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Llega una obra de Berni al Museo Vidal

Mañana se presenta en el Salón Amarillo de la Casa de Gobierno, a partir de las 19, la obra de Antonio Berni recientemente comprada dentro del programa de adquisiciones del Instituto de Cultura.

Por El Litoral

Domingo, 12 de marzo de 2023 a las 01:00

Por Julio Sánchez 
Especial para El Litoral

En la edición 2022 de ArteBA, la feria de arte más antigua y prestigiosa del país, el arquitecto Gabriel Romero, presidente del Instituto de Cultura, junto con el director del Museo Dr. Juan Ramón Vidal, Lic. Luis Bogado, compraron una obra de Antonio Berni en el marco del Programa de Adquisiciones de Museos. No es la primera vez que el acervo del museo se incrementa de esta manera; en años anteriores se adquirió Polinya (1967), de Carlos Silva, 0154 Serie apertura (2011) de Raúl “Pájaro” Gómez, y Burbujas y flores, (2007) de Leo Chiachio y Daniel Giannone. En esta oportunidad se trata de un boceto sin título de 59 x 87 cm una témpera sobre cartón que proviene del patrimonio de Elena Berni –conocida como Lily en los múltiples retratos pintados por su padre–, hija del artista, y que fue adquirida en la galería uruguaya Sur, especializada en grandes maestros del Río de la Plata y artistas latinoamericanos. 

¿Quién fue Antonio Berni? 
Sin dudas uno de los más reconocidos artistas argentinos del siglo XX, nació en Rosario en 1905 y falleció en Buenos Aires en 1981 a los 76 años. Fue un prolífico pintor, escultor, grabador y muralista y su obra está presente en los principales museos de Argentina y del exterior (Museo Nacional de Bellas Artes, Malba, Colección Fortabat, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Museo Castagnino Macro de Rosario, Museum of Modern Arte of New York, Museum of Fine Arts, Houston, entre muchos otros). En 1925 viajó a Europa con una beca y conoció las vanguardias históricas de primera mano, particularmente el dadaísmo, el surrealismo y la pintura metafísica. A fines de octubre de 1931, Berni regresó a la Argentina, donde, luego del crac de 1929, se vivía una gran crisis económica y política a partir del golpe de Estado del militar José Félix Uriburu, en 1930, lo cual lo incitó a hacer un arte de preocupación política y social. En 1932 había realizado en Buenos Aires la primera exhibición de pinturas y collages surrealistas introduciendo la tendencia para las artes plásticas en el país. En 1933 realizó un mural en la quinta del empresario Natalio Botana junto al mexicano David Alfaro Siqueiros, Lino E. Spilimbergo y Juan Carlos Castagnino. Se comprometió con su tiempo y las luchas sociales, tal como los demuestran obras monumentales como Desocupados y Manifestación (ambas de 1934). En la década del 40 recorrió Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia con el propósito de realizar estudios precolombinos, en un mundo convulsionado por la Segunda Guerra Mundial y por guerras civiles y dictaduras en América Latina. De 1948 es Masacre y de 1949 El obrero muerto. De 1951 a 1953 hizo varios viajes a Santiago del Estero que sufría la tala indiscriminada de sus bosques y la opresión de miles de trabajadores, hechos que el artista reflejó en Los hacheros, La marcha de los cosecheros, Migración y otras obras. Cuando vuelve de Santiago del Estero, hacia 1958, crea dos personajes emblemáticos, Juanito Laguna y Ramona Montiel. En 1962 obtiene el Gran Premio de Grabado y Dibujo de la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia por sus innovadores xilocollages dedicados a Juanito. En 1976 viajó a Nueva York donde conoció una sociedad de consumo opulenta que plasmó en una serie de obras expuestas en 1977 en la sede que la Galería Bonino tenía en aquella ciudad. En 1981 pintó los murales de la capilla del Instituto San Luis Gonzaga en la ciudad bonaerense de Las Heras. El mismo año muere en Buenos Aires a causa de un accidente doméstico, atragantado por un huesito de pollo.

