Este 26 de mayo se cumplen diez años del fallecimiento de Martha Elena Feris de Machado, una mujer con una valiosa trayectoria como abogada, Defensora de Cámara en el Poder Judicial de la provincia de Corrientes y también como Defensora de Pobres y Ausentes; testimonio permanente de su preocupación y solidaridad por aquellas personas en situación vulnerable.
Una década es un tiempo largo para quienes la quisieron. Y sin embargo, quienes la conocieron coinciden en que su recuerdo no se desvanece: permanece vivo, nítido, con la misma calidez de siempre. Su partida dejó un espacio difícil de llenar, decían sus amigos en aquellos primeros aniversarios. Hoy, a diez años, ese espacio sigue siendo suyo.
Martha Elena Feris de Machado fue esposa, madre y abuela, pero también docente, periodista y abogada. Estuvo casada con Yamil Machado durante 46 años. Juntos construyeron una familia ejemplar: cuatro hijas y una numerosa descendencia de nietos que fueron siempre su gran debilidad. La casa que habitaron fue, con el paso del tiempo, también el refugio de los más chicos.
Era hija de don Gabriel Feris, reconocido hombre público en el ámbito provincial y nacional, vicegobernador de Corrientes y senador nacional; y de doña Elena García, gran docente de vocación. De ambos heredó el amor por las letras, por la justicia y por la solidaridad. De sus padres también recibió una clara inteligencia, una memoria prodigiosa y un enorme interés por la cultura.
En su paso por la vida, Martha promovió la literatura argentina y diseminó el arte y las costumbres de Corrientes y del país entre sus conocidos y amigos que residen en el exterior. Sin duda alguna fue una verdadera embajadora de Corrientes. “Fue, sin quererlo, una embajadora itinerante de la Argentina, de Corrientes, de nosotros mismos”, dicen todavía hoy sus hijas y esposo.
Para Martha, viajar era una experiencia enriquecedora que le permitía cultivar nuevas amistades y ampliar sus conocimientos sobre otros países. Su vasta cultura, acrecentada por la lectura y por largos y repetidos recorridos por el mundo, se proyectaba en forma de relatos memorables que despertaban el interés y la admiración de quienes la oían. Con un humor chispeante, difícil de olvidar, afirmaba que “la felicidad tenía forma de avión”.
Muchas otras cualidades adornaron su personalidad: la generosidad en gestos y acciones, la empatía para comprender la manera de pensar y de sentir de los demás, la conciencia de la responsabilidad que cada uno debe asumir ante los eventos que afectan la vida de sus semejantes. Y también su sinceridad —esa virtud en vías de extinción—, su capacidad de actuar con franqueza, conforme a lo que uno siente y piensa.
Otra cualidad de Martha, acaso la más admirable, fue su humildad. En todo momento, sin vanidad y con una sencillez genuina y transparente, contestaba las preguntas de quienes se interesaban por nuestro país. Cuando hablaba de este y de otros temas, de inmediato las miradas y los oídos se volvían a ella, cautivando a todos con su inteligencia, su capacidad descriptiva, su humor y su asombrosa memoria.
Al enterarse de su muerte, varios de sus amigos dijeron: “Resulta difícil describir a Martha, pues todo lo que se pueda decir de ella desmerece su extraordinaria personalidad y su lúcido razonamiento, del cual no hizo nunca alarde ni ostentación.” Todos quienes la conocieron dicen justamente eso. Y hoy es orgullo para la familia y el aliciente que los ayuda a seguir adelante.
Amaba las plantas y su maravilloso jardín fue producto de su admiración por la naturaleza. En memoria de la familia están siempre los inolvidables momentos compartidos con Martha, esposa, madre, abuela y amiga cabal que siempre deseaba lo mejor para sus seres queridos y amigos.
Martha Elena Feris de Machado siempre fue una agradecida a la vida, después de haber andado caminos con altos y bajos. Ese legado está vivo. La tristeza, de todos modos, hoy se vuelve alegría en el recuerdo. De hecho, ella quería que la recordaran de ese modo, un poco como fue: entusiasta, emprendedora y optimista, incluso en las circunstancias más adversas.
Pasaron diez años ya y su recuerdo es permanente. Es así que, con alegría agradecida por lo que fue su presencia, los suyos y quienes tuvieron el privilegio de conocerla, la recuerdan en la ausencia.