Por Eduardo Ledesma
Versión gráfica: Belén Da Costa
Arrancamos un nuevo año de entrevistas y el primer invitado no podía ser otro que Emilio Karothy. Dueño de una de las voces más reconocidas de la radio correntina, creador de personajes inolvidables, entrevistador, conductor y protagonista de una etapa histórica del humor y la comunicación en la región.
Desde “La mañana está perdida” hasta sus proyectos actuales, Karothy construyó un estilo propio: inteligencia, ironía, sensibilidad y pasión por la radio, la TV y ahora también el streaming.
En el primer programa de esta temporada vamos a hablar de medios, humor, música, libros, historias de vida y también de cómo cambió la forma de comunicar en tiempos donde todo parece durar apenas unos segundos.
¿Qué pasa cuando vos te tenés que definir? Si vos tenés que contarle a la gente quién es Emilio Karothy, ¿qué les decís?
No soy locutor porque no estudié locución. Hice un curso acá, en la truchada que vino alguna vez, que nos dieron un carnet de locutor local, una cosa así. Creo que sería insultar a los que fueron y estudiaron. Tampoco soy periodista. Pero sí me gusta mucho decir que soy humorista. Me gusta mucho que la gente se divierta, se ría y que sea yo un vehículo para eso.
Eso es impagable.
Totalmente. Que vos seas el que pueda hacer que la gente pase un buen momento me parece una bendición.
Estudiaste tres años medicina. ¿Qué pasó?
Sí, tres años. Hasta que por cuestiones de la vida entré a una radio. Mi tío era muy amigo de un periodista relativamente conocido, Silvio Ubermann. Yo trabajaba en la obra social de la armada, empecé trabajando acá por calle La Rioja, y pedí el traslado a Buenos Aires cuando me fui a estudiar allá.
Mi tío empezó a hacer un programa con él, con el auge de las FM, en una FM recontra supertrucha del barrio de Núñez, se llamaba FM Generación, y ellos jodían que se llamaba FM De Generación cuando eran ellos. A la semana que empezaron, era una vez por semana, tengo mucha onda con mi tío, y me dice: ¿no querés venir a atender teléfono? Sí, le dije yo, era los domingos a la tardecita, noche. Y fue una cosa impresionante. Entré a ese lugar y, tipo, amor a primera vista, fue increíble.
¿Qué es ser un entretenedor para vos?
A mí me gusta que la gente me diga que la pasó bien, que se enganchó y que se quedó escuchando el programa un rato largo. Me gusta que logré llamarle la atención, que se divierta, que participe de alguna manera.
Y creo que la gente valora esas cosas, que si te reís es porque te dio gracia y no porque le estaba vendiendo un producto o si te embroncaste con tu compañero que está al lado porque dijo algo, se dan cuenta que es verdad. Creo que eso es un valor agregado importante hoy.
Los que estamos acá tenemos mucho también de artista. La gente sabe que Mario Bofill o el Bocha no le están vendiendo ningún producto y que así como son arriba del escenario, son en la casa, en el bar o cuando se apagó todo y están hablando con vos. Pero también se dan cuenta cuando alguien le quiere vender algo, y después resulta que afuera es de otra manera.
Hoy hacés streaming. ¿Cómo lo vivís?
Para mí es muy raro todavía. Los chicos, los propietarios del canal, por ahí me joden porque sigo diciendo "vengan a la radio" y es un canal. Más allá de que salgo simultáneamente por radio también.
Yo sigo metiendo la pata, soy un gran metedor de pata. La radio tiene cosas de que vos estás haciendo una nota que es un embole, y vos con tu producción o con tu operador hacés señas. Y me están filmando. Hoy se ve todo eso.
¿Qué te dejó escribir Musicasos?
La primera reflexión, y creo que es la más fuerte de todo, es caer en la cuenta de lo que tiene que hacer un artista músico en nuestra ciudad para poder hacer lo que ama. Muchos otros, que son artistas que tienen años de trabajo, siguen haciendo otra cosa, algunos relacionada y que le gusta, y otros nada que ver, para poder generar el recurso que les permita hacer lo que aman.
Eso me parece una cosa impresionante, que merece un respeto terrible. Rodolfito Flores dice que una vez fue a hacer un trámite al registro civil en el auge de Amandayé, y le pregunta: ¿profesión? Y él dijo músico. Y la señora le dijo: "No, no, ¿de qué trabaja?".
¿Cuál fue la entrevista más difícil de tu carrera? No por el entrevistado, sino por lo que te movió a vos.
A mí me cuesta mucho hablar con Mario Bofill. Me emociona un montón su historia de vida. Ahora no está bien de salud, pero gracias a dios, la vida me permitió poder decir que es mi amigo y lo visito todo lo que puedo. Pero las veces que hemos estado al aire me cuesta mucho hablar con él, me emociona un montón.
Y cuando hablé con José Galván, que es funcionario hoy del Centro de los Combatientes, cuando terminamos de hacer la nota y él estaba emocionado, me dice: "Dije cosas que no había dicho nunca". La verdad fue bastante crudo. Me impactó un montón eso.
Me das pie para una pregunta. En un momento, vos mismo pasaste por un problema de salud que te complicó. Pero más allá de eso, la pregunta es, ¿cómo vivir ese momento? Porque el trabajo tuyo es hablar y, en todo caso, hoy mostrar también. Y el cuerpo te puso un límite en ese momento.
Sí. Tuve una parálisis facial por un virus que me dejó secuelas porque no tengo movimiento cien por ciento del lado izquierdo de la cara. Si me quedo serio, por ahí no se nota, pero al hablar, si me prestás atención, sí se nota. Estuve un tiempo largo sin poder hablar bien.
Me pregunté un montón de cosas. Pero me dí cuenta que el humor es una medicina maravillosa. Poder sentirte bien y poder reírte en el buen sentido de lo que te está pasando, poder tomarlo con humor, con alegría, es un remedio impresionante. Todavía a veces me veo en una foto o cuando estoy mirando un video y digo: ¿será que alguna vez me va a enderezar del todo? Me lo sigo preguntando.
¿Hay alguna historia que te marcó en todos estos años?
Sí. Una vez trabajaba en Formosa, iba todos los viernes, y en el hotel me avisaron que me fue a buscar un señor. Era un gendarme. El tipo me dice que me pedía disculpas porque no me conocía, pero que me escuchaba todos los días. Y que cuando su hija, que había fallecido de cáncer, iba a hacer su tratamiento de quimioterapia, le pedía que le pusiera la radio, al gordo de la radio y a los personajes, porque se divertía un montón. El tipo estaba destinado en Formosa y se enteró que yo laburaba ahí, y me dijo que lo único que quería hacer era agradecerme eso.
¿Qué le podés decir? Yo soy un maricón encima, le encajé una llorada con el tipo, nos abrazamos. Y caés en la cuenta: tengo que hacerlo con mucho más respeto, tengo que ser mucho más humilde. Ahí me dí cuenta que tengo que ser mucho más responsable con lo que digo, y trabajo todos los días por ello.
¿Qué te queda por hacer?
Quiero volver al teatro. Y creo que en algún momento voy a hacer lo que anhelo, que es un programa de televisión de humor, pero de humor de sketch. Como Cha Cha Cha. Quiero actuar.