Alguna vez, el Maestro Horacio Salgán, confesó que su afán por escuchar tangos le venía de cuna, porque mientras su padre tocaba el piano y él aún, gateando, se ubicaba bien al lado del instrumento, vibrando desde entonces junto a él.
A los 14 años, aun siendo muy pequeño, comenzó ganándose los “garbanzos”, tocando piano para el cine mudo, como así interpretando el órgano para una iglesia de Villa Devoto.
Le gustaba la música clásica, el jazz, el folklore y por supuesto el tango. Sus referentes eran los Hermanos Julio y Francisco De Caro, por el avance ejercido en la música popular de Buenos Aires.
Horacio Salgán se circunscribe con los De Caro, Eduardo Rovira mucho más joven, y por supuesto la distancia sideral que marcó Astor Piazzolla luego de estar con Troilo y Fiorentino.
En 1944, debuta con su primera orquesta en Radio “El Mundo”, pero a los directivos de la emisora no les cayó bien el estilo vanguardista de Salgán, tanto como su cantor de extremo tono grave, Edmundo Rivero.
Años más tarde, regresó con una nueva agrupación, actuando en Radio Belgrano con un cantor muy querido por el público, un joven Roberto “Polaco” Goyeneche.
Convengamos que los primeros años mozos de Salgán, lo vieron actuar con la orquesta de sendos maestros: Juan Caló y Emilio Vardaro. Después el maestro Roberto Firpo lo incorpora como pianista estable, reservándose para él la batuta del calificado grupo.
Hubo una época en sus constantes búsquedas musicales aplicadas al tango, se une al guitarrista Ubaldo De Lío, que interpretaba la eléctrica ya que venía del jazz, haciéndose muy popular y requerido por emisoras, confiterías, teatros, bailes de clubes, giras y discos.
En una gira coincidieron en Montevideo, Uruguay, en el año 1957; Astor Piazzolla. Horacio Salgán, Edmundo Rivero y Héctor de Rosas, dejando registrado un disco, con los temas: “Por la vuelta”, “Triunfal”, “Nostalgias”, “Adiós Nonino”, “La última curda”, “Milonguero viejo”, “La casita de mis viejos”, y “Responso”.
Siempre fue un incansable buscador de nuevos sonidos, orquestaciones que asombraban desde la síncopa misma donde no rompía la armonía general, en pos de un desesperado tempo.
En 1960, rompe la monotonía reiterativa del tango en esos años de desazón y preocupación, por la marcada ausencia de programas en vivo, como así por la producción misma de demanda tenue.
Irrumpe con su última creación dando buena respuesta, de público y actuaciones, como registros sacudidos por un despertar más sereno pero positivo en su laureada carrera: El Quinteto Real.
Integrado por sus amigos, todas estrellas de dilatadas carreras al igual que él, que unidos se transformaban en una verdadera “Selección de Ases”. Enríque Mario Francini, violín. Rafael Ferro, contrabajo. Pedro Laurenz, bandoneón. Ubaldo De Lío, guitarra eléctrica. Horacio Salgán, piano, director y arreglador.
Admiradores de Horacio Salgán, ubicados en todo el mundo por su forma nerviosa y precisa de tocar el piano, suma también a calificados músicos de jazz que sienten un respeto por él y por el tango.
El exitoso Director de orquesta, argentino de nacimiento, Daniel Barenboim, unido a los celebrados músicos, Rodolfo Mederos, Héctor Console, bajo y el propio Barenboim en piano, grabaron hace un tiempo un disco en homenaje a la música de Buenos Aires.
El registro se titula: “Mi Buenos Aires querido”- “Barenboim-Mederos-Console”, reúne una buena tanda de temas donde se destacan, “Don Agustín Bardi”, y “A fuego lento”, de Horacio Salgán.
Recuerda Ricardo Ferreira para el libro “El espíritu del Tango”, que habiendo dado un concierto en el Teatro Colón de Buenos Aires, Daniel Barenboim ya instalado en su camerino tuvo la inmensa alegría que golpeara a su puerta Horacio Salgán para saludarlo.
Cómo no podía ser de otra manera, Barenboim le pide por favor que toque algo en el piano instalado en el camerino. Salgán con su clásica adustez le dice que ya está retirado.
Entonces, en una humorada que enmarcaba la circunstancia, se pone de rodillas y le vuelve a pedir. Salgán responde sentándose al piano y ofrendándole un vals, “Palomita blanca”.
Cabe mencionar que aún en vida Horacio Salgán, en sus últimos años, su hijo César Salgán se hizo cargo de la orquesta.
Estando en Buenos Aires por el año 2004, en la vereda de Callao y Avenida Corrientes, a 4 cuadras del Congreso Nacional, tuve la oportunidad inmensa de saludarlo personalmente al maestro Horacio Salgán que como buen porteño, se estaba haciendo lustrar los zapatos.
Le pregunté por su orquesta, y me contestó que los tiempos no daban para más por los costos que representan mover un grupo tan numeroso y calificado.
Visiblemente emocionado, regresé a terminar mi café en Confitería “El Ciervo”, a un pasito donde el maestro seguía con el rito de lustrar “los timbos”.