Por Eduardo Ledesma
Versión gráfica: Belén Da Costa
Abogada, docente universitaria, asesora legislativa, dirigente deportiva, impulsora de un Club de Debate y militante del PJ. Con menos de treinta años, María Victoria Cerdán eligió intervenir en la realidad desde varias instituciones a la vez.
Pero en este episodio no hablamos de su CV sino de una pregunta que la atraviesa: ¿Se puede cambiar algo desde instituciones que muchas veces están acusadas de estar lejos de la gente? Una conversación sobre política, gremialismo, peronismo (a horas del Día de la Lealtad), sobre el diálogo necesario y lo que significa construir cuando todo parece fragmentado. ¡No te lo pierdas!
Si tuvieras que presentarte y responder quién sos, ¿qué dirías?
Soy una joven abogada y militante. Hay algo que siempre me gusta decir: soy nieta e hija de dirigentes sindicales. Nací y crecí en un sindicato y, desde muy chica, entendí la importancia de la organización colectiva de los trabajadores y las trabajadoras.
Tenés pocos años y ya participaste en la universidad, la política, el sindicalismo, los clubes y las organizaciones civiles. ¿Qué estás buscando en ese recorrido?
Creo que busco contribuir. Es algo que siempre nos preguntamos con mis amigos y que también hemos tratado en el club de debate: la idea de trascender, pero no tanto de manera individual, sino a través del aporte que uno hace a la comunidad. Dejar algo e intentar cambiar aquello de lo que formamos parte.
Por algo digo que soy militante. Creo que la tarea del militante es tener esperanzas y tratar de contribuir a la sociedad de la que forma parte.
¿Por qué te interesa participar en tantos espacios institucionales y comunitarios?
Creo que la comunidad es la que nos salva. La clave está en formar parte de distintos ámbitos.
Desde muy chica participé en Interact, la rama juvenil de Rotary para adolescentes, y después en Rotaract. El Club de Regatas Corrientes también fue siempre como el patio de mi casa. Crecí en una familia donde la organización colectiva era muy importante.
Entiendo esa idea de comunidad organizada: el individuo puede realizarse cuando existe una comunidad que también se realiza. En un contexto de tanta fragmentación, donde se imponen discursos como el de que cada uno se arregla solo y conceptos como la meritocracia, tenemos que recuperar la idea de que, aunque cada persona tenga su propio proyecto, solo puede desarrollarse plenamente cuando la comunidad también avanza.
¿Qué te preocupa de la manera en que los jóvenes discuten la política actualmente?
Creo que, en realidad, no se está discutiendo. Hay un silencio. Cada uno está en su burbuja, repitiendo sus propios conceptos y creencias, sin demasiado interés en escuchar al otro, entender lo que está diciendo y construir un consenso.
Eso debería ser la democracia y eso debería ser el diálogo. Sin embargo, creo que hoy no sucede ni entre los jóvenes ni en los espacios donde tendría que suceder, como las legislaturas.
Las redes sociales pueden tener algo que ver. Los algoritmos nos muestran lo que queremos ver o aquello que vamos a rechazar, y eso contribuye a construir una individualidad cada vez mayor.
¿También hay desencanto con la política tradicional porque no dio respuestas a los problemas cotidianos?
Sí, puede ser. En ese contexto aparecen discursos de odio que capitalizan ese desencanto, especialmente entre las nuevas generaciones, que no encuentran respuestas a los problemas que enfrentamos todos los días.
Creo que tampoco se generan nuevos debates que permitan encontrar esas respuestas.
Fuiste seleccionada por la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP) para representar a Corrientes. ¿Qué significa participar de ese espacio?
La FURP es una organización que nació de jóvenes profesionales con la idea de promover el debate y construir un país más federal.
Tiene una instancia provincial: primero se rinde un examen de cultura general y quienes lo aprueban pasan a un coloquio oral, donde se selecciona a quienes representan a cada provincia.
Después viajamos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para participar del Seminario País Federal, una semana de visitas a distintas instituciones, como el Congreso de la Nación y la CGT, además de reuniones con empresarios y medios de comunicación. Allí se realiza una nueva selección para definir quiénes representarán a la Argentina en una gira por Estados Unidos.
¿Cómo sostenés tu identidad política en espacios donde conviven personas que piensan distinto?
Conviviendo, debatiendo e intentando construir consensos. Cuando hablo de política, me refiero a la política en sentido amplio, no solamente a la partidaria.
Creo que hoy necesitamos volver a encontrarnos con quienes piensan distinto. Estos espacios permiten reconstruir eso y volver a construir comunidad.
En la FURP hay una mayoría de radicales y yo soy peronista. Siempre señalan que es difícil encontrar a una joven peronista vinculada al sindicalismo. Pero justamente se trata de compartir espacios con personas diferentes, debatir y construir consensos.
