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"Cuando mi obra no era física, era obra cuerpo territorio disidente"

Por El Litoral

Viernes, 13 de noviembre de 2026 a las 08:00

Por Carlos Lezcano y Fernanda Toccalino

Paulin González Villán, o Paux, es artista transgénero y correntino. Es una de las primeras personas de Corrientes en obtener la rectificación de su partida de nacimiento como no binarie y el DNI X.

Cuenta que durante su adolescencia se reunía con amigxs en la plaza Cabral, escuchaban música punk y vivían a través de sus letras que proponían una transformación radical: una sociedad libre, autosuficiente y respetuosa de todas las formas de vida.

Su obra nace de ese cruce entre experiencia personal, identidad y resistencia, y abre una pregunta que atraviesa toda su práctica: ¿qué posibilidades se abren cuando comenzamos a desarmar las fronteras que la sociedad nos impuso? 

 


 

Háblanos de tu infancia.

Mi abuela era una matriarca paraguaya, Sebastiana Villan, que llegó a Corrientes escapando de la dictadura de Stroessner. En Corrientes se casa con mi abuelo, González Pinto y nace mi mamá: Tuqui González Villán. Mi abuelo correntino era marinero y falleció en altamar, a principios de los 90 's mi abuela emigró, primero a Mar del Plata y después a los EEUU. Crecí en el barrio La Rosada en la calle España 736. Fui a varias escuelas, terminé en el Colegio San José Promo 2002. Mi mamá trabajaba en Anses, y por la tarde noche hacía teatro, me crie entre bambalinas. Mi casa era un punto de reunión, con guitarreadas, fiestas pos funciones teatrales. Mamá tenía muchas amistades del ambiente del teatro y la música. Una de esas personas era Graciela, una travesti intérprete de Isabel La Pantoja, hacía shows en La clínica, un boliche muy conocido en Corrientes. Ella me cuidaba y me enseñaba a bailar flamenco como La Pantoja. Hice un corto llamado Calle España contando estas anécdotas y fue parte de una muestra colectiva llamada Divers@ y Disidente en la Sala del Sol, CCU, en octubre del 2023.

Hice teatro desde muy chico, en el Centro Cultural de Yani Zimerman, me formé con Abelardo Rojas. A mí me interesaba el detrás de escena: el vestuario y la escenografía. Como no había oferta académica de ese tipo en Corrientes, atravesé un período de mucha frustración. En ese momento me acerqué al punk y a pares de Resistencia y Corrientes. Éramos un grupo reducido de jóvenes disidentes que nos juntábamos en la plaza Cabral, frecuentemente abordados por la policía debido al estigma hacia las identidades alternativas. Expresar la disidencia en esa época, a principios de los 2000 en la región, implicaba desafíos, por lo que mi mamá me alentó a buscar nuevos horizontes.

¿Fue entonces que te instalaste en Buenos Aires?

Así es, me fui a Buenos Aires en 2004, a mis 19 años. Al comienzo requirió adaptarme a la ciudad y a la situación del país; me instalé en una pensión en Once. Vine enfocado en formarme: cursé estudios en el Teatro San Martín y en el Teatro Colón, en áreas vinculadas al vestuario escénico, la escenografía, la puesta en escena y la expresión corporal. Luego ingresé a la Escuela de Bellas Artes para profundizar en el dibujo, y después hice un profesorado superior para la docencia universitaria, una especialización en Arte sonoro UNTREF y durante el 2025 el Programa de Arte de la Universidad Di Tella. Me fui afianzando por trabajo, formación, lazos de amistad y por la propia red disidente. A Corrientes vuelvo muy seguido, allí quedó mi mamá que partió hace tres años, y tengo a mi tía y a mis sobrinos.

El pasto entre los adoquines. 2025. Paux

La obra exhibida en la última edición de ArteCo está vinculada a Corrientes, ¿siempre fue así?

Siempre estuvo ligada a la ecología, al medioambiente y al buen vivir. Mi obra más temprana explora los materiales naturales y formas de pensar más actuales que piensan el entorno rural como espacio político y de construcción. Un movimiento llamado radical gardening, o el jardín radical, hablaba de una resistencia rural o de cómo la juventud se volcaba a proteger la tierra. Hice una obra llamada La extraña de la huerta, era una persona que regresaba al campo, llevaba borcegos con púas de ramas de tronco, un mameluco teñido con yerba mate y eucalipto, y un delantal que decía stop racism. Esta obra fue seleccionada para el Premio Fundación Williams de Arte Joven en 2017.

