Turquía suspendió sus relaciones comerciales con Israel, y el máximo tribunal internacional del mundo está evaluando si la dirigencia israelí no cometió genocidio. Las protestas contra la guerra de Israel en Gaza ya han ganado las calles y los campus universitarios en todas partes del mundo, y España e Irlanda dicen que antes de fin de mes darán reconocimiento formal a la existencia de un Estado palestino.
Y ahora y por primera vez desde que empezó la guerra, hasta Estados Unidos -histórico aliado y benefactor incondicional de Israel- amenaza con frenar el envío de ciertas armas.
En tanto, Israel pidió el sábado a los palestinos de más zonas de la ciudad de Rafah, en el sur de Gaza, que evacuaran y se dirigieran a lo que denomina una zona humanitaria ampliada en Al-Mawasi, en un nuevo indicio de que el ejército sigue adelante con sus planes de ataque terrestre contra Rafah.
Siete meses después de que gran parte del mundo le haya prometido su apoyo por el ataque terrorista de Hamas, Israel está cada vez más aislado. Con una guerra en curso que ya dejó más de 34.000 palestinos muertos y a la Franja de Gaza al borde de la hambruna, cualquier simpatía internacional que Israel haya concitado el 7 de octubre se evaporó por completo.
“Si tenemos que resistir solos, resistiremos solos”, lanzó Netanyahu el jueves, en un reconocimiento implícito y desafiante de que su país quedó prácticamente aislado.
Este efecto rebote de la guerra en todo el mundo, que hasta incluye escraches y boicots contra deportistas y académicos israelíes, tiene desconcertada y aturdida a la opinión pública dentro de Israel, que sigue traumatizada por los ataques del 7 de octubre y considera mayoritariamente que la guerra está justificada. Muchos israelíes achacan el actual aislamiento de Israel al antisemitismo y a la política interna norteamericana. A otros les cuesta diferenciar una crítica razonable de un señalamiento moral selectivo.