¿Qué significa para vos militar hoy en el peronismo?
Tuve la suerte de tener una unidad básica en mi casa. Ahí empecé a hablar y a conocer qué era el peronismo. Formo parte de una generación que comenzó a tomar conciencia de la realidad social y política durante distintos gobiernos, especialmente durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Creo que hoy el peronismo está en un momento de reconstrucción. Cuando se pierde una elección, comienza una etapa de volver a encontrarse, reunir las partes y reconstruir ese rompecabezas.
Es un momento para que surjan nuevos liderazgos, se abran las puertas y se generen nuevos debates. La expectativa es que el peronismo vuelva a representar a una parte importante de la sociedad. Como militante, tengo que decir que espero que así sea.
¿Qué aspectos del peronismo considerás que siguen vigentes y cuáles necesitan revisarse?
Creo que el peronismo es uno solo. Es uno de los pocos movimientos políticos que tiene una doctrina, con bases escritas por Juan Domingo Perón.
Un punto importante de esa doctrina es la actualización. El debate pasa por actualizar esas bases y repensarlas para que sean acordes a los tiempos modernos. No creo que exista un peronismo antiguo y otro nuevo, sino que hay que encontrar la manera de traer esas ideas al presente.
Lo mismo sucede con el sindicalismo. Por eso también surgió la idea de escribir un libro con mi papá, como una invitación a volver a hablar y generar un punto de encuentro y discusión.
¿La política argentina está ayudando a construir un nosotros o profundiza la fragmentación?
Creo que está profundizando la fragmentación. Lo vemos en las dificultades para generar diálogo en los espacios políticos.
Hoy parece que lo que más vende es decir una frase polémica que después se pueda recortar y subir a un video corto. Lo que importa es cuántas visualizaciones se pueden conseguir en las redes sociales, en lugar de debatir para encontrar respuestas o, al menos, formular mejores preguntas.
La política está muy centrada en volverse viral y no tanto en reconstruir ese nosotros.
¿La universidad está logrando generar conocimiento para la sociedad o corre el riesgo de hablar solamente para sí misma?
Creo que suceden las dos cosas. Hay quienes buscan recuperar la universidad como un espacio de generación de conocimiento, pero para producirlo necesitamos volver a escuchar al otro.
No sirve una universidad que solamente genere contenido mirando los libros. Arturo Jauretche decía que los libros no sirven de nada si no miramos la realidad. No podemos hablar de lo que pasa afuera sin salir afuera.
También existe una crisis vinculada con el hecho de encerrarnos y preocuparnos únicamente por cumplir determinados estándares, sin preguntarnos cuánto estamos aportando a la sociedad de la que formamos parte.
Al mismo tiempo, hay estudiantes que quieren investigar, descubrir más allá de los libros y plantear debates. Cuando los invitás a conocer un poco más, muchas veces se despierta esa curiosidad que parecía dormida.
¿Qué te aporta el Club de Regatas y por qué seguís vinculada a ese espacio?
Para mí, Regatas es el patio de mi casa. Me crié en departamentos y el club siempre fue el espacio al que podía salir, donde hice mis primeros amigos y practiqué deportes.
Los clubes, en general, son espacios de contención. El deporte construye vínculos, permite hacer amistades y genera comunidad. Para mí, un club es un punto de encuentro y de contención.
Estás trabajando en un libro con tu papá, Tito Cerdán, que se llama Hablemos de sindicalismo. ¿Cómo surgió y qué propone?
El libro está prácticamente listo y esperando ser publicado. Es un debate generacional sobre el sindicalismo.
No es un libro académico ni pretende ser una reivindicación constante. Busca plasmar en el papel las conversaciones que tenemos con mi papá los domingos en la mesa familiar. Nos hacemos preguntas sobre qué nos falta, cómo estamos y qué cosas compartimos o en cuáles tenemos diferencias.
Es una invitación a hablar. Creo que hoy nos falta conversar, leer y estudiar sobre sindicalismo.
¿Cómo organizaron ese debate entre dos generaciones?
Tuvimos bastante debate sobre cómo hacerlo y finalmente decidimos que cada uno escribiera su propio capítulo. Hablamos de los mismos temas, pero quizás desde perspectivas diferentes.
La idea es poner esas miradas en conversación.
¿Qué tendría que cambiar en el sindicalismo para que los jóvenes vuelvan a verlo como una herramienta útil?
Lo primero es abrir las puertas para que se generen conversaciones dentro de los sindicatos. El mundo del trabajo cambió completamente y la visión que tenemos las nuevas generaciones es distinta.
Hoy tenemos un mundo laboral que no tiene piso, techo ni red. No tiene piso porque siempre puede haber más precarización y menos derechos; no tiene red porque hay formas de trabajo que no están alcanzadas por el Estado ni cuentan con organizaciones colectivas que les den respuestas. Y no tiene techo porque existe la promesa de que siempre se puede ganar más.