Vista de sala Neovaqueano 2026. MACC. ArteCo 2026. Paux

En mi obra Rebelding Experience, intercambio la palabra rewilding por rebelding para nombrar que el verdadero "retorno a lo salvaje" la verdadera restauración de la naturaleza exige rebelarnos contra el mismo sistema que la oprime. Mi obra está atravesada por lo identitario y el activismo a través de él.

Una de mis obras más comentadas en ArteCo fue Perro de agua, esta pieza es conceptual, trata sobre las identidades periféricas o lumpen o que son consideradas desde una marginalidad, San La Muerte, el perro flaco del campo, y es abordada desde el elemento agua que remite a las emociones. En cambio El curandero es una pieza que busca repensar la figura del santo pagano San La muerte y mostrarlo como un curandero que preparaba sus brebajes para curar.

Háblanos de la materialidad de las obras.

La materialidad y las técnicas que utilizo también están vinculadas con Corrientes, me formé en telar contemporáneo con Berta Teglio, fundadora del CAAT (Centro Argentino de Arte Textil) y de las primeras artistas textiles de Argentina, discípula de dos artistas textiles que admiro mucho: Nora Correas y Joan Wall. Siempre que pude utilicé plantas de Corrientes para mis tintes naturales (iba y las traía). Tengo mi bitácora. Por ejemplo, la Vara de Oro para tonos amarillos, la obtuve el año pasado en Pje Ensenadita camino al Paso y estudié ese pigmento todo el año en el programa del Di tella. También suelo utilizar ingredientes del cotidiano: yerba mate, cáscara de cebolla y residuos orgánicos urbanos. Me gusta conocer la cultura de los tintes de amplio bagaje histórico como el índigo, Indigofera Suffruticosa proveniente de México y Guatemala y la variedad Indigofera Tinctoria de Japón. Este tinte de color azul conocido ampliamente por los jeans requiere un proceso de reducción de oxígeno en el que la tela se sumerge en un baño verdoso y, al tomar contacto con el aire, se oxida rebelando su tono azul. Una de mis primeras piezas teñidas con índigo es Itatí y sus fieles, obra seleccionada para el Salón Nacional de arte textil, Bolsa de Comercio de Bs As. En el año 2012.

En la obra Sabanas guaraníes para mostrar un Yaguareté cruzando los pastizales de noche utilicé Palo de Brasil o Campeche combinado con sulfato de hierro para lograr negros profundos. Esto me permite evitar la anilina sintética, reduciendo el impacto ambiental y cuidando el recurso hídrico en cada lavado. Es un compromiso ético con mi práctica artística. 

Mucha de mi formación profesional en tintes y fibras, son del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), donde asistí a capacitaciones para entender el comportamiento técnico de las fibras proteicas, por ejemplo lana de oveja, camélidos, la seda, y aprender desde el esquilado, lavado, hilado y peinado de las fibras para que estén en condiciones de ser sometidas al teñido artesanal con tintes naturales y tener un intercambio cuidado con el animal y el medio ambiente.

Gracias a pensar el Premio Fundación Medifé Arte y Medioambiente en 2016 desarrollé un proyecto para hacer un jardín tintóreo en Corrientes. Ahí entré en contacto con el dibujo botánico y conocí gente del IBONE (Instituto de Botánica del Nordeste), que me ayudaron con las especies tintóreas de la zona. Una de esas personas fue la reconocida ilustradora científica Laura Simón quien me enseñó una especie extinta de indigofera tinctoria en la provincia, un gran descubrimiento ya que no sabía que había en la Argentina. Me permitió conocer las instalaciones del IBONE, me enseñó a dibujar con microscopio y conocer cómo se conservan las especies botánicas de la región.

Teñido natural de lana de oveja con Vara de Oro. Paux

Efectivamente, siempre estuvo vinculada a Corrientes tu obra!

