Desde 1588 hasta 1853 rigió en Corrientes la esclavitud negra y de los naturales de la tierra, primero con ropaje de protección para los indios que en verdad fueron esclavos, carne de cañón para lo que fuera, más tarde los pobres africanos que eran cazados como perdices, la mitad moría durante la travesía atlántica de enfermedades, suicidios, accidentes etc.
Por ser gente diferente los africanos humillados, cosificados por los blancos racistas de ayer, hoy y mañana, enfermedad putrefacta de algunos seres que se creen superiores a otros, gente emponzoñada, desvergonzada sin atenuante alguno.
Los pobres negros que vivieron en Corrientes mantenían a sus amos, cocinaban, planchaban, cosían, eran carpinteros, panaderos de todo un poco, incluyendo sanadores con antiguos conocimientos de hierbas y otras prácticas.
Sus ingresos engrosaban al patrimonio del dueño, recuerden que eran cosas, que se vendían, compraban, alquilaban. Generalmente de sus entradas una pequeña parte era un ahorro obligatorio para comprar su libertad era el sueño de todo ser- cosa, que raras veces se cumplía.
Cuando la vejez los acometía tenían en sus cofradías, donde practicaban sus antiguos cultos sincréticos con el cristianismo, alguna que otra protección, lo mismo que en la muerte. Muchos no tuvieron esa suerte, San Baltasar no les alcanzó por prohibición expresa de sus amos, salvo que algún benefactor encontrara su cadáver y les diera cristiana sepultura. De lo contrario el muerto era arrojado en cualquier parte a merced de los carroñeros, o eran tirados a una fosa común en las afueras de la ciudad, práctica habitual ruin y despreciable.
Una de ellas se ubicaba en la actual calle Tucumán y 9 de Julio donde funciona una escuela, antiguo curso del arroyo Salamanca entubado actualmente a la vera del cual se hallaba la cárcava de los pobres brunos.
En los cimientos de ese terreno (hoya) están enterrados los restos de los pobres infelices negros, -aclaro que mi padre se llamaba Negro, utilizo el vocablo con todo respeto-, nunca fueron removidos.
Una mujer joven que luego se casó, muy bonita, colgó los hábitos de monja harta de los desmanes de una superiora que habitaba en el lugar ya en el siglo XX. Hoy casada con varios hermosos hijos, cuenta que había noches que los gritos y llantos no sólo de las internas, sino voces extrañas en lenguas aún más extrañas aturdían a los habitantes del lugar.
Con motivo de realizarse una excavación para arreglar el viejo sistema de cloacas del lugar, para el espanto de los excavadores encontraron innumerables restos humanos, huesos roídos por animales, que en ese foso común servía de sumidero de los cadáveres que se descomponían, mientras alimentaban a los animales carroñeros.
Asegura la muchacha que las alumnas del Instituto de Profesorado de Educación que allí funcionaba, antes de trasladarse al San José por la calle 25 de Mayo, se quejaban por la presencia de espíritus rondando con ropas deshilachadas, iridiscentes, llorando generalmente, cantando saudades tristes. Ello producía azoramiento en las estudiantes y alumnas internas que evitaban ir a los sanitarios solas donde estaba el centro del pozo de las ánimas, como se llamaba en antiguas épocas, pues un pobre ser despojado de todo respeto; hoy alma en pena sigue llorando su desdicha, añorando su tierra lejana donde habitaron sus ancestros y vivían sus dioses que los abandonaron.
El pozo de las ánimas está allí hoy en pleno centro, cuando hasta no hace mucho era periferia.
Algún sacerdote piadoso rezó por esas pobres almas, muchas de ellas pertenecían a los conventos de Corrientes Capital que vivían en las rancherías del Cambá Cuá, registros que mantienen ocultos los responsables para evitar que la historia aflore a la superficie.
Algunos cadáveres fueron retirados por la cofradía de San Baltasar, otros quedaron para siempre como cimientos del viejo edificio que infunde temor hasta ahora. Una alumna me expresó que sentía muchas ondas negativas, de dolor, sufrimiento sin explicación alguna.
Tengo disponible una visita guiada en el lugar, ¿Te anotas amigo?
Te informo que la única que siempre hace misa por los espectros del pozo de las ánimas es la ex monja, buena cristiana en serio, el sacerdote feneció hace rato.