Por Luis Polo
Psicoanalista y psiquiatra, autor de la novela “Érase una vez en Paso de los Libres”.
Especial para el diario El Litoral
En el principio era el allá…
donde mi nombre resplandecía
como un ángel herido siempre
por una luz de naranjales
que descolgaban soles
y llenaban de dulzor el aire
cantando lo incantable
Rodrigo Galarza
Extracto de “Parque de destrucciones”
De vez en cuando la vida toma conmigo café”. Tomo a Joan Manuel Serrat para retratar lo que quiero llamar “la cita con Caá Catí”.
Mi invitación como disertante fue mi primera experiencia como escritor y fue realizada por Carlos Lezcano, periodista, escritor y gran gestor cultural de la región y uno de los integrantes de la curaduría de la Feria del libro de Caá Catí.
La cita era para el domingo 4 de septiembre pasado, pero atinadamente acepté la propuesta de Fernando Abelenda, prestigioso psicoanalista, gran lector y venido en reconocido promotor de la vida cultural de Corrientes y de dicha feria desde hace varios años– a quien pedí que me acompañara en la presentación de mi novela– de concurrir el día sábado a escuchar a los otros escritores.
Con sólo llegar al pequeño pueblo, con sus tranquilas calles que cobijan a añejas casonas de adobe y frondosos árboles, se respira un aire poético que se reencuentra entre las paredes del salón de la Biblioteca Popular “Dr. Juan M. Rivera”.
Es tan fuerte ese espíritu que la presencia de todos, tanto escritores como espectadores, se convierte en una cita con una – o un – amante que te brinda lo mejor que tiene.
Uno no sabe a ciencia cierta - se sabe que el arte, en este caso el de la escritura, escapa al rigor de un programa científico– cuál es el atrapante misterio de esta feria si bien es mucho lo que se puede desgranar al respecto. Me gusta pensar que Caá Catí quiso que se organizara una feria del libro artesanal, ajena a las multitudes anónimas, para que nos enamoráramos de ella, de la feria y del pueblo, valga la confusión.
Es una feria que funciona como en un movimiento en una banda de Moebius (una cinta en la que un objeto se puede desplazar sin saber cuál es el interior y el exterior y que es un sin fin) en la que los escritores y expositores se convierten en espectadores de los siguientes autores, quienes a su vez, los habían estado escuchando, banda letrada que después se desplaza hacia los restoranes del pueblo para seguir con las charlas, ahora con bebidas y comidas. Así es durante los tres días de la feria.
La idea fundacional surgió de una preocupación de Rodrigo Galarza, quien manifestó que una cuna de poetas como Caá Catí, tenía que tener su propia feria del libro. A su alrededor se armó una verdadera banda conformada por Eva Barrios y Yelba Zalazar (acompañadas por una Comisión de la Biblioteca Popular “Dr. Juan M. Rivera”), además de Gabriela Bissaro, Fabián Brizuela, Francisco Galarza, Carlos Lezcano, como así también los grupos “Pájaro de Tinta” y “Nativos”. Es una movida que cuenta con el apoyo de la Municipalidad de Caá Catí y del gobierno provincial, gestiones que entendieron que la feria del libro es una parte fundamental de su política cultural y que no debían interferir en el armado de la curaduría.
Este año, 2022, el de su novena edición, contó con la presencia de un abanico de escritores y disertantes locales, de la provincia de Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Caba con temáticas abiertas sobre poesías, novelas, cuentos y ensayos.
Participaron Sylvia Iparaguirre, Gabiela Saidón, Cristina Iglesia, Ernestina Perrens, Victoria Martín, Maricel Martín, Zamba Quipildor, Hermanas Vera, Rolando Camozzi Barrios, María Laura Ribas, Osvaldo Mazal, José Gabriel Ceballos, Juan Páez, María Julia Gómez Pescié, Hernán Vallejos, Miguel Ángel Féderick, Alejandra Hernando, Cleoppatra Barrios, Gabriela Quiñones, Estefanía Cutro, Stella Maris Folguerá, Grupo de Letras de Mercedes, Fabián Brizuela, Osvaldo Aguirre, Carlos Lezcano, Francisco Galarza, Irene Pérez, Estefanía Ceballos, Mariana Rinessi, Constanza Pérez Ruiz, Evelyn Bochle, Pablo Black, Miguel Ángel Molfino, Kiko Galiana; más la participación de las periodistas María Mercedes Vázquez y Gabriela Bissaro y de “Sembrando huellas, grupo de estudiantes de la Escuela Normal coordinados por la profesora Sonia Martinez; Fernanado González Azcoaga, Natalia Lievres y María Inés Pacheco y un equipo de trabajo, “Cacho” González Vedoya, Mauro Santamaría, Carlos Quiñones, Integrantes de Fecobip, Fernando Abelenda y quien escribe esta reseña.
A su vez se contó con la participación de la Orquesta Folclórica de la Provincia y se proyectaron varios audiovisuales y filmes, como “Soles y laderas”, de Florencia Sonza y Agustina Soria, sobre el poeta David Martinez, el tráiler “Corazón timbó” de Nahuel Fontán, “Nuestro nombre es milagro”, documental de la Unne sobre la guerra de Malvinas, “El fin del ingenio primer correntino. De Industrias perdidas.”, de Carlos Barreto Biloni y Lisandro Lorenzón, “Historias que queman”, documental de Chapu Toba y Bárbara Casaron Mateio, quienes también realizaron una muestra fotográfica, sobre los incendios en Corrientes del verano de 2022 en la que se rindió homenaje a los bomberos voluntarios, cuya presencia emocionó a la concurrencia. Las proyecciones fueron realizadas por el Cine Móvil de la Provincia de Corrientes.
También se presentó la obra teatral “La niña que fue Cyrano”, interpretada por Camila Benítez con dirección de Andrés Verón.
Es de destacar la presencia institucional de Gustavo Martinez, director de la Editorial de la Universidad de Entre Ríos, de Carlos Quiñones, director de la Editorial de la Universidad Nacional del Nordeste y de Leonardo Moglia, director de Moglia Ediciones, de la ciudad de Corrientes.
Antes de esta cita, para mí Caá Catí era un nombre de la poesía, nombre que encontraba en las estrofas de “Viejo Caá Catí”, el emblemático chamamé de Albérico Mansilla y de Edgar Romero Maciel que cantaba, allá lejos, en la escuela primaria de Paso de los Libres, el cual es sólo una muestra de sus grandes poetas, como Juan Carlos Gordiola Niella y los mencionados David Martínez, Fabián Brizuela, Albérico Mansilla y Rodrigo Galarza -y que justifican el hermoso nombre de Feria del libro de Caá Catí. Donde la luz no muere…
Creo que el libro en papel produce una relación íntima y diferente tanto con el autor como con el lector, vínculo que no se genera con otros soportes de lectura, como los digitales, por eso considero fundamental el apoyo del Estado, vital a todas luces, para la realización de las gestas de las ferias de libros.
Para finalizar, cito a Pocho Roch, la de Caá Catí es una feria de allá ité, y – agrego yo -de acá y de todas partes, porque su espíritu de amor por los libros y la lectura la hace trascender y eso es algo que enamora y que suscita el anhelo de una nueva cita.