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Finalíssima: el embajador español en Argentina pidió que se juegue para despedir a Messi

Por El Litoral

Martes, 21 de julio de 2026 a las 10:32

El embajador de España en Argentina, Joaquín María de Arístegui Laborde, celebró en Radio Mitre la victoria de la selección española en la final del Mundial y sostuvo que el triunfo se apoyó en un partido “muy serio” y “muy ordenado”, con una consecuencia deportiva ya en el horizonte: la posibilidad de una nueva final ante Argentina en una futura Finalissima.

Arístegui describió una recepción multitudinaria para el plantel a su regreso desde Estados Unidos. Y relató que acompañó a la selección en la celebración, donde destacó que había “centenares de miles de personas”.

El diplomático contó que asistió con su familia y recordó que ya había visto las dos finales mundialistas disputadas por España. La primera había sido cuando era embajador en Trinidad y Tobago, con 44 años; la segunda, ahora, con 60 años.

¿La revancha?

Para el embajador, la final fue una “final iberoamericana en español” entre el campeón del mundo y de la Copa América, por un lado, y el campeón de Europa, por el otro. Tras el resultado, planteó que ahora el campeón del mundo y de Europa debería esperar una revancha con Argentina y expresó su deseo de que la Finalissima se organice pronto. “Por qué no hacer una gran despedida a (Lionel) Messi con ese partido”, sugirió el diplomático.

Arístegui, que se declaró barcelonista desde niño, también lamentó algunos comentarios de hinchas madridistas durante el torneo y los atribuyó a “heridas abiertas” por los años de dominio del Barcelona de Messi junto con figuras como Andrés Iniesta, Sergio Busquets, Carles Puyol, Gerard Piqué y Xavi.

Sobre la selección española, subrayó que no depende de una sola figura y la describió como un equipo coral, asociativo y con un banco “muy móvil” y “muy dinámico”. Aunque aceptó la gravitación de Lamine Yamal y de Rodri, puso el foco en Pau Cubarsí, un defensor de 19 años al que consideró el mejor zaguero del Mundial.

En ese sentido, argumentó que la fuerte presencia de futbolistas del Barcelona responde a una afinidad de modelos entre el club y la selección.

La Finalissima entre Argentina y España, prevista para marzo de 2026 en Doha, fue cancelada tras una serie de desacuerdos y complicaciones derivadas del conflicto entre Estados Unidos e Irán, que afectó la región y obligó a replantear la organización del evento. La Uefa y la AFA no lograron consensuar una nueva fecha ni una sede alternativa: propuestas como Madrid, Buenos Aires o Roma no prosperaron debido a desacuerdos sobre localía y calendario.

Tras la suspensión, no se logró reprogramar el encuentro por los compromisos de ambas selecciones y la congestión del calendario. Desde la AFA y la Conmebol se insistió en la necesidad de una sede neutral y una fecha viable, pero la Uefa descartó la opción del 31 de marzo, dejando la Finalissima definitivamente cancelada.

El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, incluso declaró a Argentina “bicampeón” del certamen, mientras que desde España remarcaron que la cancelación no dependió de su federación. Cuatro meses después, ambos equipos volvieron a cruzarse en la final del Mundial 2026, en Nueva York.

Rechazo a las teorías conspirativas

Consultado sobre las versiones que atribuían el resultado a un supuesto arreglo, Arístegui aclaró que no presta atención a ese tipo de lecturas y defendió el mérito deportivo del campeón. Y afirmó: “España tuvo un gran mérito en este partido, que fue neutralizar la capacidad absolutamente extraordinaria de Argentina de sobrevivir a cualquier cosa”.

El embajador de España en la Argentina confesó que siguió todo el Mundial con dos camisetas: la española y la argentina. En ese sentido, señaló que Argentina había sido siempre su “segundo equipo” y que solo en la final dejó de lado esa simpatía porque “ya no había prisioneros y uno tenía que hinchar por su equipo”.

A su juicio, el cruce tenía una particularidad afectiva para ambos países. Y sostuvo que españoles y argentinos podían asumir una derrota con menos rechazo que ante otros rivales, precisamente por la cercanía entre los dos pueblos, aunque concluyó que esa misma relación también podía alimentar, después del partido, una “resacacargada de sospechas y teorías conspirativas.

Infobae

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