Donald Trump subió ayer al estrado del tribunal estatal de Manhattan y fue sometido a un interrogatorio sobre sus finanzas y su imperio empresarial en lo que fue un extraordinario espectáculo jurídico y político.
El expresidente de Estados Unidos desestimó las acusaciones de que las declaraciones de la situación financiera de su compañía eran fraudulentas y dijo que “en realidad no eran documentos a los que los bancos prestaran mucha atención”. Con estas declaraciones inició un tumultuoso turno en el estrado de los testigos que provocó varias reprimendas del juez y convirtió la sala de un tribunal de Nueva York en un teatro político.
Trump aseguró que tampoco se tuvo en cuenta el valor de la “marca Trump”.
“Me convertí en presidente gracias a mi marca”, respondió a preguntas de Kevin Wallace, abogado de la fiscalía general de Nueva York.
En un momento, el juez del caso, Arthur Engoron, se quejó de que las respuestas de Trump eran demasiado largas a preguntas que eran de “sí” o “no”.
“Por favor, sólo responda las preguntas, nada de discursos”, dijo Engoron antes de pedir a uno de los abogados de Trump que controle a su cliente: “Le ruego que lo controle, si puede. Si no puede, lo haré yo”. “Esto no es una manifestación política”, agregó el juez.
El abogado de Trump, Christopher Kise, dijo que creía que el tribunal “debería conceder al expresidente de EE.UU. un poco de latitud para explicarse”.
Trump, por su parte, negó con la cabeza y declaró: “Este es un juicio muy injusto. Espero que el público esté mirando”.
Vestido con traje oscuro, camisa blanca y corbata azul, el expresidente subió al estrado pasadas las 10 de la mañana, donde juró como testigo en un caso civil presentado por la fiscal general de Nueva York, Letitia James. El juez Arthur Engoron ya ha concluido que Trump cometió fraude al inflar su patrimonio para conseguir préstamos bancarios y pólizas de seguros para la Organización Trump en condiciones ventajosas.