El boceto del Museo Vidal
El motivo central son dos cuerpos yacentes en la vía pública, ensangrentados y cubiertos por un manto, rodeados por un grupo de siete mujeres a la izquierda, y por una mujer con una criatura en brazos, junto a cuatro niños más y un perro. En el primer conjunto, dos mujeres se inclinan sobre los cuerpos, el resto llora dramáticamente, una se desmaya mientras otra la sostiene, las lágrimas en los rostros dan cuenta de la intensidad del momento. La mujer vestida de negro abre sus brazos y sus dedos como implorando una respuesta. Del otro lado, los niños no parecen comprender la dimensión de la tragedia, ni siquiera la niña en brazos de la madre que frunce el ceño y alivia su dolor con el pañuelo que se quitó de la cabeza. El más pequeño sostiene un muñeco rojo, su hermana otro juguete cualquiera, la siguiente niña parece ocultar algo entre sus ropas y el hermano mayor que se sostiene con muletas derrama una lágrima mientras su perro se sienta a sus pies. Todo sucede en un ámbito urbano, pueblerino, bañado por una luz crepuscular, sin más testigos que la familia doliente. Hay pocos acentos de color, un azul intenso en la ropa de la madre, algo de rojo en una niña, el muñeco y la sangre de los obreros. El negro de la figura central quiere abrazar a los muertos y toda la escena a la vez.
El “Boceto” recuerda un tema de la iconografía cristiana, la Lamentación sobre Cristo muerto, una escena muy emotiva que forma parte del ciclo de la Pasión, se intercala entre el Descendimiento de la Cruz y el Santo Entierro. Narra el momento en que el cuerpo de Cristo se deposita sobre un sudario o sobre una piedra y se disponen en torno suyo, prorrumpiendo en lamentos y sollozos, su Madre, San Juan, las santas mujeres, José de Arimatea y Nicodemo. Ese clima cargado se ve en el fresco de Giotto de la Capilla Scrovegni (c.1305) en Padua, Italia. La disposición en dos grupos es análoga al boceto de Berni, la cabeza de Cristo mira la izquierda, igual que la de los obreros; San Juan se inclina e impulsa sus brazos hacia atrás como lo hace la mujer enlutada del rosarino. El paisaje con un árbol raquítico en la colina rocosa es tan desolador como las calles despobladas de Berni.
 La “lamentación” adaptada al tema del obrero muerto también aparece en otras obras como Medianoche en el mundo (¿1937 o 1941?, óleo sobre tela, 195 x 289 cm, colección privada). Aquí un grupo de mujeres llora el cuerpo inerte de un hombre, a la derecha una mujer sostiene su niño en brazos, imagen que se replica con otra niña que sostiene a su hermanita más pequeña. A lo lejos se ven otros cuerpos caídos llorados por sus mujeres. La herida en un costado del muerto es clara alusión a la herida de Cristo en la cruz. Y la mujer que se toma la cabeza recuerda el gesto exagerado del San Juan de Giotto. El obrero caído (1953, colección privada, óleo sobre tela y collage, 197 x 250 cm) es otra “lamentación”, muestra un ataúd cubierto de un paño negro, rodeado de la mujer, hijos, familiares y afectos del obrero muerto. Algunas mujeres cubren sus cabellos con pañuelos, quien parece la viuda junto a la cabecera del ataúd lleva una niña en brazos, y en la parte superior los ángeles de Giotto son reemplazados por cuatro pancartas con palomas dibujadas al estilo de Pablo Picasso. La otra “lamentación”, data de 1949, El obrero muerto o El velatorio (pigmento al agua y albúmina sobre tela, 254 x 195 cm) y cita directamente al Cristo muerto (c. 1475- 1478) de Andrea Mantegna. A lo largo de su carrera Berni tomó temas bíblicos y los reelaboró en clave de realismo social. Basta recordar Susana y el viejo (1931), basado en el Libro de Daniel; La siesta (1943), con la Madonna y el Niño que se asoman al rancho donde duerme un hombre en un catre; Domingo en la chacra o El almuerzo (1945-1971, Colección Fortabat) es una versión profana de la Última Cena. Cristo en el departamento (1980), Cristo en el garage (1981), El obrero encadenado (San Sebastián, 1949, MNBA); La Crucifixión (1981) del Colegio San Luis Gonzaga en Las Heras, provincia de Buenos Aires, son otros tantos ejemplos de la reconversión de iconografía cristiana en profana. Si bien no está fechado, para la especialista Adriana Lauria nuestro “Boceto” data principios de los años 50. La témpera que se incorpora al acervo de nuestro Museo de Bellas Artes pertenece a esta extensa familia de citas bíblicas repensadas en un contexto agitado de luchas sociales.

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