Sí, y cuando no era obra física era obra cuerpo territorio disidente, participé de varias movidas para visibilizar la comunidad cuir local, es también una forma de hacer arte. Así fue que el cierre de ArteCo estuvo a cargo de la performance Otrx Vals donde Solange Agustina Ayala e Isaías Díaz Núñez, una pareja trans y activista de derechos humanos, que se casaron el 28 de enero de 2026 en la parroquia Nuestra Señora de La Pompeya en la ciudad de Corrientes vinieron a bailar nuevamente el vals el Danubio Azul y tirar el ramo de la novia. Nos divertimos mucho y participaron referentes de la comunidad trans local y de Resistencia. 

Y en mi performance Therians Collectors, un Aguará Guazú y un Yaguareté personificaban a dos coleccionistas recorriendo la feria satirizando las dinámicas de poder del arte contemporáneo. La idea era desplazar la identidad humana y desplegar una performatividad cuir desde lo animal y el camuflaje.

¿Podes contarnos más sobre la performatividad queer de la naturaleza?

Son referentes Karen Barad (autora de La performatividad cuir de la naturaleza) y Brigitte Baptiste, bióloga colombiana. Ellas plantean que la naturaleza no se divide taxonómicamente de forma binaria, sino que adquiere múltiples capas de existencias que a veces no aplicamos a las personas. Tenemos un modo de organización muy biológico, dividido en dos, y esas clasificaciones nos condicionan social y culturalmente. Hay mucha diversidad en la naturaleza, hay mucho para aprender de animales y plantas.

Brigitte Baptiste habla sobre los páramos y las líneas que los dividen geográficamente para delimitar la zona explotable de la que no. Muestra la dificultad para delimitarla porque existen múltiples grises y la línea es muy rígida para la propia naturaleza. Llevando esa analogía del páramo al litoral, estoy trabajando en una obra que reflexiona las confluencias de los ríos: espacios grises, líneas imaginarias donde la mezcla de los verdes del Paraná se funden con el tono del sedimento que arrastra el Paraguay del Bermejo. Demuestra que la naturaleza no responde a bordes fijos, sino a zonas de transición fluida.

Me comentabas sobre las diferencias en la valoración de ciertos animales.

Sí, te contaba sobre los fondos destinados a la preservación de la fauna. En la clasificación, los que están en peligro de extinción o llevan un programa de reintroducción cuentan con más presupuesto y mejor prensa que, por ejemplo, reptiles y anfibios. Lo que se destina al cuidado del yaguareté en Corrientes es mucho más que lo que se destina a preservar las serpientes por ejemplo. Nuestra manera de categorizar y valorar unas especies por encima de otras suele estar influida por sesgos ideológicos sobre el orden y la dominación. El yaguareté es un animal doblemente exotizado por la presencia y carga turística que tiene encima, su uso y abuso, y el greenwashing alrededor. Creo que reptiles, anfibios, arañas y víboras tienen mala fama: se los mata cruelmente sin considerar su preservación y su lugar en el mundo. El espacio de existencia para estos animales es cada vez más limitado por la gentrificación y los barrios privados en los humedales. El que nació correntino sabe que estamos en un gran santuario natural, lleno de especies únicas, nuestro paisaje es sagrado y hay que protegerlo. 

Durante ArteCo presenté un ciclo de performances que pensaban estos tópicos. Entre algunxs de mis invitadxs asistió la Fundación Protección Ñacaniná, la primera organización de la Argentina dedicada a la protección, educación y conservación de reptiles y anfibios, para ayudar a concientizar sobre estas especies compañeras vulnerabilizadas y estigmatizadas. También se llevó adelante una performance FLFL (Frente de Liberación de la Fauna Local), que ficcionaban a voluntarixs de un refugio animal y llevaban mensajes como: sin agua no hay vida, el monte es un santuario, proteja la fauna local. Para las nuevas generaciones como la generación zeta el compromiso con el medioambiente no es una postura política ni una moda, es una vivencia cotidiana marcada por la responsabilidad colectiva y la ansiedad climática.

Performers Juliana Díaz Ratti, Mauro Vidal, la Ónix y Felipe Jerónimo Moreyra. Paux

Hablas de los animales pero aplica a las personas, ¿cierto?

