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Corrientes: 438 años y 10 desafíos por delante

Por El Litoral

Domingo, 12 de abril de 2026 a las 11:10
Foto: Visit Corrientes

Arq. Carlos M. Gómez Sierra
[email protected]

Este mes de abril la ciudad de Corrientes ha cumplido 438 años. No es solo una cifra: es una acumulación de capas históricas, decisiones urbanas, inercias culturales y oportunidades abiertas. Pensar sus desafíos por delante no implica repetir diagnósticos conocidos, sino entender qué está cambiando en una ciudad que ya no puede, ni debe, leerse con categorías del pasado.

El primer gran desafío de Corrientes es asumirse como una ciudad contemporánea, no como una capital suspendida en el tiempo. Corrientes ha crecido, se ha expandido territorialmente, se ha consolidado como centro organizador de un área metropolitana y ya no es operativo sostener una mirada exclusiva sobre su centro histórico tradicional. Sin embargo, parte de su planificación -y sobre todo de su imaginario social- sigue anclada en una ciudad más pequeña, más homogénea y más previsible. Esto genera tensiones: mientras la vida cotidiana se despliega en múltiples centralidades (barrios, corredores comerciales, nuevas urbanizaciones), algunas decisiones continúan mirando un centro saturado de funciones y representaciones.

En este contexto aparece el segundo desafío: gestionar una ciudad extensiva sin una infraestructura acorde. La expansión urbana ha sido rápida, muchas veces desregulada, y no siempre acompañada por redes de servicios eficientes. El problema energético, el sistema de agua y saneamiento, y la conectividad vial evidencian un desfase estructural. Aquí no se trata solo de inversión, sino de modelo: ¿seguir expandiendo la mancha urbana o consolidar lo existente? ¿densificar o continuar con lógicas de baja densidad que encarecen todo?

Un tercer desafío clave es la infraestructura energética: si bien no es potestad municipal, es uno de los puntos críticos en términos estructurales. Corrientes convive con una naturalización de cortes en el servicio y fluctuaciones de tensión. Esta situación no solo afecta la vida cotidiana, sino que limita cualquier estrategia productiva sostenible en el tiempo. Sin energía confiable, no hay desarrollo posible, ni siquiera una economía del conocimiento incipiente. El desafío no es técnico sino institucional: actualizar modelos territoriales y asumir que la energía es la base de cualquier proyecto de ciudad.

El cuarto desafío es redefinir su perfil económico en un contexto de baja industrialización. Corrientes depende fuertemente del empleo público, del comercio y de servicios tradicionales. La pregunta es cómo diversificar sin perder identidad. Aquí aparecen oportunidades vinculadas al turismo, la cultura, la economía del conocimiento y ciertas cadenas de valor regionales. Pero para que esto ocurra se necesita algo que es fundamental: una visión estratégica sostenida en el tiempo, más allá de ciclos políticos.

Relacionado con esto, emerge un quinto desafío: la formación de capital humano y la retención de talento joven. Las universidades presentes en Corrientes generan profesionales y técnicos, pero no pocos emigran en busca de mejores oportunidades. Esto genera una fuga de capacidades. La ciudad necesita generar condiciones -económicas, culturales y urbanas- para que quedarse sea una opción viable y efectiva. No se trata solo de empleo, sino de una atractiva vida urbana, acceso a bienes culturales, innovación y redes contemporáneas.

El sexto desafío es la movilidad urbana. Corrientes sigue siendo una ciudad con un transporte público que no logra consolidarse como alternativa eficiente. El crecimiento territorial ha profundizado esta situación: mayores distancias, más dependencia del vehículo privado, más congestión vehicular. Pensar la movilidad implica integrar transporte público de calidad, infraestructura para modos alternativos (bicicletas, caminabilidad), una planificación que contribuya a reducir largos desplazamientos y medidas que colaboren a una mayor seguridad en el tránsito.

En paralelo, se vuelve central el séptimo desafío: la gestión ambiental y la relación armónica con el territorio. Corrientes tiene un privilegio extraordinario: su vínculo con su entorno natural. Sin embargo, este capital ambiental no siempre es gestionado estratégicamente. Las inundaciones, la ocupación de áreas vulnerables, la falta de infraestructura verde y la degradación de ciertos ecosistemas periurbanos son señales de alerta. La ciudad debe pasar de una lógica reactiva a una preventiva, incorporando la variable ambiental como eje estructurante de la planificación.

El octavo desafío es el espacio público como articulador social. Corrientes tiene una tradición fuerte en este sentido -costanera, plazas, vida al aire libre-, pero enfrenta nuevas tensiones: fragmentación espacial, desigualdad territorial, concentraciones puntuales y acotadas de experiencias urbanas. El espacio público debe seguir siendo el lugar de encuentro, pero para eso necesita inversión, diseño y gestión sostenida. No alcanza con tener buenos espacios: hay que garantizar su accesibilidad, su mantenimiento y su apropiación social.

Un noveno desafío, más sutil pero igual importante, es la construcción de una narrativa urbana contemporánea. Corrientes, en algunos aspectos, sigue mirándose en un espejo muchas veces nostálgico: su fundación, su historia, sus tradiciones. Todo eso es valioso, pero no suficiente. La ciudad necesita construir un relato hacia adelante, que combine identidad con proyecto. ¿Qué quiere ser Corrientes en los próximos 20 o 30 años? Sin una respuesta clara, las decisiones tienden a ser fragmentarias, reactivas y sujetas a vaivenes políticos temporales.

Finalmente, el décimo desafío es la dimensión institucional y de modelos de gestión. Muchos de los problemas de Corrientes no son exclusivos ni inevitables: son, en gran medida, consecuencia de falta de planificación a largo plazo y una escasa articulación entre actores. Mejorar la capacidad institucional de gobernanza no es un tema abstracto: impacta directamente en la vida cotidiana, en la eficiencia de los servicios y en la posibilidad de implementar transformaciones reales y sostenidas.

En síntesis, a sus 438 años, Corrientes enfrenta un momento bisagra. Ya no es la ciudad previsible de décadas pasadas, pero tampoco ha terminado de consolidarse como una ciudad contemporánea con un proyecto identitario claro. Sus desafíos son estructurales: infraestructura, energía, modelo urbano, desarrollo económico, capital humano. Pero también son culturales: romper inercias, asumir cambios, construir una visión compartida.

El futuro de Corrientes no está escrito. Dependerá, en gran medida, de su capacidad para reconocerse como lo que es hoy -una ciudad compleja, en transformación- y actuar en consecuencia. Porque cumplir años, en una ciudad, no es solo acumular tiempo: es también mirar hacia adelante.

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