Cuando preguntás qué significa el trabajo para mi generación, muchos te dicen que es ganar plata. Creo que el sindicalismo tiene que comprender esa realidad y actualizar sus debates y su agenda, porque nació para responder a demandas de un mundo laboral que hoy cambió.
También tiene que entender cómo impactan las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial.
¿Cómo se dan esas discusiones con tu papá y qué lugar ocupa el recambio generacional?
Mi papá tiene una mente muy abierta. Hay una frase de José Ingenieros, en El hombre mediocre, que siempre le recuerdo: la juventud no es una cuestión de edad, sino de cómo uno se posiciona en el mundo. Hay jóvenes que parecen viejos y personas que nunca dejan de ser jóvenes.
En el sindicalismo, creo que la clave es abrir las puertas y construir un recambio generacional. Hay dirigentes que llevan más de cuarenta años ocupando los mismos espacios. Necesitamos dar lugar a nuevas voces y debates, porque, si no hablamos de estos cambios, difícilmente podamos entenderlos. La realidad avanza sola.
Por ejemplo, mientras discutimos si debe haber una reforma laboral, las nuevas tecnologías y las transformaciones del trabajo ya están modificando las relaciones laborales en los hechos.
También participaste en el proyecto Cielo Limpio. ¿Cómo surgió esa iniciativa?
El proyecto surgió, en primer lugar, por la cantidad de accidentes que sufrían los trabajadores de las telecomunicaciones y de otras empresas cuando tenían que subir a los postes.
A eso se suma la contaminación visual que generan los cables en el tendido urbano y otros problemas asociados a la conectividad, que hoy es un servicio básico.
Empezamos a investigar qué se estaba haciendo en otras provincias, qué planes existían, por qué no se retiraban los cables y por qué algunas empresas se negaban a invertir. La idea es identificar las responsabilidades y pensar qué se puede hacer.
Una propuesta es que el Estado se encargue del retiro con la asistencia de las empresas involucradas. Los beneficiarios serían todos: las empresas, los trabajadores y los vecinos.
Investigaste también la figura del viceintendente. ¿Qué encontraste sobre su función en Corrientes?
Estudié esta figura en distintos municipios y la comparé con lo que sucede a nivel provincial y nacional. Habitualmente, el viceintendente, el vicegobernador o el vicepresidente preside una cámara legislativa, como parte de un sistema de pesos y contrapesos entre los poderes.
En Corrientes encontré diferencias entre la Capital y los municipios del interior respecto de esa función. En el interior, el viceintendente preside el Concejo Deliberante; en la Capital, esa función no se da de la misma manera.
¿Cuánto de los problemas de la política responde a las personas y cuánto al diseño de las instituciones?
Creo que quienes construimos las estructuras también somos las personas. Por eso, no se puede separar completamente una cuestión de la otra.
¿Dónde se solucionan esos problemas? Volvemos a la fragmentación, a la falta de debate y de diálogo, y a la dificultad para identificar cuáles son los problemas concretos sobre los que tenemos que trabajar.
Que el viceintendente presida el Concejo Deliberante es importante porque permite controlar, dar lugar a nuevas voces y hacer que esos espacios funcionen realmente como espacios legislativos.
Otra vez aparece la necesidad de recuperar el sentido de comunidad, el debate y el encuentro.
¿Alguna vez cambiaste de opinión durante una discusión porque escuchaste un argumento que te hizo revisar tu postura?
Sí, me pasó en muchos espacios. Me sucede cuando debato con mi papá, en el club de debate y también en conversaciones con amigos.
Uno llega con sus posturas y creencias, pero puede encontrarse con alguien que pertenece a otro espacio político o viene de otra realidad y tiene un punto de vista válido.
Creo que ahí está la posibilidad de vivir en comunidad y en democracia. A veces cuesta aceptar que el otro tiene razón o que su perspectiva también es válida, pero se puede llegar a un consenso.
Si dentro de unos años volviéramos a conversar, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado para sentir que todo este trabajo valió la pena?
Me gustaría que volviéramos a encontrarnos, a escucharnos, a mirarnos a la cara y a que realmente nos importe lo que está diciendo el otro.
Creo que eso es lo que falta en las instituciones y en todos los espacios: construir consensos y recuperar la idea de comunidad.
También aspiro a construir un proyecto político que nos contenga a todos y todas.
¿Qué necesita hoy el peronismo en Corrientes para volver a ser una opción política?
La clave está en abrir las puertas del partido para volver a encontrarnos y permitir que surjan nuevos liderazgos. Necesitamos buscar nuevas figuras que nos representen y que el peronismo en Corrientes pueda volver a ser una opción para la sociedad.