Aplica a las personas y a todas las especies, el legado de Donna Haraway pasa por ahí: su pensamiento tentacular y la noción de especies compañeras nos recuerdan que personas, animales y naturaleza compartimos la misma materia. La conexión interespecie nos invita a reconocernos como humanos más que humanos. Propone dejar de vernos por encima de las demás criaturas, a hacer parientes de otras especies, generar alianzas de cuidado con otros seres vivos en un mundo dañado. 

Dejar de pensar en términos duales, porque hay otras posibilidades.

Sí, hay grises, matices, líneas difusas y también dejar de pensar en términos antropocéntricos, dando espacio e identidad a otros elementos. Sobre el proyecto de la confluencia de los ríos, lo pensaba desde la colorimetría, la línea difusa que se arma entre el Paraná y el Paraguay, esa puja tonal y ese matiz donde se desdibuja la línea binaria. Eso lo podemos trasladar a nuestras existencias, y a cómo vivimos la vida: existen matices y espacios desconocidos poco estudiados que guardan su velo de misterio y no deben ser encasillados, por ejemplo en sexo duales hombre y mujer. Vivimos en un mundo taxonomizado porque la clasificación es nuestro modo de entenderlo, pero también existe lo inclasificable o lo que puede estar en varias clasificaciones a la vez.

 Laguna Brava. 2024. Paux

¿Cómo vas a resolver la materialidad del proyecto obra de la confluencia de los ríos?

Mi medio es el textil, también hago dibujos con pigmento de barro. Fabrico mis propias pinturas y estuve probando varios pigmentos. A veces me cuesta poner todo en la obra y me voy más por el collage textil, o trabajo más la trama. Tampoco busco clasificarlo en textil o si es pintura que utiliza medios textiles para materializarse. Pienso en abarcar varias dimensiones de la naturaleza, a través de mi obra sonora por ejemplo exploro el territorio, sus paisajes sonoros, y hago grabaciones de campo con una tascam. También formé una banda con una baterista y una planta utilizando biosonificación que capta las señales eléctricas y las traduce a ritmos electrónicos, la banda se llamaba Dracaena Fragans, nombre botánico del Palo de Agua, nuestra tercera integrante.

Vuelvo a ArteCo y a tu serie Herencia. ¿Por qué Dante, Dionisio y Doña Conche?

Son referentes de nuestro paisaje cultural correntino. Desde la partida de mi mamá, sus amigxs están muy presentes en mi memoria. Siento que, de alguna manera, estoy haciendo una retrospectiva artística de mi propia crianza. Estas personas fueron como mis tíxs y los conservo como amigxs. Por suerte, tengo muchos tíos gay por todos lados (se ríe). 

Mi mamá se formó con Alejandra Boero en el conservatorio en Buenos Aires y después en Corrientes formó parte del Grupo 66, destacado conjunto teatral de vanguardia que renovó la escena correntina al romper con el teatro tradicional y explorar estéticas modernas entre los 60’s y 70’s. Después integró el grupo La Trastienda con Dante Cena, Elvira Estrada, Adriana Covalova, Vicky Mecca. Era una eterna copacabanera de Copacabana. También participó de "El patio de Don Tunque" el primer programa de la televisión local grabado y transmitido en vivo en 1967 desde los estudios de 13 Max Televisión (Canal 13 de Corrientes). Hizo en cine, El crimen de Santa Ana, que contaba el femicidio de una política correntina. Más reciente, la serie premiada Payé. 

Dante era amigo, se conocían desde muy jóvenes, cuando él vino desde Córdoba. Me vio nacer, crecí yendo a los ensayos en la Biblioteca Mariño, cuando todavía no era centro cultural. Dionisio Soler venía a mi casa después de los ensayos, y a Raúl Sorabella lo veíamos en la tele, lo escuchábamos en la radio o lo cruzábamos por el café El Mariscal. Son personajes importantes para mí y quería rescatarlos. Soy como una especie de eslabón perdido creo (se ríe). 

Mi infancia fue cercana a estas personas porque mi mamá vivía, respiraba y existía para el teatro.

DANTE de la Serie Herencia. 2026. Paux


 

La entrevista termina, pero no se cierra. Un giro biopolítico y afectivo articula sus ideas, dando paso a una profunda aceptación de la otredad, y en esa apertura la posibilidad de seguir pensando y desarmando aquello que creíamos establecido. 

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