguiera tocando” con él, era más necesario que antes, por cierto, la ultima juntada la hicimos en el hospital donde estaba internado, ahí toco por ultima vez nuestro talentoso pianista a su “negro dientudo” (como solía llamar a su teclado). Sin dudas, era más necesario que antes, mejor dicho, imprescindible.
—¿Cómo surge “Salud, mis amigos”?
—Una de esas noches, mientras el grupo charlaba de no sé qué cosa, el “Cholo” Vera jugaba con una melodía en su guitarra, sentado a su lado le pregunté de qué se trababa y me respondió: “Inspiración iatrogénica”. Sonriendo, le pedí que me mande un audio cuando pudiera, que intentaría ponerle alguna letra. A los tres días recibí por el celular el audio casero con la melodía de un chamamé; no habíamos conversado nada sobre de que podría tratar la letra, tampoco lo había pensado, pero esa misma tarde de domingo me senté a garabatear algunos versos y en no mucho tiempo me encontré escribiendo un verso final en un estribillo que decía: ¡Salud mis amigos! Creo que las vivencias reclamaron desde el afecto habitar esa melodía.
—El video plantea una reunión de amigos y un brindis final. ¿Era así en la ceremonia de los jueves?
—Claro, empezamos a cantar este chámame en las últimas juntadas en la casa de nuestro querido amigo con el que tuve, además, el gratísimo honor de grabar este tema, donde tampoco estuvo planeado, pero como en una coreografía infaltable en cada “salud, mis amigos” brindábamos celebrando estar juntos.
A la distancia pienso que entre todos forjamos el fundamento de este chámame, armamos en cada guitarreada ese “telar de palabras” para tejer en nuestras charlas nuestros destinos, con hilos de sueños, con hebras de llantos más fibras de risa tejimos el manto de afecto con que abriga la amistad. Encontrábamos así la manera de cambiar por trinos el dolor y las nostalgias.
Como en todos los grupos teníamos anécdotas y cantos a los que partieron y estoy seguro que también a cada uno de nosotros, cuando nos toque, nos regresará alguna anécdota o alguna canción a las juntadas de amigos. “Habitaremos canciones, volveremos en guitarras, seremos luz del alba con soles de sapucay”, obvio, lo estoy haciendo al contar esta historia.
—Ese clima, creo, sintetiza las reuniones de amigos cuando hay chamamé.
—No tengo dudas que el fogón de la “musiqueada” en todos los lugares y tiempos convoca a los amigos al encuentro y siempre hay razones para levantar las copas y celebrarlo.
Creo que sin proponérmelo trascribí en la letra de este chamamé íntimas vivencias de momentos con este y otros grupos de amigos con los que tuve la fortuna de abrazar parte del camino de la vida en noches de canciones, pasos que dejaron huellas profundas en los senderos de mi ser.
Sé que en cada guitarra se seguirá despertando el alma de cada cantor (esa que hace falta) “porque cantando entre amigos las tristezas pasan”, como dice la letra. Sé también que “brindaremos por más de un motivo y que la amistad hará más valioso al vino”.
¡SALUD, MIS AMIGOS!
Quiero anochecer en charlas de amigos:
telar de palabras tejiendo destinos,
con hilos de sueños, con hebras de llantos,
mas fibras de risas, tejerá mi manto.
Juntos abrazar parte del camino:
Traer en recuerdos a los que han partido.
Quedarnos callados, después casi a gritos,
una noche más, celebrar chamigos.
Estribillo:
La guitarra ira despertando el alma
de cada cantor, esa que hace falta,
cambiando por trinos, dolor y nostalgias;
cantando entre amigos las tristezas pasan.
Quiero guitarrear, cantarán conmigo;
sé que brindaremos por más de un motivo,
la amistad hará más valioso al vino.
Una vuelta más: ¡Salud mis amigos!
Quiero amanecer y ser luz del alba,
sol de sapucay legar la esperanza,
de habitar canciones, volver en guitarras.
chámame nos crece, seremos mañana.
Letra: Ricardo Simeone
Música: “Cholo” Vera