Lo que era una fiesta se transformó en un escándalo este viernes en la final del Mundial de talla baja entre Argentina y Paraguay celebrada en el microestadio de Argentinos Juniors. Cuando el encuentro estaba 3-1, el seleccionado visitante decidió abandonar el terreno de juego, enojado con el clima hostil que se vivía y los fallos arbitrales.
El caos se desató después del tercer gol de la Argentina, que devino de una infracción producto de una supuesta mano. Las quejas del entrenador paraguayo hicieron que los jueces lo echaran y este se reubicó en una de las gradas.
Cuando se intentaban reanudar las acciones, la hinchada albiceleste entonó “el que no salta es guaraní”, al tiempo que una botella cayó desde las gradas. Eso hizo que el técnico, quien recibió un escupitajo, se enfureciera e invadiera la cancha para pedirles a sus jugadores que abandonaran la final. Fue así que la delegación se marchó rumbo al vestuario, siendo apoyada por las selecciones de Brasil, Bolivia y Colombia que se encontraban viendo el partido.
Argentina, con tres correntinos en su plantel, ganaba 3-1, y ahora se espera que sea declarada oficialmente como campeona del Mundial.