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Rómulo Ibarra, el guerrero correntino

Sabado, 04 de julio de 2026 a las 21:37

A fines de la década del 70 y parte del 80, comenzaron a aparecer destacadas figuras en el boxeo correntino, que con el correr de los meses se fueron consolidando como destacadas figuras de las exitosas veladas del Club Córdoba. Entre ellas destacamos a Rómulo Ibarra, un guapo peleador que era garantía de buen espectáculo donde se presentaba, lo daba todo y el público lo reconocía y admiraba por su entrega. Conformaba un grupo de destacadas figuras que sobresalían con el paso del tiempo y se volvieron destacados púgiles de una gran generación del boxeo correntino, por muchos considerada como la época dorada del pugilismo local.

Ibarra era un peleador nato, nacido en Itatí, guapo y pegador de ambas manos, que se le plantaba a cualquiera, de igual a igual, sin importarle quien fuera. Combatió con los mejores de su categoría en esa época, como Hugo Luero, Héctor “Yeyé” Hernández, Hugo Quartapelle, “Pajarito” Hernández y hasta el mismísimo Juan Martín “Latigo” Coggi, antes que sea campeón mundial, con quien peleó empatando en 10 rounds, dejando una excelente imagen. Las noches de viernes que peleaba Rómulo, el Club Córdoba era un hervidero, los aficionados sabían que Ibarra siempre salía a pelear bien preparado y había que ganarle, no cualquiera podía mantener su ritmo de pelea. Con sus hermanos Buenaventura y Demetrio “Ico” Ibarra, protagonizaron inolvidables veladas en la época de oro del Club Córdoba.

La gran pelea

Entre las peleas importantes que protagonizó Rómulo en nuestra ciudad,figura una que realizó el 29 de junio del 79, ante un muy difícil rival como Cirilo Ruiz, que en realidad era una prueba de fuego para seguir avanzando y pelear con figuras importantes del ámbito nacional. Ruiz era chaqueño pero estaba radicado en Rosario y tenía un récord impecable, habiendo combatido con los más destacados valores de la categoría. En un estadio colmado, se impuso el correntino por puntos en fallo unánime de los jurados en 10 intensos rounds. Fue una pelea dura, intensa, fragorosa y disputada palmo a palmo hasta el final.

Los dos rivales se brindaron generosamente por el espectáculo, generando que el público terminara de pie ante esta demostración de guapeza y coraje de ambos rivales, aplaudiendo a pie firme alrededor del ring. Ibarra estuvo encuadrado esa noche en la categoría welter junior, pesó 65,500 Kg. En tanto que su rival pesó 200 gramos más. Ruiz trabajó en forma inteligente, boxeando desde larga distancia, evitando la lucha corta porque sabía que Rómulo allí aplicaba golpes cortos y peligrosos. Pero a partir del 4° round Ibarra encontró el ritmo de pelea, llegando con muchas manos altas al rostro de Ruiz, que se fue quedando contra las cuerdas, sobrepasado por la potencia y constancia del correntino en la lucha corta.

Sobre el final del combate, ambos se cruzaron fuertemente, generando una pelea sin cuarte, intensa y fragorosa, donde solo la campana los llamó al descanso. En el final, los dos se prodigaron intensamente como dos auténticos gladiadores, siendo el beneficiado el público, que finalizó de pie ovacionando a los dos púgiles. Era otra época, otros hombres y otra etapa, donde por todo el país había valores de mucho prestigio y condiciones que a menudo venían a combatir al Club Córdoba.

Un triste final

Cuando ya abandonó el boxeo en 1984, se fue a trabajar a Buenos Aires, en busca de nuevos horizontes en una línea de ferrocarriles  y una tarde, cuando salía de sus actividades diarias, viajaba en un tren atestado de gente. Prácticamente iba colgado de una escalerita y al pasar por un puente, golpeó la cabeza y cayó, muriendo instantáneamente. Fue un triste final que no merecía este destacado peleador correntino, símbolo de la guapeza y el coraje del boxeo en nuestra zona.

Otra versión de la muerte de Ibarra, cuenta que cuando regresaba de trabajar, en el tren, una patota intentó asaltarlo y él por supuesto, se defendió, pero nada pudo hacer y lo tiraron del tren, cayendo entre los rieles donde fue atropellado por la formación. En fin, sea cual fuere la realidad, la verdad es que esto acabó trágicamente con su vida. Los que lo vimos pelear debemos recordarlo como un peleador guapo, aguerrido, explosivo, que no retrocedía jamás y dejaba todo sobre el ring. Era un auténtico gladiador, un guerrero que entregaba todo en pos del triunfo. Un digno representante del boxeo correntino.

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