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Tránsito vs. movilidad urbana en Corrientes: una distinción necesaria

Por El Litoral

Sabado, 30 de mayo de 2026 a las 21:29

 

 

Arq. Carlos M. Gómez Sierra

[email protected]

La situación del tránsito en la ciudad de Corrientes es uno de los problemas urbanos más visibles, cotidianos y persistentes. Congestión vehicular, conflictos entre automóviles, motocicletas, peatones y transporte público, falta de infraestructura adecuada y una creciente percepción de inseguridad vial forman parte de la experiencia diaria de quienes habitan y recorren la ciudad. Para comprender en profundidad este fenómeno y, sobre todo, para pensar alternativas superadoras, resulta imprescindible establecer una diferenciación de concepto entre tránsito y movilidad urbana, dos nociones que suelen confundirse pero que refieren a lógicas distintas.

El tránsito refiere a la circulación de vehículos por la vía pública, regulada por normas, señales, semáforos y otros dispositivos de control. Es una dimensión operativa y normativa, vinculada al ordenamiento de flujos, al cumplimiento de reglas y a la gestión inmediata de conflictos en el espacio vial. En Corrientes, el debate suele concentrarse casi exclusivamente en esta dimensión: calles congestionadas, infracciones, maniobras temerarias, estacionamiento indebido o colapsos en horas pico. El tránsito aparece así como un problema técnico, asociado a la conducta individual de los usuarios o a la eficacia del control estatal. 

La movilidad urbana, en cambio, es un concepto más amplio y estructural. El ingeniero español Manuel Herce en su libro Sobre la movilidad en la ciudad (2009), entiende la movilidad urbana como “el sistema estructural que articula desplazamientos, forma urbana y organización social”, y no simplemente un problema de tránsito o de transporte. La movilidad integra factores sociales, económicos, ambientales, territoriales y culturales, y se vincula directamente con el modelo de ciudad, localización de actividades, distribución del espacio público y el acceso a oportunidades. Desde esta mirada, el tránsito es solo una manifestación superficial de un sistema de movilidad que expresa múltiples decisiones urbanas acumuladas en el tiempo.

Por tanto, en Corrientes la problemática del tránsito no puede entenderse al margen de su estructura urbana. Se trata de una ciudad con un centro histórico y administrativo concentrado, donde se localiza una buena parte de los servicios públicos, comercios, actividades educativas y laborales. Esta centralidad genera una presión constante sobre calles y veredas, especialmente en horarios de entrada y salida laboral y escolar. El resultado es un tránsito saturado, que intenta absorber una gran demanda sin modificaciones de fondo en la red vial ni en las formas de desplazamiento de las personas.

A ello se suma un proceso sostenido de expansión urbana de escala metropolitana, con barrios de baja densidad, muchas veces desconectados de una oferta eficiente de transporte público y de servicios de proximidad. Esta forma de crecimiento refuerza la dependencia del vehículo privado como medio casi único y obligatorio para acceder a trabajo, educación o salud. En este contexto, el tránsito se vuelve conflictivo no solo por la cantidad de vehículos, sino porque la ciudad se ha ido estructurando para desplazamientos largos y motorizados.

La respuesta común ante estos problemas ha sido, en general, dar más superficie para el tránsito: ampliación de algunas veredas en el microcentro, apertura de nuevas calles, priorización del automóvil y ajustes en la semaforización. Estas medidas, si bien alivian ciertos sectores críticos, no modifican la lógica de fondo. Por el contrario, tienden a reproducir un círculo vicioso: a mayor capacidad vial, mayor incentivo al uso del vehículo privado, y por ende, nueva congestión urbana en el mediano plazo. Esta situación fue explicitada metafóricamente por el prestigioso urbanista Lewis Mumford cuando expresó que “aumentar la capacidad vial para aliviar la congestión es como aflojarse el cinturón para curar la obesidad.”

Pensar la movilidad urbana en Corrientes implica, entonces, desplazar el foco desde la circulación de vehículos a la movilidad de las personas en condiciones seguras y accesibles. Esto supone reconocer que no todos los modos de desplazamiento tienen el mismo impacto y que la calle no es solo un canal de circulación vehicular, sino un espacio público complejo, donde conviven múltiples usos y actores.

En este sentido uno de los déficits más evidentes es la situación del peatón, quien se ve obligado no solo a transitar por veredas muchas veces estrechas o deterioradas, sino compitiendo con vehículos estacionados en las mismas. Desde la lógica del tránsito, esto se percibe como una invasión al espacio del peatón; desde la movilidad urbana, es el síntoma de una ciudad que ha relegado al modo de desplazamiento más básico y democrático: la peatonalidad. Lo mismo ocurre con la movilidad en bicicleta, que carece de una red continua y segura, relegada a esfuerzos aislados y fragmentarios.

El transporte público constituye otro eje central. En Corrientes, su baja competitividad frente al vehículo privado se explica tanto por frecuencias y recorridos como por su falta de integración multimodal. Desde una mirada centrada en el tránsito, el colectivo es un actor más que compite por el espacio vial; desde la movilidad urbana, debería ser el sistema estructurante, capaz de reducir la dependencia del automóvil o motocicleta y ordenar los flujos circulatorios.

Asimismo, la cultura vial dominante refuerza una visión individualista de la movilidad, donde cada usuario prioriza sus propias demandas. Esta actitud no es solo un problema de educación o control, sino la consecuencia de una ciudad que no ha construido alternativas reales. La movilidad urbana interpela esta dimensión cultural, al proponer un cambio de paradigma: pasar de la lógica de “el vehículo primero” a la de las personas primero.

En síntesis, la situación del tránsito en la ciudad de Corrientes no es un problema aislado ni meramente técnico. Es la expresión de un modelo de movilidad que ha privilegiado el desplazamiento motorizado individual por sobre la accesibilidad y la calidad del espacio público. Diferenciar conceptualmente tránsito y movilidad no es un ejercicio abstracto, sino una condición necesaria para pensar políticas urbanas integrales. Solo desde una mirada que articule infraestructura, usos del suelo, transporte, espacio público y cultura ciudadana será posible avanzar hacia una Corrientes donde moverse no sea una fuente de conflicto, sino una experiencia cotidiana más atractiva y segura.

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